Atlántida Film Fest: Wrong

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Cuentin Dupieux vuelve a jugar con la comedia absurda en una nueva película del Atlántida Film Fest.

Errar es humano. El que les escribe lo acaba de hacer, a propósito, en el inicio de este texto para referirse al director de Wrong, Quentin Dupieux. Músico, productor y realizador a partes iguales, el galo vuelve a buscar la carcajada del espectador, al que hace cómplice del propio espectáculo, por el camino más complicado. La historia minimalista de un hombre, Dolph, que simplemente busca a su perro en un universo repleto de situaciones absurdas, a ojos del espectador, que además salen continuamente mal, probablemente la acción más cercana a la conducta del humano en todo el metraje.

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Desde la primera secuencia, Dupieux nos muestra que no estamos en un marco convencional: unos bomberos se muestran indiferentes mientras una furgoneta arde. Como si de un mal día de la marmota se tratase, por mucho que se esfuerce su protagonista, un correcto Jack Plotnick en su papel de inocente absoluto, las cosas que le rodean están condenadas a fallar en su camino para reencontrarse con su querido can. La mayoría recurre al absurdo argumental (una palmera que se convierte en un pino o muertos incapaces de morir) pero hay para todos. Tan sutiles como aparcar en una plaza para minusválidos o tan rebuscados como buscarle las vueltas al logo de una pizzería. La antología del error va más allá, llegando incluso a la post-producción de la cinta, añadiendo efectos súbitos de sonido para otorgar suspense a una película que carece por completo de él. El imaginario de Wrong está repleto de ellos en escenas surreales para buscar la carcajada en la audiencia familiarizada con el post-humor.

La sensación es que el director quiere buscar una justificación para repetir la fórmula del éxito. La constante referencia a su película precedente (Rubber, 2010) son inevitables, con la salvedad de que en esta ocasión juega con el género de la comedia y no el terror. Dupieux repite incluyendo la figura del espectador dentro de su propio film. Si en Rubber había un grupo de personas observando qué sucedía cada instante, cómo la trama se detiene cuando la propia película “expulsa” a su audiencia y la necesidad de continuar por ese hombre fiel que aguanta (aunque no siempre con el clímax esperado), en Wrong encontramos tres pasajes protagonizados por el vecino del protagonista. En la primera secuencia ya busca subirse a su vehículo en busca de nuevas emociones, lejos de lo que le rodea, aunque desconoce el rumbo que va a tomar y dónde piensa llegar. Superada la mitad del metraje, volvemos a encontrarnos con nuestro reflejo en la película, rumbo al fin del mundo, sin llegar a comprender demasiado bien cómo avanza todo y, por último, en la escena final, reflejo de un espectador absorto en la incoherencia de su viaje.

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El carrusel de personajes que acompaña a Dolph va desde lo esotérico hasta lo puro pero su finalidad no es otra que interactuar y complicar al protagonista. Al igual que en su anterior obra, vuelve a aparecer su particular visión de la autoridad a través de la figura del policía, modelo que será la base de su próxima película (Wrong Cops, 2013) y que resulta tan grotesca como el resto del elenco. Cabe el riesgo de trocear la película en gags por la debilidad de hilo argumental que une todo (y bien poco que le importa a Dupieux) y dejar de valorarla como conjunto. La historia gira sobre sí misma demasiado rápido y ofrece último tercio ligeramente irregular en comparación con el resto. La estética tira de desenfoques alternados entre primer y segundo plano para incrementar la turbación del espectador. La sensación final aun así es satisfactoria. Dupieux nos ha vuelto a enredar en su humor y juego cinematográfico. No se puede decir que darle una oportunidad a Wrong sea un error.

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