Críticas: Anna Karenina

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CAH Anna Karenina

Viajamos a la Rusia de los Romanoff de la mano de Joe Wright.

La primera novela que publicó Leon Tolstoi y que ha llegado a ser una obra maestra de la literatura rusa, Anna Karenina, comenzó siendo un folletín con ocho actos sobre un romance en la alta sociedad, sirviendo como crítica de la hipocresía en la que vivía inmersa la aristocracia de la época. La universalidad de las diferentes formas de sentir el amor plasmadas en la novela, han sido desde siempre motivo de inspiración para su adaptación al cine o incluso al ballet, y de la cual nos llega ahora la octava versión cinematográfica que se hace de la historia de Anna Karenina, con una estética y un decorado originales y muy diferentes a todo lo visto anteriormente.

Casada con un ministro y perteneciente a la élite de la sociedad de San Petersburgo, Anna lleva una vida tranquila junto a su esposo y su hijo hasta que, en un viaje a Moscú para convencer a su cuñada de que perdone a su mujeriego hermano, conoce al oficial de caballería Vronsky, surgiendo entre los dos una chispa que poco a poco se convertirá en un amor que acabará haciendo temblar los cimientos de la vida “perfecta” de Anna.

La visión de esta Anna Karenina se desarrolla casi por completo en un escenario teatral, como metáfora de la decadente alta sociedad rusa de finales del siglo XIX, cual decorado para interpretar culturas e ideas importadas sobre todo de Francia. El artificio en las actitudes hipócritas de la nobleza rusa, se representa en un escenario enorme en el que caben desde las habitaciones donde Anna finge ser buena esposa, el salón de baile en el que se enamoran Anna y Vronsky aparentando ambos estar preocupados por la felicidad de Kitty o la carrera de caballos con toda la aristocracia simulando sorprenderse ante la confirmación de los sentimientos de Anna hacia Vronsky, mientras su marido finge no enterarse. Los interiores del teatro, el escenario y las puertas y telones que dejan paso a nuevos decorados, desaparecen cuando los personajes dejan de fingir y viven sus vidas con sinceridad.

CAH Anna Karenina 2

La apuesta del director Joe Wright por buscar la teatralidad, no sólo con los decorados, si no también con una dirección artística elegantemente coreografiada tanto en las escenas en las que la música es la protagonista como en las que no (toda la figuración es un cuerpo de bailarines que se mueven casi al unísono pasando de ser funcionarios a camareros sólo con un paso de baile) es, junto a una maravillosa fotografía en las entrañas del gran teatro y en los exteriores, y el vestuario, que no por casualidad ganó el Oscar, lo mejor de una película en la que, precisamente por la importancia que le da al aspecto externo, abandona la intensidad de la novela de Tolstoi con un guión que no termina de profundizar en la historia ni en alguno de los personajes.

Si bien no es fácil condensar en un guión cinematográfico, a pesar de los 130 minutos de duración que tiene la película de Wright, todas las ramificaciones de la novela de Tolstoi, el guionista Tom Stoppard ha intentado ser lo más fiel a ella introduciendo todas las historias paralelas a la principal, lo que hace que, precisamente por querer abarcarlo todo, queden bastante desdibujadas y superficiales frente a la historia de amor de Anna y Vronsky. Tampoco esta última tiene en algunos momentos la intensidad necesaria para provocarnos la empatía y la emoción necesarias para conectar con ella, hay diálogos entre los dos enamorados de una banalidad totalmente innecesaria.

En cuanto a las interpretaciones, indudablemente todo el peso de la película recae en Keira  Knightley y Aaron Taylor-Johnson, en los papeles de los amantes, pero ni Taylor-Johnson es capaz de transmitir la pasión que requiere su personaje, ni Knightley hacernos olvidar a la Garbo. Con Keira Knightley me sucede, y esta es mi percepción personal, que, cuanto más utiliza esas explosiones emocionales que tanto le gusta hacer en los personajes dramáticos que interpreta, menos me la creo. Resulta más verosímil cuando simplemente tiene que limitarse a sonreír e interpretar a la amante esposa y madre aparentemente feliz.

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Quien si sorprende para bien en Anna Karenina es Jude Law en su papel de marido engañado, con una actuación sobria y comedida acorde con un personaje que trata por todos los medios de ocultar sus sentimientos y su orgullo herido para no caer desde la posición social y moral en la que se encuentra.

Si uno se deja llevar y disfruta del espectáculo visual que ofrece esta nueva versión de Anna Karenina, las dos horas y diez minutos que dura la película no se hacen en absoluto largas, pero para quien pretenda encontrar una adaptación fiel y emocionarse con la historia, es muy posible que salga algo decepcionado del cine.

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