Festival de Málaga: Día V

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CAH Inevitable

Tras cinco días cubriendo el festival, uno aprende cómo funciona el engranaje interno de todo. Y realmente sólo se trata de llegar al lugar exacto en el momento justo. Cuál es la mejor hora para ir a desayunar al stand gratis, cuál es la mejor hora para validar entradas, la mejor ruta para acceder a la sala de prensa… Pero nada comparable a la sensación de romper las ataduras, dejar el patio de butacas (cuyo espacio limitado entre asientos molestaría al propio Tyrion Lannister) para invadir los palcos. Pequeñas idiosincrasias que hacen más llevadero el disfrutar de una cinta…

El palo llega cuando lo que se proyecta es lo que más falla. Inevitable fue la primera película de la sesión matutina. Lo he intentado esquivar, pero es necesariamente obvio decirlo: es totalmente evitable. Es más, les aconsejo a los lectores que eviten acercarse todo lo que puedan a este artefacto. Se trata de una coproducción con Argentina cuyo argumento está plagado de tópicos manidos: historias cruzadas de amores inevitables (como la muerte) que trastocan la cuadriculada vida de sus protagonistas. Vale, admitamos que sea plana argumentalmente, pero el fallo está en rodar una película ligera que pesa como un dinosaurio. El aburrimiento es lo más regular de la cinta: desde el minuto uno presente hasta EL final. ESE final. Cuando una comedia romántica se convierte sin venir a cuento en un terrible drama criminal. En los últimos tres minutos. Y no es de esos giros que uno acoge con sorpresa agradable, no. Es de los que muestran las carencias de un guion más que pobre. El crimen va más allá cuando uno observa el reparto: Federico Luppi, Darío Grandinetti, Mabel Rivera… El pensamiento recurrente: sentía mucha envidia del personaje que interpreta Luppi, un ciego.

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107 películas presentadas, 12 en la sección oficial, “esto” era una de ellas. Ni siquiera el generoso público de Málaga (algunos fueron irónicos pero recuerdo que Combustión recibió aplausos) enmudeció cuando surgían los títulos de créditos tras ese espantoso final. Pero la indignación se echó a un lado para recibir a Todas las mujeres (la película, no la realidad), para regresar más tarde por motivos muy diferentes.

Y es que Todas las mujeres es una cinta más que potable. Las reservas eran altas, pues se trataba de una adaptación de una miniserie producida por TNT en el 2010. “Lo que nos faltaba, nos cuelan una capítulo de una serie española”, pensé. Pero los nombres transmitían esperanza. Dirigida por Mariano Barroso y protagonizada por Eduard Fernández, la película cuenta la historia de Nacho, un veterinario que planea su huida hacia adelante hasta que su plan, robarle novillos a su suegro para venderlos en Portugal, fracasa. Desde el momento de la ejecución del plan asistimos a la continua escapada del protagonista y vamos descubriendo poco a poco su personaje a través de su relación con las mujeres. Las conversaciones con su amante, su mujer, su abogada, su cuñada, una terapeuta y su madre (especialmente tronchante esta última) son el engranaje que mueve todo. Sin darnos cuenta, Fernández ha logrado calarnos con su papel de vividor, mamarracho, inmaduro pero encantador inseminador de vacas. Logro recuperar el sentido del gusto cinematográfico, algo que creía perdido sólo dos horas atrás, pero no tengo claro si fue el contraste entre una y otra lo que me hace valorar a Todas las mujeres como un largometraje interesante. Por ponerle una pega, técnicamente chirrían ciertas cosas muy evidentes, como algún sonido desacompasado o cambios muy notables en la calidad de imagen.

CAH Todas las mujeres

Tras estas palabras y un disfrute que aún perdura, cabría pensar que, con poco, esta sería la película triunfadora en el palmarés… y aquí regresa la “indignación”, pues Todas las mujeres participa en la sección oficial pero está fuera de concurso. Ahí, en mitad de todo el Festival. Uno, malpensado por naturaleza, cree que lo han hecho así para evitar el monopolio en la entrega de premios. Siempre queda más vistoso un palmarés repartido que uno copado por una autoritaria película. Eduard Fernández no podrá llevarse el premio al mejor actor ni Todas las mujeres mejor película, pero al menos se lleva mi agradecimiento, y el de unos cuantos más, por hacernos recordar qué se siente al ver una buena cinta.

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