Críticas: 7 cajas

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CAH 7 cajas

Paraguay también existe en el mundo cinéfilo.

A diferencia de industrias cinematográficas tan prolíficas como la cubana, la brasileña, la argentina o la mexicana, la mayoría de los países iberoamericanos posee una filmografía muy pobre e incluso escasa en alguno de ellos, como es el caso de Paraguay donde, debido a la carencia de leyes de cine ni de fondos específicos para desarrollarlo, la producción audiovisual del país se ha limitado durante toda su historia prácticamente a la realización de series para la televisión. Por eso resulta tan alentador que una creación paraguaya como 7 Cajas haya abierto una puerta al mundo del cine de su país viajando a través de festivales como el de Toronto o el de Cine en construcción de San Sebastián, y que llegue por fin a estrenarse comercialmente fuera de sus fronteras.

Nacida a partir de un reportaje para televisión sobre la vida en el inmenso Mercado 4 de Asunción, la zona comercial más grande de la capital paraguaya, 7 Cajas comparte con el resto del cine latinoamericano el trasfondo de denuncia social de los estratos más bajos de los pueblos americanos sometidos siempre al poder del dólar, que lleva a los ciudadanos a aceptar cualquier trabajo, por sospechoso que resulte, bien para asuntos tan fundamentales como comprar medicinas, o bien para cuestiones más triviales motivadas por el deslumbramiento que provocan los lujos del “primer mundo”. Precisamente fascinado por las nuevas tecnologías que aparecen en el pequeño mundo en el que se desarrolla 7 Cajas, Víctor, un carretillero adolescente que se gana la vida compitiendo para transportar las mercancías de la gente que pasa cada día por el mercado contra sus “colegas” de profesión, acepta un encargo para trasladar siete cajas desde una punta del mercado a la otra, y así conseguir el teléfono móvil que desea.

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Un malentendido sobre el contenido de las cajas provocará que Víctor se vea perseguido por todo el mercado tanto por el carretillero encargado inicialmente del trabajo, como por los dueños de las cajas y por la policía, iniciando una carrera sin descanso por todo el laberinto que componen las calles y locales del gran mercado.

Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, los directores de 7 Cajas, provienen del mundo de la publicidad y eso se nota muchísimo en la  realización que abusa de planos subjetivos de Víctor corriendo y arrastrando su carretilla por el mercado, así como de momentos oníricos acentuados con una banda sonora más propia de un spot que de una película, pero lo compensan con un ritmo trepidante y un guión tragicómico, escrito por el propio Maneglia, que si bien en algunos momentos puede ser algo predecible y tener algún que otro fallo, consigue crear una tensión capaz de atraparnos durante toda la película, y sacarnos alguna carcajada que otra. También ayuda la naturalidad de sus protagonistas, Celso Franco y Lali González en su primera experiencia en el cine, interpretando a Víctor y a su amiga Liz que le acompañará durante toda la jornada desenfrenada en la que se desarrolla la acción, apoyados por grandes, aunque aquí desconocidos, actores cómicos paraguayos.

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Además, el hecho de estar rodada en las propias calles del Mercado 4 y de combinar el idioma guaraní con el español, le confiere una gran sensación de naturalidad y verosimilitud a la historia.

7 Cajas es en definitiva una agradable sorpresa y el ejemplo de que, a pesar de no contar con una gran producción ni con ayudas de una industria inexistente en su país, se pueden crear obras muy interesantes con gran talento y pone en el mapa cinematográfico a Paraguay, a la espera de futuros proyectos procedentes del país sudamericano tan atractivos como éste.

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