Críticas: El cosmonauta

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Se estrena la primera película con 4.500 productores.

Si hay algo que está claro en estos tiempos críticos que vivimos, es que el cine y sus creadores tienen que buscar formas diferentes dar salida a sus trabajos, adaptándose a las nuevas tecnologías y aprovechándolas para sacar partido a las películas, en lugar de verlas como un enemigo y enfrentarse a ellas. De este modo está cada vez más auge el conocido como cine low-cost, en el que jóvenes con mucho talento que no tienen oportunidades y no pueden hacer una película a la manera tradicional, sustituyen la falta de medios con ganas, ilusión y originalidad. Y esto no significa que se trate de  un tipo de cine amateur. Más bien todo lo contrario. Uno de los mejores ejemplos de todo esto puede ser El cosmonauta, la primera película en nuestro país financiada a través de crowdfunding, con la colaboración de 4.500 personas. Un proyecto transmedia que consiste en contar una historia no a la manera tradicional, sino a través de diversas plataformas digitales que complementan el relato. En este caso, además de la película, que según sus creadores se trata sólo una parte más de un engranaje mucho más amplio, hay 34 cortometrajes que desarrollan a los personajes y el contexto histórico.

La historia de El cosmonauta viene de 4 años atrás. El proyecto, impulsado por Nicolás Alcalá, el director y escritor, Carola Rodríguez y Bruno Teixidor, empezó cuando se plantearon hacer una película y la cuestión de cómo financiarla. Surgió así la idea del crowdfunding, financiación colectiva y voluntaria a través de internet que tuvo, como hemos visto, una respuesta excelente. Además, crearon una página web en la que han mantenido informado a todo el mundo de cada paso que se han llevado a cabo, involucrándoles de esta manera en el proyecto, que era su principal objetivo, hacer un cine para todos. De hecho, no se han olvidado de todo el mundo que ha colaborado económicamente en la película, dando lugar a unos de los títulos de crédito más largos que se hayan podido ver, de 20 minutos, llenos de nombres de gente que quiso participar para que la película pudiera realizarse. Aunque ha sido un proyecto accidentado no desprovisto de contratiempos, algunos tan importantes que pusieron en peligro la continuación del rodaje. Quizás el peor fue que la productora que iba a aportar la mitad del presupuesto de la película se retiró del proyecto 3 semanas antes de que empezara el rodaje en Letonia. Comenzó así la campaña “Save The Cosmonaut”, proponiendo a la gente convertirse en inversores de la película (y por tanto, beneficiarse de su futura rentabilidad) aportando 100 euros. Gracias a esto y a la reducción de gastos extrema, El cosmonauta pudo sacarse adelante.

Y anoche, por fin, el resultado de tanto trabajo se pudo ver en el preestreno en los Cines Callao. Presentada por todo su equipo, y tras la presentación de 6 de los 34 cortos, que presagiaban algo realmente bueno, comenzó la proyección. El cosmonauta nos cuenta la historia de Stan, el primer ruso enviado a la Luna. En principio la misión es un éxito, pero algo falla y Stan queda perdido en el espacio hasta que, 7 meses después, vuelve a la Tierra. El problema será que él acabará en una especie de universo paralelo en el que la humanidad ha desaparecido, mientras que los demás, en el mundo real, seguirán sufriendo su ausencia. Lo más decepcionante de la película puede ser que, con un punto de partida tan interesante, opte por dejar el tema de ciencia ficción en un plano secundario, siendo sólo una excusa o un telón de fondo para contar la típica historia de amor a tres bandas, bien presentada pero algo simple y demasiado manida, que podría estar igual ambientada en la Rusia de los años 70 como en cualquier otra época y lugar.

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La película está rodada al estilo estadounidense, con actores británicos y en inglés. Nicolás Alcalá decide anteponer la capacidad de poder trabajar con los actores de manera cercana y directa en un idioma que dominaran todos que el realismo total que hubiese supuesto rodar la película en ruso. Y lo cierto es que consigue unas interpretaciones muy solventes y naturales de Katrine de Candole, Leon Ockenden y Max Wrottesley. Además de esta manera, siendo en un idioma universal, la película puede tener una mayor proyección internacional y abarcar un mayor número de público. Cuestión de decisiones, no se puede tener todo. A mí, personalmente, ese tema me descoloca y me saca un poco de la historia, pero está claro que también hay que plantear la película con una estrategia comercial.

Con influencias no disimuladas al Solaris de Tarkovski, a Wong Kar-wai y a Terrence Malick, se trata por tanto de una obra poética, lírica, con una narración no lineal que va saltando en el tiempo, donde las imágenes son como piezas de un puzzle que el espectador tiene que reconstruir. Y los recursos que usa para llevarlo a cabo, es decir, toda la parte técnica, son realmente destacables. Desde la cuidadísima ambientación para recrear la época, hasta la bellísima fotografía naturalista, pasando por los efectos de sonido y la banda sonora de Joan Valent (casi omnipresente, quizás incluso demasiado), todo está tratado con una madurez y profesionalidad envidiables.

Con sus defectos, que son sobre todo de tipo argumental (técnicamente se le puede poner muy pocos peros), El cosmonauta es una película muy competente, cuidada, que se toma en serio (se podría decir que el final es incluso demasiado dramático), que supone un gran paso para el mundo de cine español, al que le hace muchísima falta cosas como esta. El cosmonauta se estrenará el próximo viernes 17 a la vez en cines, dvd, televisión e Internet (gratis, como forma de devolverles el favor a aquellos que les han ayudado) y, además, se pondrá a disposición de todo el mundo el material que no han podido incluir en la película (ya que rodaron en total nada más y nada menos que 140 horas), para que la gente pueda hacer sus propias versiones, remezclarlos, o incluso utilizarlos en sus propios trabajos.

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Más iniciativas encomiables para esta ambiciosa estructura, que esperemos que sea recibida con el éxito que se merece y suponga sólo el primer paso de una manera de hacer cine y de crear una nueva relación con el espectador que, en el fondo, es la que siempre había existido desde el principio y se ha ido perdiendo con el tiempo. Estamos ante el que puede, muy probablemente, ser el futuro del (y sobre todo, de nuestro) cine.

Y como no tenemos toda la información del mundo cuando escribimos un artículo, a veces pasan cosas como que a las pocas horas de publicarlo, lees esto: http://chiverico.blogspot.com.es/2012/09/riot-cinema-collective-humilla.html?m=1 Les agradezco, como he dicho, a Riot Cinema Collective la labor que han llevado a cabo con El cosmonauta, pero antes que el cine, antes que todas las cosas, están las personas, eso es lo más importante. Por suerte, no todo el mundo es así, y hay mucha buena gente que merece nuestro apoyo. Sigamos pues apoyando el cine low-cost y el crowdfunding, pero sobre todo, sigamos tratando con respeto a la gente. Sólo así conseguiremos que las cosas salgan adelante. Si no, es imposible.

2 Responses to Críticas: El cosmonauta

  1. Claudio Sánchez dice:

    Una cosa que sí tendrá esta película es que será la primera del mundo mundial (por decir) que permitirá hacer el "The Viewer's Cut", en vez de "The Director's Cut".

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