Críticas: Posesión infernal (Evil Dead)

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CAH Posesión infernal portada

Gran debut, buen remake, correcta película de terror.

No nos cuesta demasiado soltar al talifán que llevamos dentro cuando llegan ecos de un nuevo remake. Es inevitable. No está el horno para bollos, y si hay que gastar dinero, lo mínimo que exige el espectador es que no se mofen en su cara haciéndole pagar de nuevo por algo que ya ha visto. Pero cuando se trata de un título envuelto en aura de culto y venerado por un amplio círculo fandom, las reacciones son aún más violentas si cabe. En 2009 comenzaron a sonar las alarmas, el actor y productor Bruce Campbell dejaba entrever la posibilidad de rodar una nueva versión del clásico original de Sam Raimi, Posesión Infernal. La red se colapsó de iracundos fanáticos vomitando improperios contra la idea de que alguien que no fuera el mismo Raimi pusiera sus sucias manos sobre aquella obra de horror artesanal censurada en varios países en su estreno en 1981 mientras Stephen King se encargaba de hinchar el hype de la época calificándola como “una de las películas de terror más originales” que había visto.

Un jovencísimo Raimi jugaba en aquella cinta de puro terror (aún estremece escuchar la carcajada maníaca de Linda…) con una línea de humor perverso que más tarde se acomodaría y expandiría en las dos secuelas que firmó el mismo director y que convirtieron a la saga de Posesión Infernal en una de las franquicias más icónicas del cine de terror. Si la película alcanzó tal status en su momento y ha ido ganando adeptos con los años es porque conserva aquel espíritu gamberro, cachondo y transgresor. Todo lo que tiene de torpe en definición de historia y personajes se suple con altas dosis de gore casero, virtuosa dirección, ritmo endiablado y una construcción cojonuda de atmósfera aterradora. Terroríficamente muertos (el primer remake de Posesión Infernal propiamente dicho) y El ejército de las tinieblas recuperarían lo mejor de Raimi y elevarían a culto de serie B la figura de Bruce Campbell, quien con el tiempo y los cameos locos, acabaría siendo el invitado estrella de toda Comic-Con al uso de aficionados cinéfilos.

CAH Posesión infernal 2

En 2011, para desgracia de friks coléricos, se confirmaban los rumores del remake junto al nombre del director escogido para resucitar a los demonios del Necronomicón. Fede Álvarez, un tipo uruguayo que colgó en 2009 un cortometraje en youtube (Ataque de pánico), algo así como un Cloverfield latino de robots gigantes de CGI que atacan Montevideo, y al día siguiente tenía la bandeja de entrada desbordada de correos con remitente ‘Hollywood’. Entre ellos, uno de Sam Raimi y Bruce Campbell.

Animalicos, la cara que se nos quedó a todos cuando las imágenes de los primeros clips mostraban una revisión de Posesión Infernal que rezumaba casquería y violencia a destajo. Una carnicería que además prometía no depender del CGI y basarse íntegramente en prótesis y maquillaje, poniéndose así al mismo nivel que Raimi y su equipo, aunque para los primeros la decisión no surgiera de la chulería sino de la necesidad y escasez de medios. Los hay que tener bien puestos para debutar con semejante faena, por mucho que los dos principales avaladores de la franquicia estén detrás de ti. Pero después de todo, ¿vale la pena el trabajo de Fede Álvarez? ¿Era necesaria esta revisión? ¿Es el remake de Posesión Infernal la mejor película de terror de los últimos años? Sí. Psé. No.

La Posesión Infernal de 2013 es básicamente una actualización generacional de la de 1981 que mejora con eficacia aspectos técnicos y narrativos, siempre con el ojo puesto en los límites marcados por Raimi, pero que no logra despuntar por depender en exceso de los clichés del género. Si bien hay un esfuerzo de sumar en historia, impactar con desagradables desfiguraciones plásticas y generar un ambiente cerrado, sucio y putrefacto apoyado en un ritmo que una vez abre las páginas del libro maldito no cede ni un segundo de descanso, se echa en falta inventiva. Y es que no sólo de gore vive el hombre. Bienvenidas son las salpicaduras de sangre fresca con tropezones, vitoreadas también las escisiones y desmembramientos (sobre todo si se comparte con una platea de aficionados al despiporre sangriento), pero recordemos que si gustó tanto The Cabin in the Woods (que se inspiraba ampliamente en la película de Raimi) fue por romper las reglas, descolocar, inventar y sorprender. Y es ese el espíritu que le falta al remake de Álvarez y lo que hace de ella una brutísima película de terror, entretenida y probablemente terrorífica para los menos iniciados en el género, pero ni mucho menos la obra magna de horror que nos han intentado vender. Otra película más dinamitada antes de su estreno por exceso de hype e información, y ya van…

Jane Levy in TriStar Pictures' horror EVIL DEAD.

Desde el chocante prólogo inicial (escena inédita en la saga original) hasta la serie encadenada de falsos desenlaces que germinan en un clímax de explosión hemoglobínica con guiño incluido, la película se esfuerza por sumar en dramatismo y construcción de personajes (sobre todo de la pareja de hermanos protagonista), creando un divertido paralelismo perverso entre los ‘trastornos’ que sufre una de las chicas y el mal profanado desde lo más profundo del bosque. Bien por Álvarez, no es que necesitemos razones y justificaciones en una cinta que basa casi todo su potencial en el chorreo sanguíneo, pero si vas a rehacer algo tan anclado en el imaginario colectivo, al menos tómate el tiempo para agregar algo novedoso.

No seré yo quien ponga en duda la promesa de Fede de huir del CGI (curioso que fuera el mismo tipo que se había empachado de él en su cortometraje), pero también La casa muda prometía ser un solo plano secuencia de 90 minutos y a media película asistimos a unos segundos de silencio y oscuridad total que generan dudas, lo mismo aquí con cierta escena ignífuga. Puntillas aparte, si hay algo que no se le puede recriminar al remake es su sincero descaro visceral, un banquete delicioso de cortes y amputaciones que satisfarán tanto al más curtido experto en laceraciones sanguinolentas como al devoto de aquel Raimi que creaba viscosidades con salsa de aguacate. A ese mismo devoto le alegrará descubrir los constantes guiños a la saga desde el apartado de realización (alguna que otra angulación de cámara y recorrido en primera persona por el bosque…) como a nivel icónico que, obviamente, no desvelaré.

Se echa en falta que domine más del humor socarrón de Raimi por mucho que la original naciera con pretensiones de un terror que con el tiempo y la distancia se antojen involuntariamente cómicas en ciertos aspectos. Está demasiado contenida a nivel dramático para ser un homenaje a la saga de Posesión Infernal (recordemos que hay guiños también a Terroríficamente muertos), aunque toques de humor hay, eso sí, menos evidentes. En parte porque el principal portador de ese humor era un Bruce Campbell imposible de reemplazar. Consciente de ello, Fede Álvarez ni siquiera se molesta en crear un personaje ni la mitad de carismático que él, cosa que agradecemos, de otra manera habría resultado tan forzado que le restaría enteros al conjunto.

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Celebro esta nueva Posesión Infernal, una salvajada repugnante en la que resuenan, durante los escasos 90 minutos que dura (la duración, otro acierto), ecos del sonido de una sirena que sugiere un peligro siempre amenazante, una fiesta para una nueva generación de horror que convive muy de cerca con la violencia explícita. Un sincero y respetuoso homenaje a una obra que, en realidad, lleva años versionándose (¿os suena Cabin Fever?). Una excitante experiencia de terror que nos deja muy satisfechos pero, desgraciadamente, no maravillados.

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