Berlinale 2013: Día VII

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CAH Claude Lanzmann

Claude Lanzmann: El autor de Shoah, homenajeado ayer en Berlín.

¿El cine ha de ser sólo narrativo? ¿Es acaso su única función? ¿Encajar piezas como quién hace un puzzle? No, no y no evidentemente. En realidad, ya desde sus inicios los cineastas soviéticos (los Vertov y Eisenstein) nos demostraron que la narración de una película no tiene que ceñirse única y exclusivamente a contarnos una historia. Una tendencia que con el paso del tiempo fue haciéndose cada vez más minoritaria, de circuitos muy pequeños de aficionados pero que nunca ha llegado a desaparecer del todo, desde luego. Aunque no  existan proyectos que en su conjunto son tratados de manera no narrativa (por decirlo así), en casi todos los largometrajes siempre ha habido y hay pequeñas pildoritas o fragmentos que se limitan simplemente a expresar una idea o una emoción. David Lynch es sin duda el gran abanderado de la actualidad de este tipo de cine, aunque hay muchos más ejemplos, como ese fascinante experimento sobre el giallo, Amer de Helene Cattet y Bruno Forzani. Todo esto viene a cuento por supuesto de Upstream Color de Shane Carruth, de la que hablaremos al final del artículo y que se ha convertido en una de las sensaciones de la Berlinale (fuera de la Sección oficial y dentro de Panorama), como ya cabía esperar tras su paso por Sundance.

CAH Harmony lessons

Pero empecemos como siempre en el orden cronológico de la jornada, la primera ópera prima de la Sección oficial que vimos hace unos días nos dejó bastante consternados (adjetivando con eufemismos periodísticos), se trataba de The Necessary Death of Charlie Countryman de Fredik Bond. Sin embargo, el segundo director de la presente edición cuyo primer film se estrena compitiendo en la Berlinale, algo realmente muy reseñable, el kazajo Emir Baigazin, nos ha sorprendido muy gratamente con Harmony Lessons. Aslan, un niño muy retraído, comienza a ser objeto de bullying por sus compañeros de escuela. No es un colegio cualquiera, reina toda una jerarquía de clases donde gobierna la el más fuerte de su generación, ellos a su vez sirven a sus mayores, una especie de reino animal, donde los que tienen la fuerza están por encima de los débiles.

Baigazin explora las relaciones de poder que se establecen ya desde la adolescencia, el papel que tiene cada uno dentro de su entorno pero Aslan, interpretado de manera genial por el joven Timur Aidarbekov, también es un niño muy particular. En su interior tiene soterrado un lado oscuro y violento, lo vemos en el portentoso arranque del film donde degüella a un cordero y lo trocea, y también en otras escenas torturando insectos. El odio que guarda, de manera muy silenciosa, hacia el matón de turno que le humilló y se encargó de marginarlo lo expresa de esa manera infantil que provoca cierta comicidad pero también miedo y desconfianza. Aslan es seguramente uno de los personajes más complejos que hemos visto a lo largo de la semana, un chico muy introvertido que esconde un mundo interior muy tenebroso en su mirada. Todo resulta muy minimalista, más radicalizado en su primera hora, y cada pequeño detalle de los actores queda muy potenciado. Según nuestra perspectiva, nos parece una película que es carne de premios. Veremos el sábado.

CAH Dark blood

Tras ella, venía el turno de “revivir” a River Phoenix con Dark Blood de George Sluizer. Los precedentes que hay que conocer sobre el film son tan fundamentales que el propio director incluye una explicación al inicio del mismo. La fecha de rodaje data del año 1993, a once días de que finalizara, Phoenix apareció muerto de sobredosis en una discoteca, propiedad por entonces de Johnny Depp. En 2012 la productora holandesa Eyeworks ayudó a terminarla (aunque ahora mismo no se sabe si va a poder estrenarse en salas comerciales por un problema judicial con la aseguradora que custodia el material).

Dark Blood se inicia con una pareja (Judy Davis y Jonathan Pryce) que  viaja con su coche por el desierto, al sufrir éste una avería en mitad de ningún sitio, tendrán que ir en busca de ayuda, Boy (River Phoenix) será quien les dé cobijo en su casa, un tipo bastante excéntrico y traumatizado por la muerte de su mujer.

