Editors – The Weight Of Your Love

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Editors

Comentamos el nuevo trabajo de la banda de Birmingham.

Si hay un género que triunfara la década pasada, ése fue el conocido como post-punk revival. Dejando atrás la distorsión y los rapeos de los años 90, toda una nueva generación de bandas salió de debajo de las piedras, inspirados en los oscuros sonidos británicos de la década de los 80. Aunque es un género muy amplio y engloba a grupos muy diferentes entre sí, algunos más luminosos y garajeros, sin duda tuvo mucha repercusión y, aunque ahora sea más difícil encontrar cosas destacables y de los grandes exponentes pocos hayan llevado una carrera a la altura, es lo que predomina  en los últimos años en numerosos festivales de Europa. Un grupo de los que nos visitarán este mismo mes son Editors, que el 1 de julio ponían a la venta su nuevo trabajo, The Weight Of Your Love.

Siempre me ha dado la sensación de que el grupo liderado por Tom Smith ha estado subestimado, debido en gran parte a las comparaciones, siempre odiosas, surgidas en este caso con Interpol y, por extensión, con los clásicos Joy Division, por los más detractores, acusándoles de imitar completamente a estas bandas. Obviamente las tres comparten un estilo similar, sin embargo los parecidos no van más allá, cada uno cuenta con su propio toque y eso es innegable. Dicho esto, diré que desde que vi el vídeo de The Racing Rats allá por el 2008, les he seguido con afición sana. Tal vez ahora, que los demás grupos han dejado de ser reverenciados como antes, han conseguido elevar su nivel aunque tampoco se han librado de la crítica, sobre todo con su anterior disco, In This Light And On This Evening, donde dieron un giro a su música cambiando las guitarras deslizantes por sintetizadores oscuros y atmosféricos. La electrónica de Editors no es para echarse unos bailes, sino que ayuda a concretar su estilo. Me pareció un disco envolvente y de gran calidad, diferente pero no peor que sus dos grandes trabajos, así que con ganas me encontraba de escuchar lo nuevo que nos entregasen.

Y sin más dilación nos encontramos ante The Weight Of Your Love. Un par de antecedentes: Chris Urbanowicz, el guitarrista que aportaba ese sonido único en el instrumento en los dos primeros trabajos del grupo, dejó la banda debido a diferencias creativas, para suplir su ausencia, ahora nos encontramos dos nuevos componentes, Justin Lockey a la guitarra principal y Elliott Williams a los teclados, guitarras y coros. También nos encontramos ante un disco mucho más cercano al rock y a las guitarras. Resulta remarcable que todos esos grupos que aumentaron la carga electrónica en sus terceros trabajos y que no consiguieron el apoyo ni de crítica ni de oyentes (Editors, Bloc Party, Franz Ferdinand, The Killers…), lo hayan dejado de lado en el cuarto trabajo, como movidos por un patrón o por modas, más que por una verdadera inquietud musical. Aunque algunos nos han regalado en ambos casos grandes discos, lo que en el fondo es lo importante.

Vamos con el disco, que comienza con The Weight. Unos teclados nos dan la bienvenida y dan paso a un tema envolvente, una especie de country oscuro que avisa que nos vamos a encontrar ante un disco diferente a los anteriores. Buen principio que nos lleva a Sugar, que continúa con ese aura enigmática y sinuosa aunque más cercana al sonido tradicional de la banda y con una fuerte distorsión y ritmo a pesar de no encontrarnos ante una canción rápida. A Ton of Love es el primer single del disco que, a pesar de su videoclip en blanco y negro, es chispeante y pegadiza, con mucho más brillo del esperado. Mucha gente ha comparado el tema con U2, pero más allá de un ligero toque épico no veo la similitud, más adelante se echará de menos que no haya más canciones así en el disco. Uno de los puntos negros del disco lo forman las baladas, que empiezan con What Is This Thing Called Love, de lo más insustancial y típica, alejada de esas melancólicas melodías tan inspiradas en An End Has An Start, por lo menos no se exceden con esa faceta. En Honestly vuelven por sus fueros, aunque nos encontramos con un tema en el que predominan unos coros y un estribillo grandilocuentes que podrían ser un paso declarado hacía el rock de estadios, aun así el tema funciona y no me extrañaría que terminase saliendo como single. Justo en la mitad del disco nos encontramos la otra balada del disco, Nothing, que, aunque mejor llevada que la anterior, no nos ofrece su mejor cara, y lo que es peor, está alargada en exceso y termina cansando.

La segunda parte empieza con Formaldehyde, que sin ser demasiado brillante no destaca por nada en concreto, termina, eso sí, creciendo con cada escucha. Un tema sencillo, directo y agradable, otro potencial single. De ahí pasamos a las dos canciones que más nos recuerdan a su obra pasada, sobre todo Hyena, a la que sólo le falta el efecto característico de Urbanowicz, y Two Hearted Spider, canción que ya presentaron en directo hace unos años, más pausada y emocional, con una gran melodía. Cambiando de manera radical, se acercan de nuevo a un sonido más country en la interesante The Phone Book, donde nos muestran su cara más diferente y experimental en un tema agradecido. Cierra el disco Bird of Prey, que podría haber sido la (definitiva) canción lenta y emotiva del álbum, pero en la que apuestan de nuevo por girar las tornas, añadiéndole un ritmo muy marchoso. La batería y el bajo le dan su propia personalidad.

En general nos encontramos ante con un trabajo más variado que los anteriores, que poseían un sonido muy común, ya fuera por las guitarras en The Back Room o An End Has A Start, o por los sintetizadores de In This Light And On This Evening, aunque eso le reste personalidad. Hay quien se ha quejado ante la ausencia de las guitarras de Urbanowicz, aunque en su anterior disco apenas se escuchaban. Será sin duda catalogado como el disco “americano” de Editors (aunque no esté de acuerdo con catalogar las músicas según su lugar de origen), con un sonido más brillante y que hará que las comparaciones con otros grupos desaparezcan definitivamente. Tom Smith tiene una voz magnífica y solemne, el solo es capaz de llenar una canción, y los dos nuevos componentes no son una mera comparsa, las seis cuerdas y el teclado se unen y sincronizan perfectamente.

Nos encontramos como decíamos con su disco menos personal, aunque también el más heterogéneo, que contiene canciones muy buenas y disfrutables, que no se hacen pesadas a excepción de sus dos cansinas baladas, aunque ninguna alcanza el nivel de sus mejores temas, lo que es una pena y desluce el disco como el peor de su carrera, aunque para nada malo en general.

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