Críticas: Los amantes pasajeros

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Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar

Sabemos que muchos de vosotros lleváis días haciendo cola en las puertas de los cines para ver la nueva película de Willy Toledo. Aquí, podéis leer la crítica.

[Aviso a los pasajeros (y pajilleros) del vuelo de las aerolíneas ‘Peeeedro!’: está crítica está a punto de despegar…]

La perspectiva se suele obtener correctamente desde la distancia y, por lo tanto, cualquier opinión desde nuestro país vertida —o eyaculada— sobre Pedro Almodóvar —ombligo incluido— debería considerarse rancia, inservible y, por obviedad, fútil. Siendo honesto, cualidad principal de los personajes que sobrevuelan Los amantes pasajeros, usted debería dejar de leer esta crítica inmediatamente… pese a que el ser que la escribe tratará de despegarse del suelo que pisa a diario, para someter el objeto de análisis a una distancia que le permita obtener cierta perspectiva. ¿La tiene, de hecho, el director de apuestas al límite como Átame!, Kika o la reciente La piel que habito? Precisamente sobre perspectiva (y superficialidad) trata el nuevo filme de un creador que años atrás decidió reinventarse con cada nueva obra. También de mostrar las sensaciones, propias del cineasta y de muchos ciudadanos, en un visible subtexto que es el espejo del país que representa y del que pretenden huir desesperadamente los ocupantes del avión con más lubricante anal, drogas, alcohol y vicio del firmamento fílmico del 2013.

Guillermo Toledo, Lola Dueñas, Miguel Angel Silvestre en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar

Posiblemente el rechazo de una parte de la audiencia, ante sus últimos proyectos, haya provocado una vuelta del director manchego a la comedia tras el breve inciso que proponía en Los abrazos rotos con ‘Chicas y maletas’. El espíritu y germen buñueliano de El ángel exterminador es evidente, así como la metáfora sobre la trayectoria del propio cineasta que intenta aunar la estilizada comedia coral pop que proponía Mujeres al borde de un ataque de nervios y el humor de trazo grueso de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. El resultado es, contra todo pronóstico, un Almodóvar inédito más cercano al espíritu burlesco-satírico de Azcona y Berlanga que a Los sexoadictos de John Waters. Desde unos créditos low cost a años luz de los de Kárate a muerte en Torremolinos —miedo me da pensar lo que le habrá ‘cobrado’ Mariscal— y el petardeo con su desfase gay-seoso por bandera, Los amantes pasajeros cruza el cielo del absurdo y se instaura como el primer filme digital que rueda el cineasta reduciendo costes de producción y dando ejemplo: a tiempos de crisis, comedia. Absolutamente extraterrestre y con incisiones terrenales desde la estratosfera del post-humor, pretendidamente estúpida, absurda, desquiciante y con olor a culo —o a muerto—, la arcada de Pedro Almodóvar más que desopilante me parece disfrutable desde un prisma alegórico sobre el país de la pandereta y la corrupción. Pese a dejar claro en sus títulos que todo es objeto de la ficción y precisamente ‘marcar’ dicha palabra junto a ‘realidad’ y ‘película’, queda claro al abrir ‘La Vanguardia’ que la realidad siempre supera a la ficción: el país de los aeropuertos fantasmas y las cuentas de ahorros quebradas, en el que siempre se echan las culpas a otro para evitar las vergüenzas propias y en el que la juventud se desangra y es atropellada pero prefiere twittear que solucionar —o solucionar twitteando, ¿es lo mismo? —.

 Blanca Suárez en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar

La plebe ha sido drogada e inducida al coma mientras se debate la crisis ‘de estado’ y se llega a la catarsis. Los ‘actores’ se convierten en los portavoces del pueblo: prostitutas de lujo con destellos bondage y proxenetas que fueron portada en Interviú y fracasaron en el mundo del cine y la canción, sicarios, hombres de negocios y ladrones en fuga, tortolitos siempre adormilados/drogados candidatos a participantes de ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’, videntes vírgenes y, por supuesto, Willy Toledo. La sinceridad y el hedonismo como motor redentor, la libertad sexual y la mentalidad abierta como aterrizajes de emergencia de una propuesta tan certera como irregular y provocadora. ¿Qué he hecho yo para merecer esto! fue su paso definitivo a la madurez y en Los amantes pasajeros, tanto la introducción con la participación de Antonio Banderas y Penélope Cruz como ese despegue, pueden suponer ese elemento metaficcional a lo Carmen Maura atravesando un rodaje. A Freud le encantarían las reiteradas referencias a miembros viriles o ese avión fálico con ese ‘PE’ en su logotipo —¿de Pedro, de Pene, de Pe, de Península…?— sobrevolando el cielo y alcanzando el clímax en un cum-shot explosivo-existencial. Da la impresión que esa trama ‘terrenal’ —pero igualmente extraterrestre con ecos hitchcockianos y momentos ‘chanantes’—, que protagoniza Blanca Suárez con la ¿ayuda? de Paz Vega y Carmen Machi, nos quiere dejar claro que Willy Toledo —con look de toxicómano y traje ‘repúblicano’— tendrá finalmente un desplante en su cruzada ‘roja’. Me esperaba más líneas para La Terremoto de Alcorcón y, para concluir, la película me ha dejado la misma sensación de no saber si es una broma de cámara oculta, un experimento social o una futurible cult movie del infatigable y genial director. Entiendo que funcionará mejor viéndola drogado… o la crisis definitivamente nos ha superado. La situación es desesperada pero la receta almodovariana es simple, directa y sin prospecto: reírse [coreografía de The Pointer Sisters y agua de valencia con mescalina opcional].

Cecilia Roth en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar

Seamos sinceros, lo mejor del estreno de una nueva película de Pedro Almodóvar es leer la crítica de Carlos Boyero. En un arrebato a lo Lola Dueñas y leyendo sus presuntos pliegues testiculares, utilizando un tarro lleno de clavos y alfileres, me dispongo a mostrarles la crítica que todos realmente estaban esperando:

Los amantes pasajeros me parece una notable idiotez, me repugna a todos los niveles. Sufrir su película me ha hecho pensar en dilapidarle con los DVD de las grandes comedias de Howard Hawks, Billy Wilder o Frank Capra. Se trata de una sucesión de tonterías sin gracia, de caprichos vacuamente surrealistas dentro de una película pretenciosa y moderna, tan provocadora que simplemente me produce hastío y aburrimiento infinito. Sus efectos cómicos son de una vacuidad tan vistosa como irritante. No me creo nada, todo es simple envoltorio de diseño y los intérpretes están anodinos o atroces. La única sensación que permanece de principio a fin es la del absoluto tedio. Por supuesto, no me he reído en toda esta película de vedettes histéricas para vedettes histéricas.

4 Responses to Críticas: Los amantes pasajeros

  1. Ruben dice:

    Aunque solo sea por despotricar (a favor o en contra) creo que la voy a ver. Estas son las películas divertidas de comentar

  2. Rubén dice:

    Conclusión: Javi, ¡eres una vedette histérica!

  3. juan luis menor dice:

    M parece que es la peor película que he visto en mi vida en todos los sentidos. Pésimos actores, pésima dirección y sobre todo, pésimo guión. Total, pésima toda la película. Me produjo lo que nunca otra película me ha producido en mi vida, arcadas. No merece la pena ni pronunciar su título.

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