Festival Cultura Inquieta: Sr. Chinarro

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Sr. Chinarro 2

Luces y sombras en el concierto de Sr. Chinarro.

Ayer el concierto de Sr. Chinarro en el Festival Cultura Inquieta fue el único al que hemos asistido que no se llenó. No se notaba una falta alarmante de gente, pero era obvio para cualquiera que se fijase un poco. Aunque quizás hubiese sido menos evidente si el propio Antonio Luque, líder del grupo, no se hubiese empeñado en repetirlo y recalcarlo constantemente. Pero no adelantemos acontecimientos aún. Lo primero de todo, habría que decir que Sr. Chinarro, uno de los primeros grupos españoles del rock indie tal y como lo entendemos a día de hoy, es Antonio Luque. El sevillano es el único miembro que ha permanecido constante en la banda, y es además el cantante y el compositor casi exclusivo de todos los temas. Con quince año de trabajo a sus espaldas, y otros tanto discos publicados, Sr. Chinarro es sin duda uno de los grupos de referencia del panorama musical español.

Después de que Javier Coronas saliera con un perro (sin venir mucho a cuento) a presentar el concierto, y con un chocante retraso (más que nada porque los demás habían sido extremadamente puntuales) de 20 minutos, salieron al escenario Sr. Chinarro, Luque ya con un cubata en la mano (“el verano da muchas ganas de beber”, afirmó), y empezaron con dos temas de su último disco, Enhorabuena a los 4, El destino turístico y Más grande que Barcelona, aunque de éste sonaron muchos más, como Rechace imitaciones, La buena, Las fuerzas de la naturaleza (durante la cual a Luque le dio un ataque de risa), Tu amigo especial, Stella Maris y Catequesis, una de las canciones con la letra más controvertida, con la que dijo que esperaba que nadie se sintiera ofendido. Además, también iba introduciendo algunos de sus éxitos más recientes, como Brasilia, Babieca, Hot Mothers, Todo acerca del cariño, que fue uno de los momentos más animados y entrañables de la noche, o Los ángeles, no dejándose llevar por la nostalgia del pasado ni por la opinión de muchos que afirman que sus tres últimos trabajos no están a la altura de los que había hecho hasta entonces. Y es que el mismo Luque dejó claros sus principios afirmando que “cuando las cosas están mal, hay que reinventarse”.

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Por supuesto, no faltaron algunos temas clásicos de su repertorio como El lejano oeste, que les quedó preciosa y fue uno de los grandes momentos del concierto, la muy emotiva Cero en gimnasia, y Quiromántico, muy bien recibida por el público, y la única que tocó de uno de sus discos más exitosos, El porqué de mis peinados. Para el bis se dejaron la que es personalmente mi favorita, Una llamada a la acción, que el público disfrutó mucho, seguida de El rayo verde, y acabando con Del montón, una canción muy dinámica, que sin embargo supuso una despedida muy tibia, como casi todo el concierto, que a pesar de tener sus buenos momentos, adoleció de una terrible falta de pasión.

Aun así, no sería justo decir que musicalmente no fue un buen concierto, con un setlist interesante, las letras metafóricas con un toque cañí interpretadas por la profunda voz de Luque, y el buen hacer la joven banda que le acompañaba, formada, entre otros, por algunos de los miembros del grupo valenciano La habitación roja (grandes amigos de Sr. Chinarro), destacando el cuidado por las voces. Todo sonó muy correcto, quizás incluso demasiado: el concierto parecía más un track tras otro de un disco, sin frescura, sin espontaneidad, como digo, todo muy apático. Tampoco ayudaron, como he dicho al principio, las continuas referencias a la poca gente que había (repito, no era tan poca), que se hicieron cansinas y muy poco acertadas, como un feo constante a quienes estábamos allí, niños (que coreaban todas y cada una de las canciones, algo de lo que sin duda uno debería sentirse orgulloso) incluidos. Mucha queja y mucho postureo para un concierto de hora y veinte escasa de duración, en el que parecía que las pullas y los discursitos tenían el mismo protagonismo que la música. Y no, nos equivoquemos, aquí lo importante es la música, y lo mismo que Sr. Chinarro quería transmitir a través de bromas sin gracia lo podía haber hecho a través de las canciones, que sabemos que es muy capaz.

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Un concierto se hace para la gente que ha ido a verte, pero Luque salió con aires de ser alguien que ya está de vuelta de todo, y que, aun así, seguía más preocupado por la gente que no había ido que por los que sí. Sinceramente, si fuera muy seguidora de Sr. Chinarro (que no es el caso, ni lo será, visto lo visto), me hubiese sentido bastante menospreciada. Y eso, al final, se dejó notar en el ambiente: quitando alguna canción aislada, frialdad es lo que transmitió y frialdad es lo que recibió a cambio. Y no hay nada más triste en un concierto que eso. Una lástima.

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