Cannes 2013 (II)

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CAH Benicio del Toro

Benicio del Toro, un indio pies negros en Cannes.

Les hablaba de Cannes ayer y de su capacidad para sobredimensionar los datos y la apariencia del resto de festivales que este cronista haya conocido y se me olvidó darles otro dato que corrobora mi teoría, ¡que manera de llover amigos!, llevamos tres días que sólo catamos el sol en la mirada de alguna azafata risueña (ains). Ésta no es la Costa Azul que nos prometieron amigos, ¿qué han sido de las starlettes en topless intentando captar la atención del incauto productor de turno? Qué nos devuelvan el dinero o que se lo den a los amigos africanos cuya cantinela de “parapluises, parapluises” ya forma parte del imaginario colectivo y personal de este certamen… si al menos fueran de Cherburgo.

CAH Jimmy P

Pero dejemos la pluviometría y vayamos a lo del cine. Hoy le tocaba abrir pista en el pase de las 08:30 al director frances Arnaud Desplechin con su pelicula Jimmy P., a la que esperábamos con cierta ansiedad gracias al protagonismo de un tipo al que admiramos tanto como Benicio del Toro. El caso es que la peli, basada en el caso real de un veterano de guerra indio aquejado de algun tipo de problema neuronal cuyo origen los doctores no consiguen desentrañar, muestra desde el principio su intención de ser un trasunto cinematográfico de ese hecho concreto. Nada tenemos en contra pero sí en cambio nos parece mal que Desplechin sea incapaz de explicar a lo largo de su metraje que es exactamente lo fascinante de esta relación medico-paciente que ya hemos visto con anterioridad en otras obras contada con mucho más acierto y gracia que aquí. Ni siquiera la presencia de del Toro consigue hacer que nos emocionemos, su actuación requería un punto de ruptura que su extraña contención durante todo su periplo hace imposible, en fin, que no sabemos muy bien que demonios pretendía contarnos Desplechin y que nos pasamos todo la película esperando conmoción como el que espera la lluvia de mayo, perdón por lo poco adecuado de la metáfora, dadas las circunstancias metereológicas.

CAH For those in peril

Tras Desplechin tocaba desplazarse al Espace Miramar, hogar de la Semana de la Critica, siempre acompañados Croisette abajo por el ya mencionado “parapluises, parapluises”. Esta sección, paralela e independiente, hace especial hincapié en las obras de artistas primerizos y éste ere el caso de For those in peril, ópera prima de su director Paul Wright. Trasladémonos a Escocia y al paisaje (moral) de un pueblo de su costa tras el accidente pesquero que ha costado la vida a cuatro de sus jóvenes ciudadanos, a nadie le afectará tanto esta tragedia como a Aaron, uno de los fallecidos era su hermano mayor. Éste es el arranque de una cinta tan excitante en la amplitud de su abanico formal (Wright mezcla con acierto extractos de falsos noticieros, cámaras en mano, planos subjetivos y amplias panorámicas) como notable en su modo de abordar la tragedia en la que se oponen, como dos fuerzas enfrentadas, el abatimiento, el peso de la tradicion en la cerrada comunidad escocesa y la negativa de Aaron a aceptar la realidad de los hechos. Las fantasias del protagonista le transformaran en un Donnie Darko de las Highlands, alguien que si quiere salvar su Universo deberá transformarse en objeto de sacrificio. For those in peril es, ya lo imaginarán, un debut prometedor y nos obligará a seguir la carrera de Paul Wright con gran interés, veremos lo que da de sí, no más tormentas de verano breves pero intensas, por favor.

CAH Ain't them bodies saints

Seguimos en el Espace Miramar para terminar el día en una nueva cita con la Semana de la Crítica y quizás con la más esperada de las cintas que forman parte de su cartel, hablamos de Ain’t them bodies saints, narración sureña llena de revólveres, cárceles y policías (Texas is Texas) ya premiada en el pasado Festival de Sundance. David Lowery preña su violento y pasional trabajo de talento, en un relato más cercano al Malick de Badlands que al Spielberg de Sugarland express, con más puntos de encuentro con El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford que con Bonnie and Clyde de Arthur Penn. Lowery elige el interior noche y la mirada íntima y cercana con sus criaturas como leit motiv de la película, dejando atrás los espacios abiertos y el efectismo de la acción facilona. En cualquier caso la melancolía del blues impregna la pantalla y todo se desarrolla con tiempos medidos como un buen bourbon envejeciendo en su barrica de roble, como las noches contemplando las estrellas en el porche de madera, siempre que no llueva con persistencia bíblica, claro. Ea, apunten también el nombre de David Lowery y no se quejen de que les pongo tarea.

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