Festival de Málaga: Día I

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CAH Ayer no termina nunca

La nueva película de Isabel Coixet inaugura la muestra malagueña.

Un año más, ya son 16, dio comienzo el Festival de Málaga. Sobre el papel, el festival del cine español, aunque luego no sean las películas nacionales más taquilleras o más premiadas o las que cuentan con más apoyo de la crítica… Málaga es el ‘Spring break’ del cine español y eso se nota. El clima es propicio para darse una vuelta por el centro de la capital, pasear por la alfombra roja y encontrarse a personajes de televisión borrachos. ¡Cómo cualquiera de nosotros! Qué democrático es el cine.

Pero centrándonos en el celuloide, la cinta que inauguró el festival fue Ayer no termina nunca, de Isabel Coixet. La sesión oficial a concurso (es importante aclararlo porque existen cintas en la sección oficial pero no a concurso) quedaba estrenada con un drama que emana su firma a leguas. La realizadora se pasa a la dramaturgia y nos obsequia con una pareja que va uniendo los pedazos de lo que un día fue su vida. No con la intención de arreglarla, sino para extraer por qué ocurrió todo y qué les depara lo que venga después. Para ello, libera a Candela Peña y a Javier Cámara en un escenario único a la espera de que venga un funcionario que nunca llega, con un simbolismo que de obvio resulta molesto. Lo de liberar es casi literal, pues la misma actriz destacó eso en la charla ante los medios y ello causa situaciones positivas, desprende naturalidad, pero también negativas (en algunos momentos parecen saltarse el eje).

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Lo que comienza siendo el retrato de una ruptura sentimental va más allá. Pero pocos aguantaron hasta este momento dentro de la cinta. Que el peso recaiga en dos actores tiene su lado bueno y su lado malo. El bueno es que la puesta en escena se salva, ambos ofrecen unas actuaciones convincentes. Lo malo es que su contenido es tan banal que vienen a la memoria de uno los peores tuits de @Ifilosofía. Los soliloquios de los actores en su particular “caverna” (muy diferenciada del resto del metraje con un blanco y negro, no vaya a ser que alguien se lie) no hacen más que acentuar todos esos males.

Pero aún queda por hablar del contexto que rodea a la historia. Todo está ambientado en el 2017. No es un futuro muy distante y al menos así lo dibuja Coixet. Aunque incluso los pequeños detalles que buscar dar realismo naufragan (Messi no puede tener nueve balones de oro dentro de cuatro años, Isabel…) Pero por más que se empeñe en mostrarlo, no logro ver la necesidad de incluir un engranaje así. Si su objetivo era hacer una película de denuncia social es algo que apenas alcanzo a intuir, pues la propia directora dijo que quería contar una historia sobre una pareja. No es necesario que haya una crisis política, económica y social mediante para que la rueda gire. Y desde ese momento, todo torna en un aire impostado.

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Estamos ante una directora con un marcado estilo que puede gustar más o menos, pero la sensación es que dentro de su mundo, comparando esta con otras obras, Coixet patina argumentalmente. Las buenas y malas decisiones que toma en su dirección pueden ser toleradas pero el castillo se derrumba. En un momento de la cinta, C. (el personaje de Peña) acusa a J. (Cámara) de querer “comerciar con el dolor”. Algo que si se maneja bien puede tener un gran resultado, como Lo imposible, o uno no tan bueno, como Tan fuerte, tan cerca. Pero nunca hay que renunciar a la honestidad. Si Coixet quería conmovernos, ha errado el tiro en gran medida. El vox populí afirmó: “Ayer no termina nunca no termina nunca”. Menos mal que no es así.

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