Críticas: Los últimos días

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José Coronado y Quim Gutiérrez se enfrentan a Los últimos días.

Barcelona en nuestros días. Un extraño virus asola la ciudad provocando que la gente muera al salir a la calle, por lo que la población se encuentra recluida dentro de los edificios intentando sobrevivir. Entre ésta se encuentran Marc, un joven informático totalmente entregado a su trabajo, y Enrique, un ejecutivo de Recursos Humanos, quienes deciden unir sus fuerzas para tratar de salir en busca de sus seres queridos.

En la última década estamos asistiendo a un crecimiento del género de ciencia ficción y terror en el cine español, combinando historias, más o menos interesantes, con una tecnología cada vez más elaborada, y con nuevas promesas de nuestro cine que no se conforman con seguir el camino marcado de los grandes cineastas de este país en cuanto a relatos conmovedores, sino que apuestan por abrir su espectro al cine más comercial, incorporando efectos técnicos, visuales y artísticos más propios de la cinematografía norteamericana.

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Es el caso de los hermanos Alex y David Pastor quienes, tras su debut en la dirección estadounidense con la también apocalíptica Infectados, en Los últimos días retoman la premisa de aquella de una amenaza invisible que acaba con la población, pero en este caso situando la acción en España y con un guión mucho más trabajado y creíble que el de Infectados. Mientras los personajes de la americana eran bastante planos, con unos diálogos muy vacíos de cualquier atisbo de profundidad, en Los últimos días es precisamente el calado emocional de los protagonistas, el punto fuerte de la historia.  Obviamente, el peso de la película lo llevan entre Quim Gutiérrez y José Coronado mano a mano, dando vida a dos personas, en principio frías y carentes de emoción, que no sólo emprenden un viaje real a través del subsuelo de Barcelona, sino que ese viaje se convierte en un trayecto personal en el que nos hacen partícipes de su desconcierto, su desolación y su rabia, hasta llegar a descubrirnos sus aspectos más desconocidos emocionalmente, incluso para ellos mismos.

Aunque el estímulo de la aventura de Enrique y Marc sea el personaje de, la eterna sufridora, Marta Etura, y no tenga un desarrollo suficientemente amplio para restar protagonismo a los de Coronado y Gutiérrez, paradójicamente son las escenas en las que se expone la relación entre la pareja las que quitan fuerza a la historia y hacen que decaiga el interés, llegando a una parte final quizá demasiado edulcorada.

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Pero si hay un aspecto de Los últimos días que destaque por encima de todo, es la estupenda realización de los hermanos Pastor que, con una técnica visual potentísima, consiguen recrear una atmósfera inquietante y claustrofóbica, y al mismo tiempo con un ritmo al más puro estilo de las superproducciones americanas, tan poco habitual de ver en el cine español, logran una película muy entretenida sólo empañada por esos momentos melodramáticos a los que hacía mención anteriormente.

Es la película, sin embargo, un canto a la esperanza, una especie de renacer. No se acaba el mundo, se acaba el mundo tal y como lo conocemos actualmente para crear otro nuevo en el que dejar atrás todo lo que ha provocado, metafóricamente, ese derrumbe que se muestra en Los últimos días: la deshumanización de la sociedad, el individualismo cada vez más extremo que lleva a la gente a relacionarse casi exclusivamente con máquinas, desechando aspectos esenciales del género humano como son las emociones y la lucha por la supervivencia más básica. En definitiva, Los últimos días es una llamada a la reflexión sobre la forma de vida que llevamos y que puede conducirnos a un, no tan alejado, apocalipsis como el que se muestra en la película.

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