Cannes 2013 (I)

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CAH François Ozon

François Ozon y Marine Vacth, jóvenes y hermosos.

“Babilonia” diría el profeta trasladado por ensalmo a la cinéfila villa de la Costa Azul durante estos días del año, y es que Cannes es todo lo que se espera que sea y también mucho más, desde las muchachas que esperan a la salida del palais con un vestido de cocktail y un papel en su mano solicitando una invitación a una película (-which film? -any film), a los tediosos controles de seguridad pasando por los precios de las brasseries de la zona, todo se magnifica en la Riviera y uno duda si se trata de amor por el cine, amor por los negocios o amor por la vida aunque, a fin de cuentas, ¿no forman parte todas estas pasiones de una misma esencia original?, amemos pues la vida y vivamos el cine que para eso hemos venido aquí.

CAH El pasado

Y hablando de cine. nuestra toma de contacto con la sección oficial tenía por nombre Le passe en su titulo original (El pasado en castellano) y venía firmada por Asghar Farhadi con el que muchos estaréis familiarizados gracias al notable y justificado éxito internacional de Nader y Simin, film con el que Le passe guarda no pocos puntos de contacto y es que parece que en el libreto autoral de Farhadi la incomunicación y las intenciones ocultas tras los hechos aparentemente sencillos se llevan la parte del león. Ya desde el plano que abre la película con la (estupenda) Berenice Bejo intentando llamar la atención de su marido a través del grueso cristal de un aeropuerto, perfecta sinécdoque por otra parte del conjunto fílmico y en la que somos testigos de sus palabras a través de sus sonoros silencios, Farhadi muestra sus cartas ganadoras, desde ahí solo queda descender por una escala de secretos y mentiras, ayudados en su empeño por una tensión que, quizás por explicitarse solo en raras ocasiones, alcanza plenamente sus objetivos. El iraní no es un autor que muestre sus cartas con facilidad, el respeto a su espectador viene dado por el proceso dialéctico que representa su cine, él hace las preguntas y deja que cada uno de nosotros dé las respuestas más adecuadas o coherentes según su propia realidad, un proceso que no tiene por qué terminar cuando se encienden las luces de la sala ya que invita a la reflexión y a la charla posterior, una magnifica manera, en definitiva, de abrir nuestro periplo festivalero.

CAH Jeune et jolie

Tocaba después recuperar pérdidas del día anterior y el protagonista era uno de los grandes animadores del 2012 cinéfilo, François Ozon que, tras el exitazo de En la casa, traía a concurso en la Sección Oficial su nueva película, Jeune et Jolie, crónica del aprendizaje sexual, sentimental y vital de una nínfula llamada Marine Vacth que, tras una primera experiencia erótica poco satisfactoria, decide jugar en la vida con las reglas impuestas por ella misma. El camino escogido para este acercamiento a la madurez (en cuanto a capacidad para dominar a los demás) a encontrar la propia esencia de uno mismo es, curiosamente, el de la prostitución, este poder de lo sexual sobre lo racional es algo tan “ozoniano” como los acercamientos incestuosos que impregnan el relato y es que sí, definitivamente podemos equiparar “ozoniano” con perverso. También les debemos decir que las expectativas con el director galo son siempre tan altas que nos apena un poco que Jeune et jolie no termine de romper como nos gustaría, pese a todo es un más que aceptable producto y abunda en la línea autoral propuesta por sus anteriores trabajos.

CAH Like father, like son

Tocaba cerrar el día, dentro de la Sección Oficial, con Like father, like son del director japonés Hirokazu Kore-eda, un confeso admirador de la obra del mítico Yasujiro Ozu, algo que demuestra una vez más en su nuevo film. Una familia aparentemente feliz y casi ejemplar perfecto del ideal japonés recibe la noticia de que el que creían era su hijo podría serlo en realidad de otra familia que, a su vez, habrían criado al que realmente sería su vástago debido a un intercambio producido en el hospital donde ambas madres dieron a luz. A partir de esa premisa argumental Kore-eda socava los pilares del tradicionalismo nipón, no con un producto corrosivo y amargo, sino pleno de humanismo, cálido y bienintencionado. En manos de alguien menos capaz seguramente Like father, like son se hubiera convertido en algo adocenado y cursi pero Kore-eda evita con facilidad tal camino y consigue en cambio que su cinta transite por el de la sonrisa constante y el buen gusto, algo que el público que abarrotaba la Sala Debussy del Palais supo agradecer con una gran ovación, tomen nota de esta película, me da que no será la última vez de la que oiremos hablar de ella a lo largo del año.

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