Críticas: Por la cara

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CAH Por la cara

Melissa McCarthy repite rol cómico, ¿repetirá también resultado?

El tercer largometraje de Seth Gordon, tras Como en casa en ningún sitioCómo acabar con tu jefe se centra en un delito al parecer muy habitual en Estados Unidos, el de suplantación de identidad. Algo que podría dar lugar a múltiples situaciones divertidas y equívocos de todo tipo, sobre todo cuando nuestro protagonista tiene un nombre femenino que ya le ha ocasionado más de un simpático inconveniente en su vida diaria.

El prometedor germen de la trama falla en todo lo que podría fallar en su desarrollo, desde un titulo en español tan soso como Por la cara, cuando el original Identity Thief es mucho más revelador, hasta la química entre la pareja de actores que es prácticamente inexistente, y no sería justo culparles a ellos, sino a un guión poco brillante.

Por mucho que lo intente la maravillosa Melissa McCarthy, no consigue levantar la pesada y aburrida losa en la que se convierte el film, y aunque podría convertirse en la reina de lo bizarro y de la comedia más socarrona, porque aptitudes no le faltan como ya demostró con su actuación en Bridesmaids, apenas consigue despertarnos unas sonrisas, ni siquiera al final con su redención ñoña y su transformación digna de una Pretty Woman.

McCarthy nos regala a Diana, una mujer que pasa sus días de compras, excéntrica y esperpéntica hasta el extremo, y que vive a lo grande gracias al arte de duplicar tarjetas de crédito. En esta ocasión su victima será el aburrido y predecible Sandy Patterson (interpretado por el cómico Jason Bateman, mucho mas comedido en su actuación y conocido por lograr cierta fama gracias a Arrested Development) el cual deberá cruzar el país para recuperar su personalidad, su trabajo y su honor y volver al lado de sus hijas y de su mujer embarazada, ahí es nada.

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Como era de esperar, Diana no se lo pondrá nada fácil, y acabarán aunando fuerzas en un accidentado viaje por carretera, un periplo lleno de encuentros inesperados y peripecias que no hay quien llegue a creerse. Por supuesto acabarán encontrando lo que les faltaba al uno en el otro y forjando una amistad a pesar de las diferencias que les separaban.

Los giros cómicos más allá de la lengua viperina y el sarcasmo de su protagonista son repetitivos y manidos, mil y una veces vistos, como la escena de la cena en el restaurante, o la serpiente en el bosque. Su aire de melodrama de Antena 3 a la hora de la siesta sólo busca propiciar la lágrima fácil, metiéndonos con calzador como causa del desorden compulsivo de Diana unos orígenes inciertos que le provocan asumir identidades falsas, y que sólo pretenden que tratemos de empatizar con ella, sin éxito cabe decir.

Tratar de salvar lo que no tiene remedio con unos secundarios brillantes podría ser la solución, pero en esta ocasión, añadir una subtrama que apenas se desarrolla, como es la del cazarrecompensas y los capos de la mafia, hace que los chistes parezcan más forzados aún y te den ganas de huir de la sala.

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Mención aparte merece la aparición de una Amanda Peet muy desaprovechada como esposa abnegada y la casi anecdótica colaboración de Jon Favreau como jefe cabrón al que todos odian.

No esperábamos encontrarnos ante la nueva Dos en la carretera, ni que Bateman y McCarthy se alzaran como los nuevos Goldie Hawn y Steve Martin, pero sí que nos hicieran pasar un rato ameno y echarnos una carcajadas, o como mínimo que nuestros ojos no trataran de cerrarse, algo que lamentablemente no consiguieron.

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