Atlántida Film Fest: Berberian Sound Studio

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CAH Berberian sound studio

En su nueva película, Peter Strickland nos hace ver con los oídos.

Como en buena parte de los films de David Lynch, en Berberian Sound Studio, el héroe entra en un lugar extraño. Ese lugar, en esta cinta, es un estudio de sonido. Gilderoy (Toby Jones) es un especialista en bandas sonoras contratado para trabajar en la película de un tal Santini (poseedor de un estilo que intuimos similar al del famoso Dario Argento). Ya desde el principio, los detalles –una contestación abrupta, una evasiva, la cordialidad impostada de Francesco– sumergen al pequeño Gilderoy en la incomodidad que late en los relatos de Franz Kafka.  La caricatura de la efusividad latina contrasta con la timidez inglesa del protagonista, que no acaba de hacer suya la película en que debe trabajar. Peter Strickland acierta al combinar el italiano y el inglés. El idioma contribuye al aislamiento del personaje principal, que no comprende el italiano.

Berberian Sound Studio sustenta su estructura en una hermosa paradoja: la cinta de Santini es un giallo (o thriller de terror de serie B a la italiana) lleno de sangre, gore y brujería y, sin embargo, no vemos ni uno solo de sus fotogramas. Aunque a lo largo de la película conocemos los pormenores de su trama, la sordidez de sus escenas sólo existe en la cabeza del espectador.  Ahí está la clave: visualizamos la construcción de los sonidos –actores encerrados en cabinas, emitiendo gritos y gruñidos; operadores destrozando frutas y verduras; Gilderoy mezclando, ecualizando… adentrándose en el mundo de un horror que le desborda.

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La actuación de Toby Jones es excelente, muy por encima del resto del reparto. Le da a su personaje el punto de fragilidad mental que se requiere en una historia como ésta. Desde el comienzo sabemos que el trabajo en una cinta repleta de violencia explícita le desagrada; su desasosiego se hace más y más patente. No vemos lo que ve y, pese a ello, en su mirada está el horror. Y en el sonido.

La luz parpadeante y roja –silencio– nos pone en situación. Hay algo de Mulholland Drive (2001, David Lynch) en esa idea. En cierta escena, Gilderoy se observa en la pantalla del estudio: en ella se proyecta una secuencia que él mismo acaba de vivir (o de soñar), pero doblada al italiano. La escena recuerda a Inland Empire (2006, David Lynch) y es, en mi opinión, el punto culminante de la cinta.

CAH Berberian sound studio 3

Es evidente que Peter Strickland adora a David Lynch, pero Berberian Sound Studio se sitúa, en lo formal, más cerca del canadiense David Cronenberg y tiene, además, muy claras pinceladas de Arrebato (1980, Iván Zulueta). En cualquier caso la propuesta es francamente interesante. Diálogos, música y efectos sonoros nos hacen “ver” la arquitectura del horror por medio del sonido. Al acabar la cinta comprobamos, un tanto inquietos, que las imágenes no vistas del giallo de Santini están ahí, en nuestra mente. Cerramos los ojos y cobran aún más fuerza. No hay modo de escupirlas. Su veneno se ha adueñado de nosotros.

Y, como Gilderoy, deseamos huir fundiéndonos en la pantalla.

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