Críticas: Oz, un mundo de fantasía

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CAH Oz, un mundo de fantasía portada

James Franco viaja más allá del arco iris.

En 1939, el guionista Noel Langley adaptó para la gran pantalla el cuento de L. Fraunk Baum El mago de Oz. Dirigida por Victor Fleming e interpretada por la estrella de aquellos años Judy Garland, El mago de Oz, a pesar de su desastroso rodaje y de su fracaso en la taquilla de entonces, se convirtió en un clásico imperecedero que todavía hoy hace soñar a los niños y a los que no son tan niños.

La acción de Oz, un mundo de fantasía se sitúa años antes de que Dorothy llegara al país de Oz arrastrada por un tornado desde su Kansas natal. En esta ocasión conocemos cómo el mago ambulante Oz (el profesor Marvel en la versión de 1939) llega a convertirse en el mago admirado y temido de la ciudad Escarlata. Como un guiño a la película de Fleming, el comienzo de Oz, un mundo de fantasía, sucede también en Kansas y, al igual que a Dorothy, es también un tornado el que lleva a Oz hacia su destino. También está rodado en blanco y negro y es, cuando llega al país de Oz, cuando hace su aparición una explosión de color, en esta además enfatizada por el sistema 3D.

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Salvo también la presencia de muchos personajes que, obviamente, deben aparecer en ambas películas, las semejanzas entre las dos acaban ahí. Mientras que El mago de Oz es un cuento infantil desarrollado con maestría para emocionarnos, el guión de Oz, un mundo de fantasía parece escrito para un público aun más infantil, con una cursilería y una moralina que restan cualquier atisbo de emoción. El que fuera gurú del cine de terror más gore Sam Raimi, parece que en los últimos años ha claudicado ante el cine más familiar, primero con la saga de Spiderman y ahora con Oz, un mundo de fantasía, en las que se echa de menos algo de la provocación de sus primeros trabajos.

El descaro y la socarronería de los que hace gala James Franco como el codicioso, mujeriego y timador mago de Oz, se agradecen dentro de una trama tan aburrida como es la de Oz, un mundo de fantasía, pero también se excede con momentos sensibleros, con unos diálogos tan ñoños que provocan la risa involuntaria cuando lo que se pretende es justamente lo contrario.

En cuanto al resto del reparto protagonista, las tres brujas interpretadas por Michelle Williams, Mila Kunis y Rachel Weisz, es esta última la única mínimamente creíble en su papel, bastante desaprovechado por cierto. Las interpretaciones de Williams y Kunis no consiguen enternecer en ningún momento, y ni siquiera con el cambio producido por el personaje de Mila Kunis hace que su expresión cambie. Curiosamente el personaje que más momentos gloriosos nos regala, es una muñeca de porcelana que acompaña a Franco por el camino de baldosas amarillas.

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El trailer de Oz, un mundo de fantasía, rezaba “de los productores de Alicia en el país de las maravillas”. Junto con alguna de las imágenes promocionales, con un sorprendente parecido con las de Alicia, y la banda sonora de Danny Elfman, mucho nos tememos que no son estas las únicas similitudes entre la cinta de Burton y la de Raimi. Ambas tienen una estética visual de una belleza impresionante, pero un tremendo vacío de guión que las convierte en meros envoltorios sin contenido. Quizá Oz, un mundo de fantasía resulta más entretenida que Alicia en el país de las maravillas, precisamente por esos toques de chulería de James Franco que supera en esta ocasión al Sombrerero loco de Depp.

 

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