Atlántida Film Fest: Recoletos arriba y abajo

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CAH Recoletos arriba y abajo

Pablo Llorca también presenta película en el Atlántida Film Fest.

El madrileño Pablo Llorca no ha abandonado su peculiar forma de hacer cine desde que en 1989 debutara en el largometraje con el ensayo Venecias 1. Siempre a contracorriente, la etiqueta de cineasta maldito suele aparecer ligada a la figura de este historiador y experto en arte contemporáneo, que esquiva uno por uno todos los tópicos extendidos sobre el creador en nuestro país. Guionista, montador, productor e incluso a menudo distribuidor de su propio trabajo, la suya es una obra marcadamente personal que nunca ha traspasado las barreras de una exhibición clandestina más allá del circuito de festivales.

El punto de partida que maneja aquí resulta estimulante: el bullicio de Madrid deja paso a una historia personal de las tantas que ocurren en la capital, cuya idiosincrasia no ha encontrado grandes ecos en el cine español reciente. La voluntad de retratar los modos de la burguesía madrileña, introduciéndose en un territorio menos explorado de lo que parece, despierta las primeras expectativas en una obra capaz de suscitar grandes rechazos desde su arranque por culpa de un feísta estilo visual, entendido como consecuencia del bajísimo presupuesto. Esta precariedad puede llegar a condicionar por completo el visionado de Recoletos arriba y abajo, totalmente fallida por otras causas.

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Llorca pretende retratar una España dividida, con heridas abiertas cuya sutura queda impedida en el marco de una sociedad hipócrita y narcisista. Pero la introducción en escena del oscuro y difuso personaje del portero, que debería desatar el conflicto y elevar la película a una categoría superior, paradójicamente termina de hundirla. Sólo consigue que la incredulidad del espectador aumente progresivamente, haciendo aguas por todas partes y rematando con una resolución tan chapucera como poco contundente. No ocurre así con el drama familiar, que pese a sus altibajos sabe mantener el interés y muestra con cierta inteligencia la desoladora brecha generacional existente, además de sugerir preguntas sobre el papel que jugarán los jóvenes de hoy en un futuro planteado con profundo pesimismo. Resulta muy significativo el hecho de que ninguna de las tres generaciones que aparecen representadas salga bien parada.

Las interpretaciones tampoco suponen un punto fuerte. A pesar de las constantes idas y venidas de un personaje no menos endeble que el resto, Zay Nuba sostiene el peso de un flojo reparto, muy por encima de su compañero Jaime Pujol. La guapa revelación de La vida mancha, en la que destacó al lado de un gran José Coronado, regresa con solvencia a un papel principal casi diez años después. Lo hace como amante del protagonista, desmontando a un Jaime resquebrajado bajo su aparente seguridad.

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El cortísimo alcance de Recoletos arriba y abajo no debe ocultar que supone un loable intento, a su manera, de plasmar el caos social que es la España de hoy y la descarada pasividad ante los cambios sociales que nos atañen. Una crisis que, en definitiva, ha terminado de confirmar la pervivencia a todos los niveles de rencillas y desigualdades del pasado.

 

1 La filmografía íntegra de Llorca puede verse gratis en la recién estrenada plataforma de difusión e investigación audiovisual online PLAT.

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