Críticas: La estrella

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La alegría de vivir.

Presentada en la pasada edición del Festival de Málaga fuera de competición, La Estrella es la primera película del director Alberto Aranda, que toma como base la novela de Belén Carmona del mismo título para contarnos la historia de Estrella, una mujer optimista y alegre al borde de los cuarenta que llena su vacío emocional tratando de ayudar a los demás a ser felices.

En La Estrella, la película, la vida de Estrella gira alrededor de su trabajo como limpiadora en el cementerio, de sus amigos y vecinos del barrio de Santa Coloma de Gramanet donde ha vivido toda su vida y de su novio, quien consigue un puesto de responsabilidad en una empresa constructora con el que poder prosperar y vivir con Estrella en un barrio mejor. Estrella se vuelca con su compañera de trabajo y amiga Trini cuando el marido de ésta la maltrata físicamente, y se erige en su defensora sin ser consciente de que ella misma se encuentra en una relación tan tóxica, o incluso más, como la de su amiga.

Al margen del tema del maltrato físico y psíquico en la pareja, La Estrella toca muchos, quizá demasiados, conflictos sociales como son el machismo en las mujeres mayores de los pueblos convencidas de que una mujer no es nada sin un hombre al lado, el racismo tanto hacia la amenaza de extranjeros que ocupan el puesto de trabajo de los compañeros ausentes, como hacia los estratos sociales más bajos que representa Estrella frente a los nuevos jefes de su novio Salva, y la paradoja de los que cuarenta años antes emigraron desde el sur de España hacia la periferia de Barcelona y que ahora no aceptan que se instale una mezquita para la comunidad musulmana de Santa Coloma, hecho real en el que precisamente se basó Alberto Aranda para rodar en 2005 su documental ¡Mezquita NO!

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La mezcla de géneros en la ópera prima de Alberto Aranda nos lleva a recordar títulos tan dispares como Tapas, en lo concerniente al costumbrismo de los charnegos en las ciudades dormitorio de los alrededores de Barcelona, o Te doy mis ojos con el reflejo de las mujeres sometidas a la violencia de género, pasando incluso por Princesas con esa búsqueda de la felicidad en un mundo gris y sin esperanza como en el que viven la Caye de la película de Fernando León y la Estrella de la de Aranda, pero tantos frentes abiertos en la película provocan que se pase por encima de la mayoría de ellos de una manera muy superficial, dejando en el tintero hechos y motivaciones que expliquen el desarrollo de acontecimientos clave en el argumento. Al mismo tiempo, construye unos personajes masculinos desde un prisma excesivamente feminista, mostrándolos como el estereotipo del mal frente a la percepción de la mujer como eterna sufridora y luchadora. Ni siquiera el personaje que interpreta Fele Martínez, tratado de forma más positiva, se salva del ejemplo de hombre que sólo busca una cosa en las mujeres.

Todos ellos, de hecho, se presentan de una manera muy desdibujada, incluso Salva, el novio de Estrella interpretado por Marc Clotet, aun siendo un personaje sumamente importante, queda marginado ante el torrente del personaje de Estrella, con el que Aranda recupera como protagonista absoluta a Ingrid Rubio a la que hace tiempo que no veíamos llevando el peso de una película. Pero a pesar del entusiasmo y la positividad de que hace gala, parece como si jugara a interpretar a una adolescente inmadura que se trata de comportarse como una mujer adulta, es decir, es un personaje tan confuso en su idiosincrasia que cuesta mucho de creer, y eso para un papel que ocupa casi la totalidad del metraje y de la historia, llega por momentos a provocar un rechazo hacia ella. Todo lo contrario pasa con Carmen Machi, una actriz que ya sea en televisión, en teatro, haciendo reír o llorar como en esta ocasión, siempre consigue emocionar con la intensidad de sus interpretaciones y en La Estrella nos hace partícipes del sufrimiento desgarrador de su Trini, en contraposición a la alegría de Estrella.

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A pesar de la dispersión que conllevan tantos temas en un solo argumento, y de que la interpretación protagonista no tenga toda la fuerza que se requiere de ella, La Estrella es una película fresca, fácil de ver y con la que cualquiera se puede sentir identificado en algún momento, además de una estupenda ocasión para descubrirnos a un nuevo cineasta que, en los tiempos que corren, siempre es un soplo de esperanza para nuestro cine.

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