Críticas: Dos días en Nueva York

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CAH Dos días en Nueva York

Es el día Delpy en Cinema ad hoc.

En 2007 Julie Delpy escribió, dirigió y protagonizó Dos días en París, una especie de intento de recreación de Los padres de ella pero con el toque chic, cool y “verborreico” tan habituales en la francesa. El resultado fue una serie de clichés exagerados sobre Francia y los franceses planteados para provocar la risa, con una mezcla de mensaje pseudo intelectual a lo Woody Allen que no terminan de cuajar ni juntos ni por separado.

Con dos años de retraso nos llega ahora la secuela de esta película, Dos días en Nueva York, que no sólo no consigue superar a la anterior si no que resulta todavía más irritante que aquélla, siendo además una copia casi exacta en la forma y en el fondo. La acción se sitúa cuatro años después de que Marion (Delpy) y su novio americano Jack (Adam Goldberg) pasaran dos días junto a la familia de ella en París. Marion y Jack se han separado después de tener un hijo al que ahora cría ella junto a su nuevo novio Mingus (Chris Rock) en Nueva York. La relación de Marion y Mingus es ¿idílica? hasta que la familia de ella llega a la ciudad para pasar unos días. A partir de ese momento volvemos a ver la misma historia que en París pero con el Empire State de fondo en lugar de la Torre Eiffel. El alocado padre de Marion, interpretado por el propio padre de Delpy, Albert Delpy, la hermana ninfómana Rose y el nuevo novio de ésta y antiguo amante de Marion, Manu, trastocan por completo la vida de Mingus y su relación con Marion. Tal y como le pasaba a Jack en Dos días en París, Mingus se siente abrumado con las insinuaciones sexuales de su cuñada, las excentricidades de su suegro, las agresivas peleas entre Marion y Rose y, sobre todo, por la presencia de Manu provocando en él una inseguridad por el pasado amatorio de Marion. Es curioso que tanto Jack como Mingus descubran tras un par de años de relación con Marion, no precisamente perfecta sexualmente hablando en ninguno de los dos casos, la promiscuidad parisina de ésta, así como su comportamiento desquiciado cuando tiene a su familia cerca.

CAH Dos días en Nueva York 2

Delpy vuelve a escribir y dirigir Dos días en Nueva York para su pleno lucimiento.  A su locuacidad exasperante se le unen una sucesión de tics, morritos, pucheros de los que hace gala durante toda la película, porque además, el personaje de Marion está presente en el 90% de las escenas. Al igual que en Dos días en París, el papel de su pareja en la ficción, en este caso el de Chris Rock, queda supeditado a los de Marion y su familia convirtiéndose en un personaje sin fuerza, una suerte de Allen neoyorquino desquiciado sin la firmeza de un buen guión con el que demostrar su talento para la comedia. Del ¿papel? de Daniel Brühl tanto en Dos días en París como en Dos días en Nueva York, sinceramente no se me ocurre nada que decir…¿realmente era necesario?

2 Days in New York

La carrera fuera de la actuación de Julie Delpy tiene claras referencias a su gran amigo Richard Linklater, quien puso a Delpy en el punto de mira del cine indie de mediados de los 90 con Antes de Amanecer. Precisamente el guión de las dos secuelas de ésta, lo firma la propia Delpy, pero mientras Linklater sabe reflejar los sentimientos sin trampas de ningún tipo y rodar tanto diálogo de una manera sencilla y directa que emociona al espectador, Delpy se pierde en un cúmulo de situaciones imposibles, imágenes bucólicas subrayadas por sus monólogos de filosofía barata, y recorridos turísticos que crean una sensación de agobio y desconcierto ante lo que se está viendo.

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