Críticas: Rebelde (War Witch)

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CAH Rebelde (War witch)

Los niños de la guerra.

La inocencia es fácil de destruir. “El fusil es tu papá y tu mamá” es lo que los guerrilleros inculcan a los niños que arrancan de los brazos de sus padres para utilizarlos como armas mortíferas y prescindibles contra sus enemigos, una frase que cala hondo en mentes vulnerables e impresionables que fácilmente olvidan la diferencia entre el bien y el mal, convenciéndose de que la vida consiste en obedecer órdenes militares sin cuestionar el hecho de verse obligados a matar o a cometer crueldades irracionales.

El drama de los niños soldado en el mundo es un tema recurrente en la realización de documentales que desde hace años tratan de denunciar estas prácticas que violan los derechos humanos, pero no así en largometrajes de ficción en los que, salvo en contadas ocasiones como Johnny Mad Dog, suelen tratar el tema de forma anecdótica y tendente al sentimentalismo. Por eso resulta alentador que finalmente llegue a nuestras pantallas Rebelde (War Witch), una historia ficticia que bien podría ser cualquiera de las vivencias que sufren día a día niños y niñas en cualquier país en conflicto a lo largo del mundo.

War Witch no está ambientada en ningún país concreto con una realidad concreta, lo que la aleja de pretensiones de denuncia política para mostrarnos expresamente el infierno por el que pasan los niños soldado y sus familias a manos de quienes recurren a la guerra para poder lucrarse con los recursos naturales monopolizados por gobiernos totalitarios. El director y guionista canadiense Kim Nguyen trata el drama de los niños soldado desde la perspectiva de Komona, una adolescente de 14 años que le va contando al hijo que lleva en su vientre su vida desde que, dos años antes, fuera secuestrada por la guerrilla rebelde de su país y obligada a convertirse en niña soldado, y para ello no cae en el ensañamiento morboso para contar las atrocidades de la guerra, sino que nos acerca a una sociedad en la que se vive el conflicto bélico y el reclutamiento de los niños con la naturalidad y la aceptación de quienes llevan toda su vida conviviendo con la violencia.

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Ya desde la brutal secuencia inicial somos conscientes de que War Witch no va a ser una película fácil de ver, pero Nguyen introduce en la historia aspectos desconocidos hasta ahora en la crudeza que se muestra siempre al hablar de temas tan monstruosos como el del drama de los niños soldado, como son la cuestión paranormal reflejada en las visiones fantasmagóricas de Komona, y por encima de todo una historia de amor de una belleza casi poética que contrasta con el entorno hostil que rodea a los protagonistas.

Indudablemente, el peso interpretativo de War Witch recae prácticamente en su totalidad en la joven Rachel Mwanza, mimetizada con Komona de tal manera que la vemos crecer tanto física como interiormente ante nuestros ojos de una forma totalmente sincera.

Mwanza, ganadora del Oso de Plata a mejor actriz en el Festival de Berlín de 2012, construye su personaje desde las entrañas, sufriendo en sus carnes el horror de verse forzada sexualmente, desconcertándose ante los sentimientos encontrados que experimenta con su embarazo, aceptando sin reservas su papel dentro de un ejército en el que se ve inmersa y, sobre todo, volviendo por un momento a ser una niña ilusionada, y feliz con un primer amor capaz de arrinconar en el olvido todo el terror vivido hasta entonces.

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Nominada a mejor película extranjera para los premios Satellite Awards, Independent Spirit Awards y para los Oscar de 2012, War Witch es una película incómoda, dura y cruel, que a la vez se resuelve con un mensaje de esperanza, tan necesaria como improbable en un mundo que aparta la vista de tragedias que suceden constantemente, no tan lejos de ese primer mundo que tanto podría hacer para evitarlas. Quizá llegue un día en el que deje de ser una utopía que películas tan imprescindibles como esta, logren remover conciencias para que millones de niños no se vean reflejados en ellas.

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