Críticas: Incompatibles

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Incompatibles (1)

Omar Sy y Laurent Lafitte protagonizan una rutinaria buddy movie a la francesa.

El cine comercial francés goza en nuestro país de una fama seguramente excesiva, propiciada por un grupo bastante nutrido de títulos afortunados como Intocable. Pero también son muchas las películas que, a menudo aprovechando el tirón de aquellas, logran hacerse un hueco en las carteleras bajo la vitola de títulos de prestigio teniendo más bien poco que ofrecer más allá de la repetición anodina de una fórmula. El año pasado se estrenó Los infieles tras el éxito de Jean Dujardin con The Artist y ahora llega Incompatibles, segunda película de un David Charhon cuyo debut con la comedia Cyprien tuvo un eco más limitado que la que nos ocupa, que lleva vendidas más de dos millones de entradas en el país vecino. Su estreno –al menos en España, donde incluso la forzada traducción del título parece aludir a ello– se aprovecha de la popularidad de su protagonista Omar Sy tras el descomunal éxito de la mencionada película de Olivier Nakache y Éric Toledano, con la que obviamente no tiene nada que ver. Porque lo que se cuece detrás de la fachada, en este caso, merece escasos halagos.

Incompatibles (2)

Incompatibles nos sitúa en el centro de la investigación del asesinato de un líder de la patronal en los suburbios de París, en cuyo marco el agente de delitos financieros Ousmane Diakhité parece destapar una oscura trama de corrupción. La circunstancia le obligará a trabajar codo con codo con François Monge, un capitán de la brigada criminal de París que desconoce los entresijos de los barrios bajos y parece vivir en un mundo completamente opuesto al de Ousmane. Efectivamente, todos los peores lugares comunes de las buddy movies se hallan indisimuladamente presentes en una propuesta que apunta poco de inicio y termina por ofrecer aún menos, con una trama criminal de escasísimo interés y que atraviesa no menos clichés hasta su desenlace.

Anodina y previsible hasta extremos difíciles de tolerar, su principal sustento se encuentra en el consabido choque de caracteres, subrayado constantemente por el paralelismo de los protagonistas con los personajes de Jean-Paul Belmondo en El profesional y Eddie Murphy en Superdetective en Hollywood. A esto le añadimos un omnipresente trasfondo social, que nos conduce entre la realidad de los suburbios en varias escenas que pese a estar desaprovechadas son sin duda las mejores del metraje, muy por encima de las trilladísimas persecuciones o la desabrida trama familiar de rigor. De haber profundizado algo más en este aspecto, aun sin alejarse lo más mínimo del perfil de película que es, estaríamos hablando de un resultado mucho más loable.

Incompatibles (3)

En el lado positivo está también el carisma de Omar Sy, que vuelve a merendarse a su compañero de reparto en cada escena. Laurent Lafitte, habitual secundario presente en las películas de Guillaume Canet, se prestaba a ser una especie de poor version francesa de Ernesto Sevilla, pero su gracia y talento no aparecen por aquí en ningún momento. También hay que decir que el engranaje cómico de Incompatibles, sin ser precisamente brillante, se halla bastante por encima del conjunto; reconocer que, al menos, convierte en realidad el tópico de que salta a la vista que el equipo se ha divertido haciéndola. Es de suponer que Incompatibles contará con un público capaz de apreciar cada cliché y giro fácil, pero también que puede acabar decantándose por otras propuestas de corte similar y mucho más afortunadas. Con todo, quizá posea la capacidad de resultar una película simpática, de esas que caen en gracia casi sin saber uno por qué. O sí: tal vez Omar Sy aporte la principal clave.

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