Atlántida Film Fest: Call Girl

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CAH Call girl

Prostitución y política en la Suecia de los 70.

Los movimientos sociales que se llevaron a cabo en el mundo occidental en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, apoyados por el desarrollo de un periodismo de investigación capaz de desentrañar los engaños y conspiraciones de la clase política, desenmascarando ante los ciudadanos a quienes creían íntegros, llevaron a la reinvención del cine negro, sustituyendo a los gangsters de los años 30-40 por políticos y altos cargos, hasta entonces casi siempre incorruptibles en el cine y a mostrar de forma más abierta las luchas feministas por la igualdad y el derecho a disponer libremente de su cuerpo y su sexualidad.

Con ese mismo carácter se nos presenta otra de las películas que forman parte de la sección Atlas del Atlántida Film Fest, Call Girl. La película está basada en hechos reales que acaecieron en los años 70 en Suecia, provocando un escándalo social que, si bien no tuvo mayores consecuencias para los implicados, sí puso de manifiesto el ambiente corrupto y mafioso que imperaba entre la clase política de aquellos años. De hecho, en la película se hace alusión a los servicios sexuales de los que hacía uso el que fuera primer ministro sueco Olof Palme en la primera mitad de la década de los 70, razón por la cual los productores fueron demandados por el hijo de Palme.

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Call Girl se mueve en dos frentes distintos que acaban finalmente convergiendo. Por un lado el tratamiento que hace de la prostitución, contándonos la historia de dos adolescentes rebeldes, Iris y Sonja, que por casualidad acaban cayendo en las redes de una proxeneta, Dagmar Glans, quien las obliga a ejercer con sus clientes más importantes. De otra parte, la película incide en la corrupción existente en las altas esferas de la sociedad, ya sean jueces, políticos o cargos policiales, clientes todos de Dagmar, dispuestos a cualquier medio de presión  para evitar que sus debilidades salgan a la luz. El nexo de unión entre las dos historias es un joven policía encargado de la investigación, inicialmente para descubrir los trapicheos del opositor al gobierno antes de que se celebren las elecciones presidenciales, que descubre detrás de un simple caso de inmoralidad política, una trama más compleja que le enfrentará a sus propios compañeros y a sus superiores.

Rodada con una estética y una ambientación totalmente setentera, Call girl retoma el espíritu de los thrillers políticos norteamericanos de Pakula o de Lumet, con la misma atmósfera intrigante y compleja que películas como Todos los hombres del Presidente o Los tres días del Cóndor y con una narración ágil y dinámica que no delata la procedencia fría e introspectiva del cine escandinavo.

Sin un desarrollo sensacionalista ni engañoso, el director Mikael Marcimain bebe de aquellos en cuanto a la recreación de los paisajes urbanos, la utilización de la banda sonora y unas actuaciones poderosamente naturales, para mostrarnos con gran realismo un sistema corrupto que se protege a sí mismo rechazando la misma justicia a la que representan, y a una burguesía carente de cualquier conciencia cívica y emocional.

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Call Girl no es una película fácil de digerir por el sentimiento de impotencia y pesimismo que desprende su premisa de que todo poder conlleva una degeneración y una falta de honradez contra la que es casi imposible luchar, y que desgraciadamente seguimos viendo en nuestros días.

Quizá su excesivo metraje y la prioridad que se le da a la historia de Iris sobre el resto de la trama, hagan que ese dinamismo del que hablaba antes decaiga en algunos momentos impidiendo que Call Girl pueda considerarse una obra de culto, pero es sin duda un estupendo inicio en la carrera como director de largometrajes de Marcimain.

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