Críticas: Indignados

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Indignados - Cinema ad hoc

“No estamos armados, estamos indignados” 

Se cumplen en estos días dos años desde la aparición del movimiento conocido como 15M, una serie de manifestaciones ciudadanas pacíficas que tuvieron su culminación el 15 de mayo de 2011 y a quienes se les dio en llamar Los Indignados. La indignación a la que se hace referencia es la que los ciudadanos españoles sufren desde hace décadas debido al desencanto con la degradación de la democracia en la que vivimos y que se basa en un bipartidismo latente y unas políticas dominadas por los bancos, que han provocado la crisis económica en la que nos hayamos actualmente. Para promover una democracia más participativa y social, miles de ciudadanos salieron a la calle para mostrar su indignación que culminaron con una acampada multitudinaria en la Puerta del Sol de Madrid durante varios días. A raíz de ello, los movimientos ciudadanos en pos de una alternativa a la corrupción política actual y a las, cada vez mayores, diferencias sociales entre gobernantes y sociedad, se extendieron por todo el mundo.

Además del estallido general de la indignación popular, los propulsores del 15M y del movimiento Democracia Real Ya, se inspiraron en las palabras del escritor y ex diplomático francés recientemente fallecido Stéphane Hessel, ¡Indignaos!, en el que animaba a los jóvenes a rebelarse e indignarse contra las políticas basadas en el recorte de derechos a los ciudadanos en favor de las instituciones financieras. Ahora, y según su director Tony Gatlif, nos llega la película documental Indignados basada en el libro de Hessel y en el movimiento 15M. Pero lejos de lo que se pudiera esperar de ella, Indignados no habla del movimiento en sí, ni nos explica cómo surgieron en todo el mundo estas manifestaciones de protesta contra el sistema.

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El movimiento de los indignados sirve de excusa para contarnos las vivencias de Betty, una inmigrante subsahariana que llega a las costas de Grecia y desde allí, de donde espera a ser expulsada del país, va recorriendo Europa sin rumbo cruzándose por el camino con los grupos de indignados que se van formando en cada país.

Prácticamente sin diálogos, lo que nos muestra Indignados es una metáfora del rechazo de la clase trabajadora a través de Betty, pero se olvida de que los movimientos que impulsaron el 15M no surgieron a raíz de la inmigración ilegal ni de los indocumentados, que aunque sea un tema que da para muchos documentales muy interesantes, no es lo que nos ocupa en esta ocasión. La indignación que se extendió por toda Europa fue fruto de la desilusión de muchos años de la clase media que se ha visto engañada y traicionada por aquellos a quienes, legislatura tras legislatura, han ido eligiendo para que velaran por sus intereses y han estado haciendo lo propio con el poder financiero, desprotegiendo totalmente al ciudadano.

Como periplo angustioso de los inmigrantes ilegales en un mundo que, no sólo no los acoge, sino que les maltrata, Indignados funciona muy bien a través de la mirada de Betty y de otros tantos inmigrantes a los que se nos presenta en un primer momento de la película, además con imágenes bellísimas con un simbolismo tremendo, como esa legión de naranjas “huyendo” calle abajo hasta acabar en una balsa. Pero como expresión del descontento de los ciudadanos europeos hacia los gobernantes no consigue su propósito en ningún momento. El director Tony Gatlif se limita a mostrar imágenes grabadas en las manifestaciones de Grecia y de la Puerta del Sol, sobre todo en la última parte de la cinta, pero en ningún momento se explica cómo se llegó a esa situación ni se le da importancia a lo que suponen movimientos de esa envergadura que se extendieron por toda Europa e incluso llegaron hasta los Estados Unidos. Sólo observa al igual que lo hace Betty, sin profundizar en ninguno de los temas que aparecen reflejados en la película, y lo acompaña todo de una banda sonora étnica que no cesa a lo largo de todo el metraje llegando a saturar y de frases inconexas del libro de Hessel.

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Indignados parece más bien una excusa de Tony Gatlif para crear una película con tintes poéticos sobre la tragedia de la inmigración ilegal en Europa, pero no es en absoluto lo que se espera de un documental supuestamente basado en el libro de Hessel. Hay mucho que decir y que debatir todavía sobre los movimientos ciudadanos a raíz del 15M, y es una pena que se desaproveche la oportunidad de hacerlo como lo ha hecho Gatlif para contarnos una historia que poco o nada tiene que ver con ello.

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