Críticas: Combustión

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COMBUSTION

Bugas, pibas y otras hierbas.

Raro es el día en el que no nos levantamos con malas noticias para el cine español. Cuando en días como hoy nos enteramos de los peores datos de taquilla de los últimos seis años para nuestro cine, nos cabe preguntarnos, ¿qué necesita el cine español para sobrevivir a la que le está cayendo por parte de las instituciones? Hace unos días hablábamos sobre los nuevos creadores y la dificultad que tienen para poder sacar adelante sus proyectos cinematográficos, pero a pesar de que, afortunadamente, muchos de ellos llegan a exhibirse, siguen sin llenarse las salas de espectadores de cine patrio, salvo excepciones que se limitan a producciones como Lo Imposible.

Quizá por eso se haga necesario que de vez en cuando se produzcan en España películas sin más pretensión que la de hacer la máxima taquilla posible, y si para ello hay que dejar a un lado la creatividad y rendirse a la comercialidad más absoluta, ¿quién puede reprocharlo?

Eso es lo que presumiblemente se ha debido plantear Daniel Calparsoro a la hora de llevar a cabo un proyecto como Combustión, una suerte de A todo gas en la que no faltan Ferraris, chicos malos, chicas despampanantes, sexo y música…mucha música, todo ello en localizaciones tan reconocibles como el Paseo de la Castellana o cualquier Polígono Industrial de la periferia de Madrid, para contar la historia de Navas, un ladrón que utiliza a su novia Ari para seducir a hombres ricos y poder robarles en sus casas. Uno de sus objetivos es Mikel, prometido a la heredera de una firma de joyería de lujo, que cae en las redes de Ari y de Navas desencadenando un triángulo amoroso salpicado por engaños, carreras de coches y violencia.

COMBUSTION

Vaya por delante que no he visto ninguna de las entregas de A todo gas, pero dudo mucho que Combustión tenga nada que envidiarles en cuanto a acción, adrenalina y ritmo trepidante, la película de Calparsoro tiene todo eso de sobra, no por casualidad el director de Asfalto o Invasor rueda como nadie las escenas de acción y de persecuciones. No hay absolutamente nada reprobable en la dirección, el montaje y los efectos especiales de Combustión, al contrario, conciben una película altamente entretenida que no decae en los más de 100 minutos de metraje.

Pero Calparsoro sabe muy bien al público a quien se dirige esta historia de delincuentes poligoneros que en su tiempo libre hacen carreras ilegales con deportivos de lujo, y para ello echa mano de los guionistas de Física o Química que engendran diálogos dignos de crear escuela entre las chonis y los canis enamorados que copan las cuentas del Tuenti. Sí, las conversaciones entre los protagonistas provocan risas sonoras carcajadas y mucha vergüenza ajena entre cualquier persona con dos dedos de frente, pero siendo sinceros, ¿cuántos cinéfilos o amantes de las buenas historias van a ir al cine a ver esta película?

Tampoco hacen falta grandes interpretaciones si se tienen los pectorales de Alex González como ejemplo para ellos y las minúsculas faldas de Adriana Ugarte para ellas, los momentos románticos entre ambos son carne de premios MTV sin hablar por supuesto de las canciones que acompañan dichos momentos… impagables. Sorprendentemente, Alberto Ammann realiza su mejor interpretación desde Celda 211 y eso con un guión tan infame como el de Combustión realmente tiene mucho mérito.

CAH Combustión 3

Combustión ya desde sus trailers y teasers que podemos ver desde hace días en televisión, está dirigida a un público concreto y da exactamente lo que promete, ni más ni menos y, aunque sea muy triste que peliculones como A puerta fría pasen sin pena ni gloria, esperemos que suponga un empujón a la taquilla y que la generación adoradora de Belén Esteban sirva al menos para algo bueno.

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