Festival de Cine Alemán: Día 3

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CAH Speed-En busca del tiempo perdido

Nuevos horizontes y Speed – En busca del tiempo perdido, dos interesantes propuestas del Festival de Cine Alemán.

Este año, para nuestra alegría, no ha habido que esperar al viernes o el sábado para encontrarnos la gran afluencia de gente que es habitual los fines de semana en cada nueva edición del Festival de Cine Alemán. El miércoles y el jueves podían verse ya grandes colas para comprar entradas o para entrar a la sala, de esas que dan la vuelta a la calle. El calor de esta semana ha hecho que los espectadores corran a refugiarse a las frescas salas del Cine Palafox, atraídos por películas como Hannah Arendt, Transpapa, o las dos que vamos a comentar hoy, Nuevos horizontes y Speed – En busca del tiempo perdido.

A pesar de su juventud y de que Nuevos horizontes es su primer largometraje, la joven directora Pola Beck ya había recibido numerosos reconocimientos y había estado presente en festivales de primer nivel, como la Berlinale, gracias a sus cortos. Este trabajo también ha sido presentado con éxito por varios festivales, entre ellos el de Zurich, donde obtuvo el premio a la Mejor película en lengua alemana. La directora retrata su propia generación a través de dos universitarias de 25 años sin aspiraciones más allá que las de salir de fiesta y emborracharse, que no tienen claro su futuro y ni parecen preocuparse porque sea así. Pero llega un momento en la vida de todos en el que las cosas tienen que cambiar.

Nuevos horizontes es una película muy sensorial, de emociones casi físicas, que Beck transmite a través del uso que hace de las imágenes y el sonido. El problema es que la película no se mantiene así todo el tiempo, sólo al principio, para después contar la historia de una manera más tradicional y aparentemente ligera, incluso da la sensación de que banaliza algunos temas muy serios. Pero llega un punto en el que se quita la máscara (quizás la que puede que lleve metafóricamente la protagonista en una de las escenas) y hunde al espectador en un profundo drama. Y cuando digo que lo hunde, es que es así. Sin recrearse en la tragedia, ni efectismos, ni siquiera música que pueda condicionar al espectador, simplemente por la situación y la interpretación de Aylin Tezel (impresionante cómo va evolucionando su personaje), premio a la mejor actriz en el Festival de Torino, se consigue uno de los momentos más desgarradoramente tristes que recuerdo haber visto en una película, dejando a la sala de cine con el corazón en un puño.

CAH Nuevos horizontes

Cuesta cogerle el tono a Nuevos horizontes porque es una película que refleja muchos tipos de estados, los propios del paso a la vida adulta de distintas maneras, en el que a veces hay momentos de felicidad, y otros que tienes que madurar a base de golpes. La película, como he dicho, está hecha a retazos de las emociones de la protagonista, y por eso va mutando y transformándose según sus circunstancias, un conjunto al que Beck le otorga una sensibilidad propia de su procedencia del mundo del arte y de la fotografía. Una película joven, realista e intensa, de lo mejor que hemos visto hasta el momento en el Festival.

Cuando estás cubriendo un evento en el que dependes de tu teléfono móvil y tu ordenador para todo, ver un documental como Speed – En busca del tiempo perdido, que habla de la adicción de la sociedad actual a la nuevas tecnologías no hace otra cosa que agobiarte aún más y hacerte sentir culpable. El director Florian Opitz nos cuenta en primerísima persona (es el protagonista absoluto, él y todo lo que le rodea, y no se cansa de remarcarlo) sus problemas de la vida moderna: el estrés, la falta de tiempo para dedicarle a su familia y amigos… A través de este documental, el director intenta buscar soluciones a sus problemas para conseguir ser más feliz. En su investigación, irá descubriendo por qué de la velocidad y la falta de tiempo son uno de los grandes males en la sociedad actual, y conocerá distintos modelos de vida con los que se sentirá más o menos identificado.

Lo que parte de una premisa interesante y empieza con una visión cínica y divertida, pasa a ser una película que, para tratar sobre la rapidez del tiempo, adolece de una falta de ritmo alarmante. De hecho, resulta bastante pesada, fundamentalmente debido a su estructura narrativa: el director se hace preguntas sobre su vida, se marcha a un lugar a buscar soluciones, no las encuentra, se hace más preguntas, se marcha a otro sitio… Y así toda la película, como esa “rueda de hámster” que tanto critica él mismo. Tiene un carácter episódico, y al final acaba siendo demasiado simplista en sus resoluciones de lo que es la buena y la mala vida, cuando es un tema realmente complejo, algo que queda demostrado en el hecho de que la película no llega a ninguna conclusión.

CAH Speed-En busca del tiempo perdido 2

Si hace un mes criticábamos el documental Google y el cerebro mundial de Ben Lewis porque pretendía manipular al espectador en contra de internet y las nuevas tecnologías, Speed – En busca del tiempo perdido es absolutamente el polo opuesto, una visión completamente personal que no intenta convencer a nadie (más que nada porque no tiene argumentos para hacerlo), sino exponer sus indagaciones. Pero, ¿qué interés tiene eso? No digo que un documental tenga que darme las respuestas de la vida, pero limitarse a hacer preguntas sin dar ninguna solución denota falta de ambición. A veces no parece que el director quiera realmente solucionar sus problemas, simplemente se dedica a quejarse de que no le gusta su vida, pero el problema está en él, en que no sabe lo que quiere. Speed – En busca del tiempo perdido es un experimento demasiado personal, una especie de diario de vida del director, como para ser una película que realmente pueda interesar a un gran número de gente.

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