D’A (III)

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CAH La Cinquième Saison

Día 5 y 6: De la desintegración y búsqueda del yo

Llegados al ecuador de esta nueva edición del D’A es el turno ahora para el tercer trabajo del binomio Peter Brosens y Jessica Woodworth con la belga La Cinquième Saison. La pareja plantea una trama apocalíptica desde el punto de vista de una pequeña comunidad rural en tiempo presente. Como cada año los habitantes de un pueblo despiden el invierno mediante una festividad en la que se recrea la condena física de este a morir en una gran pira. Sin embargo, cuando se dispone a prender fuego a la figura hecha de paja que representa a la estación ésta no prende y un gran ruido sacude el bosque. Desde ese día todo parece desintegrarse: la tierra no da frutos, los árboles caducifolios no brotan, las vacas dejan de dar leche y el ser humano empieza a sacar a la luz lo peor de sí mismo en un invierno eterno. Hay algo en La Cinquième Saison que recuerda desde el Béla Tarr de The Turin Horse al M. Night Shyamalan de El Bosque (The Village, 2004) o El Incidente (The Happening, 2008). No son, sin embargo, las únicas referencias. El fin del mundo visto desde la ruralidad a pequeña escala, la tortuosa relación entre la naturaleza y el ser humano o la venganza de esta ante las agresiones del ser humano: la fisicidad y violencia con la que los aldeanos despiden el invierno, la absurdidad de las tradiciones de los mismos (el concurso de canto de gallos o la desesperación ante un gallo que ha dejado de cantar…), la muerte de un personaje al inundar la tierra con una cantidad ingente de nitratos ante la frustración de una tierra infértil o la propia actitud autodestructiva del ser humano hacia sí mismo como el egoísmo y la codicia en tiempos difíciles y el (creciente) odio hacia aquel ajeno a la comunidad, ejemplificado aquí en ese vendedor de miel ambulante que se instala en el pueblo con su hijo en silla de ruedas. Y las consecuencias que todos los acontecimientos tienen sobre la debilidad del hombre, convertido en animal, engullido por sus miedos y por la pérdida de la individualidad para convertirse en una masa furibunda e incontrolada que, referencias a The Wicker Man aparte (Robin Hardy, 1973), suponen una incómoda reflexión sobre el hombre en épocas de extremas circunstancias (y que tienen en el contexto de crisis actual el mayor exponente).

CAH La Cinquième Saison 2

Desmontando primero al espectador para, posteriormente, volverlo a armar al proporcionarle los elementos clave que permitan juntar las piezas desperdigadas tras un primer contacto a ciegas, La Cinquième Saison juega hábilmente con los recursos de un lenguaje audiovisual lleno de simbolismo y una puesta en escena vertebrada a través del encuadre, el plano fijo y la progresiva austeridad de los espacios junto al tono frío, gris y amarronado de la fotografía. Un oscuro relato sobre la desintegración del individuo y el camino del ser humano hacia su propia autodestrucción bajo el inclemente veredicto de una naturaleza despiadada y vengativa.

Contrastes. Del pesimismo atroz de la tercera película del tándem Brosens y Woodworth al optimismo exacerbado del penúltimo trabajo del incombustible Michael Winterbottom. La propuesta del prolífico director británico nace de la idea de filmar la existencia cotidiana de una familia que vive en un entorno rural mientras el cabeza de la misma permanece en prisión. Filmada durante algunos fines de semana a lo largo de cinco años, Everyday busca capturar el momento, esa chispa de realidad y ternura que, en última instancia, define la vida. No solo por buscar esa simbiosis entre cámara y personaje en la decisión de alargar el proyecto durante cinco años para permitir la integración dentro de ese tejido familiar de cartón piedra, sino por una trama vitalista que busca, precisamente, el minimalismo y la celebración de los tiempos muertos como piedras angulares: las idas y vueltas de los niños al colegio, las idas y vueltas de la familia para visitar al padre y esposo en prisión, las escenas domésticas que se repiten a lo largo del metraje… En definitiva el continuado impacto que la ausencia paternal provoca en ese microcosmos familiar, encabezado por la madre y seguido por su numerosa prole. Cinco operadores de fotografía diferentes otorgan a la propuesta un juego con las texturas que no parece seguir lógica alguna, mientras la partitura de Nyman y los recurrentes planos generales de la campiña británica inundan todo de un idilio e impostado optimismo que terminan por empalagar.

