Atlántida Film Fest: Ausente

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Ausente de Marco Berger, otro título reseñado del Atlántida Film Fest.

Martín, un joven estudiante, se las ingenia sutilmente para pasar la noche en casa de su profesor de educación física. Este hecho da lugar a situaciones incómodas entre los dos, creándose incluso circunstancias equívocas y comprometidas con sus vecinos, provocando que Sebastián, el profesor, se sienta culpable hasta el punto de sentirse amenazado por el secreto de haber acogido en su casa a un menor.

Marco Berger, quien conquistó a la crítica argentina con su primer largometraje Plan B, continúa explorando la sexualidad y el deseo oculto en Ausente, pero abandona aquí el tono de comedia de aquel imprimiendo un matiz frío y trascendente a un guión que comienza con mucha fuerza pero que va decayendo por momentos hasta desplomarse por completo en su última media hora. Lo que empieza como un turbio thriller psicológico, con la perversión adolescente como telón de fondo de un incipiente acoso del alumno hacia el profesor, se resuelve de una manera totalmente inesperada dejándonos una sensación de relleno de un gran vacío argumental.

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Rodada además de una manera aparentemente amateur, Ausente tampoco gana en su baza técnica con una iluminación muy deficiente y un exceso de música que invita a pensar en inminentes giros que nunca llegan a producirse.

Berger intenta sugerir sutilmente con miradas, con planos cortos y con la ausencia de diálogos en la mayor parte del metraje, creando una insinuación de tensión sexual entre los dos protagonistas, pero se queda simplemente en eso, en una constante sugerencia de algo que no termina de concretarse en ningún momento. La inquietud provocada en el espectador durante la primera parte de la película, expectante por lo que previsiblemente pueda pasar, se cae por completo en el momento en el que decide dar una vuelta de tuerca a todo lo que nos ha contado hasta ese momento, intentando además ofrecer una explicación del todo inverosímil e incoherente.

De hecho, resulta algo paradójico que Ausente ganara el premio Teddy Bear en el Festival de Berlín de 2012 a mejor película de temática gay, puesto que, aunque como digo se deja intuir una homosexualidad latente en las miradas de Martín hacia su profesor y sus compañeros, nunca se muestra abiertamente que esa sea la motivación del estudiante, aun cuando el final resulte tan ambiguo y tan abierto a cualquier interpretación.

Tampoco las actuaciones tienen el nivel necesario para levantar este guión tan pobre. El joven Javier de Pietro en el papel de Martín, expresa mucho más cuando simplemente necesita de su mirada que a la hora de desarrollar un personaje que podría haber sido sumamente inquietante en manos de otro actor. Es inevitable recordar la fuerza que Ernst Umhauer confiere a un personaje de naturaleza similar a la de Martín, en la película francesa En la casa de Ozon, y preguntarse por qué Marco Berger desaprovecha una premisa tan interesante de entrada con unas actuaciones tan carentes de carisma.

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Menos expresivo aún es Carlos Echeverría como Sebastián quien, durante todo el metraje mantiene el mismo semblante sin demostrar en ningún momento el estado de confusión y desasosiego que requiere su personaje.

Ausente por tanto es una película no apta para todo tipo de público, tanto por lo que calla como por lo que cuenta, ya que puede resultar terriblemente irritante tanto para el espectador que busca explicaciones coherentes a lo que ve, como a quien goza de un cine más minimalista y sugerente sin necesidad de encontrarse toda una justificación final de lo más forzada.

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