Críticas: En otro país

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Un faro, un socorrista y una mujer En otro país.

Tres es una cifra que implica inestabilidad, lo cual no tiene por qué ser necesariamente algo malo, la inestabilidad a fin de cuentas implica movimiento, falta de estatismo, sensaciones que son profundamente cinéfilas, ¿hay algo más aburrido que aquello carente de inercia? Tres parece ser también el número fetiche para el director coreano Hong Sang-soo y sospecho que por ese gusto por lo inestable, algo intrínseco a su naturaleza. Sus historias, siempre enraizadas en las relaciones interpersonales, suelen implicar a tres elementos (dos chicos y una chica o viceversa) que baraja y reparte como un demiurgo invisible obteniendo así diferentes resultados. Este trípode temático tiene su correspondencia en la propia morfología de sus films, con frecuencia partidos por dos segmentos con lo que, de nuevo, tenemos una división tripartita, éste es el caso de En otro país.

Lo que convierte a este trabajo en el más internacional hasta el momento de nuestro coreano favorito es la siempre excitante presencia de la actriz francesa Isabelle Huppert, objeto de experimento en las manos de Hong que la convertirá en directora de cine, amante a la espera de su amado y esposa abandonada, tres personalidades diferentes surgidas de la pluma de una niña que inventa guiones como si fueran una oración contra el desencanto (¿al igual que el propio Hong Sang-soo?). Esta división tripartita en la estructura de la película tiene también algo de musical, Hong mantiene un tema central y juega con las diferentes variaciones (un hotel, un socorrista, un faro, un teléfono móvil, una playa) en lo que también puede resultar un juego metacinéfilo que nos lleve a preguntarnos donde está exactamente la esencia de las historias que contamos ¿se pierde ésta al modificar los elementos concurrentes o permanece un eco, una fuerza que lleva a los personajes carentes de voluntad propia a seguir el mismo camino?

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Todo este rollo de teoría cinéfila puede que asuste a más de algún incauto lector que haya dado con esta reseña pero debemos decirle que aleje todos sus miedos, una película puede ser varias cosas y aunque nos haga caer en absurdas cavilaciones referenciales y teóricas En otro país es también una fábula (o tres) sumamente divertida, tan fascinante como un jugueteo erótico y que puede ser vista con una mirada carente de pretensiones, disfrutando con los encuentros y desencuentros, con las pasiones y desengaños, riéndonos de los equívocos provocados por los problemas de incomunicación que seguramente muchos habréis sufrido al visitar un país extranjero o al conocer a sus gentes. Para conseguir este resultado, Hong Sang-soo exprime a la ya mencionada Huppert y al resto del plantel actoral, entre el que obligatoriamente tenemos que destacar al maravilloso e hilarante socorrista al que da vida Yu Jung-sang, prácticamente el único elemento estable (junto al faro) en las variaciones Hong y sorprende con su guión, más luminoso que de costumbre, apto para el disfrute de todos los públicos pese a las habituales acusaciones de elitismo que tiene que aguantar nuestro amigo.

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Concluimos resumiendo que En otro país es una película disfrutable a muchos niveles de lectura, desde el cinéfilo curioso en busca de reflexiones sobre el germen de la idea creativa o la verdadera naturaleza de la misma, al espectador ocasional en busca de una historia rebosante de humor e ironía con las relaciones humanas. Buena prueba de esto es el éxito que obtuvo en la pasada edición del Festival de Cannes pese a no alzarse con ningún premio, yo de ustedes no me la perdería.

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