Festival de Cine Alemán: Día 4

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CAH Rupturas por encargo

Rupturas por encargo y Transpapa en la recta final del Festival.

Hace cuatro años Matthias Schweighöfer y Friedrich Mücke nos encandilaron en el Festival de Cine Alemán de Madrid a todos los que pudimos ver la deliciosa road-movie Friendship! (que ganó el Premio del Público), y ahora Schweighöfer vuelve a poner la nota cómica a esta edición con Rupturas por encargo, que no sólo protagoniza, sino que también dirige y produce, alzándose así como sucesor del Til Schweiger de comedias como Barfuss o Un conejo sin orejas, pero con una diferencia bastante sustancial: al contrario que Schweiger, Schweighöfer es un buen actor, y con eso ya tiene mucho ganado. En esta película, interpreta muy convincentemente (de hecho, él es lo único creíble de la película) a Paul, el mejor empleado de una empresa especializada en rupturas de parejas. A punto de hacerse socio, Paul verá como su vida se tambalea cuando su novia, con la que no es capaz de comprometerse, le deja, y además le empiece a acosar el novio de una de las mujeres que le ha contratado, un tipo necesitado de cariño que es incapaz de soportar la soledad.

Rupturas por encargo ha sido la tercera película más taquillera de Alemania en lo que llevamos de año, y la película ganadora del Premio de Público en los últimos Premios del Cine Alemán. Schweighöfer muestra como director un cuidado formal por la película, que si bien no ofrece casi ningún alarde, si que tiene aspectos destacables como algunos  planos picados interesantes. La película es una mezcla entre comedia romántica, road-movie y buddy cop movie que toma algún elemento (pocos) de la comedia francesa del estilo La cena de los idiotas, pero mucho más de las películas del género estadounidenses como, por ejemplo, Ejecutivo agresivo. Tiene algunas reflexiones interesantes sobre las relaciones de pareja (especialmente esa crítica a la incomunicación y a la cobardía de no ser capaz de decir las cosas uno mismo), aunque acaba cayendo en todos los tópicos posibles, desarrollando la historia de forma completamente previsible hasta que termina con la consabida conclusión de lo bonito que es el amor. Tranquilos, no destripo nada, es algo que se sabe desde el minuto 1. Alargada en exceso, la película acaba cayendo en situaciones disparatadas y bochornosas, y algo de humor físico y soez que, sin embargo, y por suerte, sólo se da en momentos aislados y no es el hilo conductor de la película.

Si Matthias Schweighöfer hace de su interpretación lo mejor de lejos de Rupturas por encargo, su compañero Milan Preschel resulta más decepcionante, también porque carga con el peso de toda la parte más absurda. Es admirable el cambio de registro de Preschel tras haberle visto el año pasado en el Festival en la profundamente dramática Stopped on Track, eso no se puede negar, pero su personaje pone de los nervios con su histrionismo y por tanto, por mucho que la historia se empeñe en ello, nunca vamos a empatizar con él, si eso lo que consigue es que aún nos sintamos con más apegados e identificados con el “normal” y sufriente personaje de Schweighöfer.

CAH Rupturas por encargo 2

La película no hace más que repetir un patrón, una fórmula inventada hace ya mucho tiempo, pero que, por lo que podemos ver, continua funcionando como enganche para arrastrar al público a las salas. Esto es lo que el público quiere ver, y por eso, me gusten personalmente poco, mucho o nada, películas como Rupturas por encargo son necesarias. Eso sí, en absoluto son representativas de lo que se está haciendo en Alemania actualmente (o por lo menos, no las únicas), como se puede ver cada año en el Festival, y es una pena que el público del propio país no sepa valorar la auténtica calidad que hay en su cine. Por suerte, en el resto del mundo sí lo hacemos. Cuestión de distanciamiento, supongo.

Podríamos decir que, comparada con Rupturas por encargo, la siguiente película que también vamos a comentar hoy, Transpapa, es el polo opuesto. Una película formalmente sencilla sobre la crisis de identidad y los conflictos generacionales que constituye el trabajo de fin de carrera de la directora Sarah Judith Mettke (que ha estado presente en el Festival y ha mantenido encuentros con el público tras las dos proyecciones). Transpapa sigue completamente los parámetros del cine indie actual y nos presenta a unos personajes incomprendidos (por el mundo y por ellos mismos) que, juntos, deberán empezar a entenderse. ¿Puede  haber algo más complicado que la relación entre una hosca adolescente y un padre transexual?

Basada en experiencias autobiográficas, en su ópera prima la directora ha tenido la enorme suerte de poder contar con Devid Striesow, uno de los actores alemanes más importantes y solicitados (le hemos podido ver, entre muchísimas más, en Napola de Dennis Gansel, la ganadora del Oscar Los falsificadores, Yella de Christian Petzold, o Three de Tom Tykwer), un hombre muy masculino que aquí hace un impresionante trabajo precisamente porque no hace de gay o travesti, no es un hombre vestido de mujer, simplemente es una mujer. Te acabas creyendo que lo es. Junto a él (o en oposición), la joven debutante Luisa Sappelt aporta toda la naturalidad y la amargura posibles a su retrato de una adolescente que intentará encontrarse a sí misma en la figura de un padre que ya no existe, y al que no sabe cómo tratar, o ni siquiera cómo llamar.

CAH Transpapa

Transpapa es una película que se hace preguntas difíciles de las que siempre no da las respuestas, y cuando lo hace, no son las que podrían esperarse. De manera eficazmente divertida pero en absoluto insustancial, es un agradable acercamiento a una nueva forma de entender la tradicional concepción de la familia “normal”, analizando las consecuencias que llevan a la ruptura de este modelo, y concluyendo con que la felicidad individual de cada miembro de una familia, de un modo o de otro, será lo que consiga que ésta acabe más unida. Una de las películas del Festival que sin dudar dará lugar a mayores reflexiones tras su visionado.

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