CAH Everyday

Una impostura y artificiosidad que minan las intenciones de sus responsables en la búsqueda de un realismo y una espontaneidad de una propuesta que pasa a funcionar en bucle. Y aunque, a la fuerza, la película cuenta con secuencias y momentos de gran intensidad, me veo incapaz de encontrar nada en Everyday que resulte especialmente estimulante para un espectador cegado de tanto idilio vitalista, dando la sensación que la envergadura del experimento de Winterbottom ha acabado fagocitando el propio resultado final.

Con la espina clavada de no haber podido asistir al pase de The Juan Bushwick Diaries y Tiny Furniture (la obra de Lena Dunham que cuenta ya con tres añitos a sus espaldas) nos concentramos en el tercer trabajo del nuevo enfant terrible del cine canadiense, Xavier Dolan y su épica Laurence Anyways, una de las favoritas del público en lo que llevamos de festival. Épica tanto por sus casi tres horas de duración como por la exposición formal de una historia que sigue el proceso de transformación de un transexual, Laurence Alia (Melvil Poupaud), en mujer a lo largo de la década de los 80 y 90 a la vez que el impacto de su metamorfosis tiene en los que le rodean. Sobre todo en su novia Fred (Suzanne Clément), eterno amor de Laurence por encima de barreras de género y rígidas convenciones sociales. En Laurence Anyways la mirada adquiere una importancia capital. Sean transeúntes que miran a cámara ante la culminación del proceso de transformación, de aquellos estudiantes y profesores testigos del primer intento o de quienes desvían la mirada del rostro de Laurence. Es alcanzar la igualdad de trato y conseguir en cada persona una pequeña revolución interior. Pero es tan importante el retrato y el proceso evolutivo interior de Laurence como el de Fred, quien comparte igualdad de importancia en un relato que, al melodrama de una historia de amor que se extiende por décadas, intenta hablar sobre la búsqueda de uno mismo y la propia aceptación antes que la de los demás. Dibujando a la vez un complejo mapa de emociones internas y exponiendo las contradicciones y dificultades que hacen saltar por los aires una utopía frente a unas rígidas convenciones sociales más arraigadas de lo que podríamos imaginar, llevando a la deriva a unos personajes que, en el fondo, vagan sin saber qué anhelan en realidad. Así el formato 1.33:1, el juego con el encuadre y el espacio adquiere en Laurence Anyways un tratamiento que parece buscar la reclusión de sus personajes, oprimiéndolos o empequeñeciéndolos en falsos castillos de ladrillo blanco. Ni siquiera en unas secuencias oníricas que parecen  exponer el estado anímico de sus personajes se abandona el planteamiento de una película que huye claramente de un tratamiento realista en su mirada.

CAH Laurence anyways

Abandonándose a una estética pop, arrolladora y enérgica, la propuesta del jovencísimo Xavier Dolan mira al melodrama del universo almodovariano aportando un estilo propio, claramente identificable, en un dispositivo formal donde todo parece tener cabida. Juguetona en una estructura llena de saltos temporales, evocadora en su reportorio musical y furiosa en lo audiovisual Laurence Anyways, es una desatada obra tan llena de vitalidad y ambición como irregular y descompensada, tan sensible y compleja como visceral y apasionada. El camino de Xavier Dolan todavía es largo e incierto pero su prometedora trayectoria parece, a todas luces, incuestionable…

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