Críticas: Un amor entre dos mundos

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CAH Un amor entre dos mundos

Ciencia-ficción y romanticismo se aúnan en la película de Juan Diego Solanas.

Ante la falta de ideas que últimamente parece imperar en el cine, y sobre todo en las historias románticas, es de agradecer que llegue a las pantallas una película que mezcla amor y ciencia ficción de una manera tan original como Un amor entre dos mundos, horrenda traducción de Upside Down por cierto.

El punto de partida de Un amor entre dos mundos es un universo en el que convergen dos planetas hermanos, separados por la inevitable gravedad que hace prácticamente imposible la coexistencia entre ambos mundos. A modo de metáfora social, el planeta superior está poblado por personas de una posición elevada, es un mundo limpio, rico, trabajador en contraposición con el planeta inferior, una especie de submundo en el que sobrevive una civilización destruida, pobre y al servicio de sus vecinos de arriba.

Como unos Romeo y Julieta del futuro, Adam, un niño del planeta inferior, y Eden, habitante del superior, se encuentran casualmente y entre ellos surge un amor capaz de enfrentarse a todos los peligros físicos y prohibiciones legales que supone pertenecer a dos mundos distintos.

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La idea inicial, así como el contraste visual entre los dos mundos, con una fotografía excepcional que nos muestra el mundo inferior oscuro, frío y con toques de novela Dickensiana, y el superior, futurista con una estética más pura y cálida, son las mejores, bazas de Un amor entre dos mundos que, lamentablemente, pierde toda esa fuerza potentísima con un guión plano y plagado de incongruencias, que no termina de profundizar ni en la historia de amor ni en las diferencias sociales. Da a veces la impresión de que Juan Solanas, director y guionista de la película, cuenta la historia a trompicones, sin explicar por qué están sucediendo muchas de las cosas que estamos viendo en ese momento, Un amor entre dos mundos tiene tantos vacíos argumentales que termina provocando en el espectador infinidad de preguntas no resueltas.

Tampoco ayuda la poca, por no decir nula, química entre la pareja protagonista. Quitando imágenes bellísimas, como la que nos muestra a la pareja por fin unidos, flotando juntos en el punto donde confluyen las dos gravedades, cada vez que Adam y Eden están juntos en pantalla la acción resulta totalmente forzada e inverosímil. Jim Sturgess, que da vida a Adam de adulto, está simplemente correcto en su interpretación. Como percepción personal, cada vez que se emocionaba y estaba al borde de las lágrimas, me daba la impresión de que se iba a poner a cantar All you need is love, igual que su personaje en la magnífica Across the Universe, de la que precisamente toma prestada su apariencia física y estética en esta película. Pero quien realmente está totalmente desaprovechada en Un amor entre dos mundos es Kristen Dunst. Su personaje está tan mal definido que desgraciadamente la actriz sólo puede limitarse a ser la cara bonita, objeto de deseo de Adam.

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Es verdaderamente una lástima que con una premisa tan buena y un aspecto técnico y visual tan admirable, el segundo largometraje del argentino Juan Solanas no llegue a ser la deliciosa película que podría haber sido en manos de otro guionista que profundizara en condiciones en los personajes y en su relación. A pesar de eso es muy interesante su labor como director y, si no se empeña en seguir desperdiciando buenas ideas con guiones tan huecos como este, habrá que tener en cuenta su futura carrera como tal.

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