Festival Cultura Inquieta: Lou Donaldson

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Lou Donaldson, la pausa del buen jazz.

No puede haber un concierto más diferente que los que hemos comentado hasta ahora del Festival Cultura Inquieta (recordemos, Marlango y Supersubmarina) que el que ofreció anoche el saxofonista Lou Donaldson. Ya se notaba en tipo el de asistentes, y en el ambiente, iluminado con velas y con la pista llena de sillas plegables que organización había habilitado para la ocasión. Porque uno no va a un concierto de Lou Donaldson a pegar saltos y a gritar, sino a sentarse, a escuchar, a relajarse. No es la primera vez que Lou Donaldson actúa en el Cultura Inquieta, ya que fue él mismo el encargado de inaugurar el Festival el año pasado, con un lleno absoluto, y el público le esperaba con ganas. El músico ha aprovechado la ocasión para hacer una pequeña gira española. El viernes pasado, día 5 actuó, en Torrelavega, y el sábado 6 en Bilbao, y después de escaparse unos días a hacer conciertos en Viena y Frankfurt (no para quieto el hombre), ha vuelto a Madrid para el Festival, hará un par de conciertos más en la Península, y volará a la Canarias, donde actuará en varias islas, para regresar de nuevo para finales de Julio a Madrid, Barcelona y otras pocas ciudades más antes de volver a EE.UU.

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Lou Donaldson es una de las figuras principales del sonido creado por el sello discográfico de jazz Blue Note, llamado hard bop (una mezcla del bebop con otros géneros como el soul, el blues o el góspel). Aunque a lo largo de su carrera ha colaborado como acompañante de muchos artistas, Donaldson ha sabido hacerse un nombre propio, habiendo publicado casi medio centenar de discos (sin contar las colaboraciones) y siendo líder de varios grupos, el último de ellos, con el que se ha presentado en Madrid, formado por Randy Johnston a la guitarra, Akiko Tsuruga al órgano Hammond y Fukushi Tainaka a la batería.

El cuarteto se lució a lo largo del que ha sido el más largo hasta ahora de los conciertos del Festival en los que hemos estado presentes (cerca de las dos horas), en el que el octogenario Donaldson (86 años tiene ya) dio muestras de sobra de que aún mantiene su sentido de humor y su simpatía. Fueron enlazando temas propios como Alligator Bogaloo, perteneciente a su álbum homónimo, que es uno de los más famosos de toda su discografía, con versiones de grandes figuras como el What a wonderful world de Louis Armstrong, una preciosa adaptación con la que el público se quedó encandilado, y algún tema de Miles Davis, con quien Donaldson colaboró en numerosas ocasiones.

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También destacaban los momentos de lucimiento del resto de los miembros de grupo (ya que Donaldson muchas veces se tenía que ausentar del escenario), por ejemplo el de Johnston con la guitarra en Softly, as in a morning sunrise, pero muy especialmente los extraordinarios solos de batería de Tainaka, pareciendo a veces que le iban a robar el protagonismo al propio saxofonista. Pero entonces aparecía de nuevo el gran Donaldson y se marcaba un virtuoso e impresionante solo de saxo, o se lanzaba a cantar divertidos temas como Whiskey drinking woman (después del cual el público no podía dejar de aplaudir) o It was a dream, que crearon momentos muy cómicos. Como digo, daba gusto ver a Donaldson, tan mayor, haciendo bromas, divertirse, emocionarse con la acogida del público, animar, o incluso marcarse algún bailecito. Antes de irse tuvo que haber un inevitable bis, demandado insistentemente por el público.

En conclusión, un estupendo concierto de una gran figura de la música que, si bien decir que está en plena forma sería muy exagerado, desde luego aparentemente mantiene intactas sus facultades. Lou Donaldson se niega, de momento, a bajarse del todo de los escenarios, a jubilarse y dejarnos sin su personal sonido. Suerte que tenemos, y esperemos que sea por mucho tiempo más. Un auténtico lujo poder verle en directo, a quien no le pudiera estar anoche, recomiendo fervientemente que lo haga antes de que se marche de España, porque como veis que he dicho al principio, oportunidades no faltan, y merece muchísimo la pena.

Lou Donaldson

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