Se hace muy complicado hablar de esta película dado que está incompleta, las escenas que no pudieron rodarse están resueltas mediante capturas de fotogramas (congelados) con la voz en off del director narrándonos lo que sucedía en esas secuencias. Más allá de que el recurso nos parezca mejor o peor, y sin olvidar que disponían de escasas posibilidades, es obvio que esta intromisión tan fuerte en el cine de ficción más o menos comercial, genera un distanciamiento muy inapropiado. Bajo esta sesgada visión que comentamos, la dirección de Sluizer nos resultó muy convincente, realizando planos de mucha plasticidad en los movimientos de steady-cam y planos generales prototípicos del western que siempre funcionan en pantalla. Hay muchas imperfecciones en cuanto a su tono, generando puntos cómicos donde no debería haberlos, sobre todo con Pryce, el menos creíble del trío de actores.

CAH Frances Ha

Afortunadamente hoy, en el día de San Valentín, no tuvimos pase de prensa a las tres en el kino 7 de los Cinemaxx. No nos han regalado ninguna flor ni tampoco hemos regalado nosotros, pero preferimos este gran detalle desde luego. Así que con un descanso un poco más largo del habitual, después de charlar en la zona de prensa del Berlinale Palast, fuimos de nuevo al Friedrichstadt Palast, la sede principal de la sección de Panorama, para ver Frances Ha de Noah Baumbach. Una pequeña y deliciosa comedia estadounidense del director de Una Historia de Brooklyn, protagonizada por la encantadora Greta Gerwig. Aunque la acción está contextualizada en el presente, el maravilloso blanco y negro fotografía por Sam Levy y la actuación de su reparto nos llevan a un mundo pasado, un mundo que más que haber existido realmente, nos es conocido por las películas, por todo el cine de los 70 y 80 que hemos visto. La reminiscencia más cercana es sin duda Woody Allen, el tono del reparto y el ritmo de diálogos nos llevan a la etapa de Manhattan, Annie Hall o Broadway Danny Rose.

Frances es una joven de veintisiete años que persigue el sueño de ser bailarina, es alocada e ingenua, pero a la vez profundamente tierna y divertida. Mantiene una estrechísima relación de amistad con Sophie, ambas disfrutan de su vida en Nueva York. Baumbach trata de describir a través del personaje de Greta Gerwig el valor de la amistad y fundamentalmente el paso del tiempo. Estructurada en capítulos, a los que dan nombre las distintas direcciones en las que vive Frances, cada uno de ellos nos llevan a un nuevo paso en la vida, a una etapa diferente pero indisoluble de su pasado. Las imágenes rebosan magnetismo, Nueva York es la ciudad del cine por excelencia, una ciudad en blanco y negro. Otra pequeña joya del cine independiente estadounidense que, al igual que Prince Avalanche, nos ha conquistado.

CAH Upstream color

Y vayamos ya a la que es la película del día: Upstream Color de Shane Carruth. Con cierta prevención nos acercamos a los Cinemaxx con cuarenta minutos de antelación para posicionarnos lo mejor posible en la sala. La sorpresa fue que la cola de gente a la espera daba a la vuelta a todo el primer piso y llegaba a la escalera. En el transcurso de dicha espera hasta la apertura de puertas la aglomeración llegaba incluso fuera del mismo cine  donde todos aguardaban su momento para acceder. Creo que ya hemos descrito la expectación y ahora es cuando toca decir que durante la proyección hubo muchas “bajas” y es que nos hallamos ante un film, como decíamos al inicio, al que el público general está muy poco habituado. Shane Carruth es su autor, habría que ponerlo casi en mayúsculas dado que él actúa, dirige, escribe el guión, produce, firma la dirección de fotografía, compone la música y figura como unos de los montadores, es decir, lo hace todo.

Tras su proyección, Carruth estuvo respondiendo a las preguntas de aquéllos que quedaban, casi todos encantados con lo que habían visto y que buscaban respuestas a todo lo que no habían entendido. El autor ofrecía, de la mejor forma posible, explicaciones sobre las metáforas narrativas, resumiendo la película con algunas frases como: “Se trata de que todos estamos conectados, todo está unido”, algo sin duda más pretencioso que la mera atracción de un hombre y una mujer. Sin embargo nosotros debemos ser más básicos y simplemente nos dejamos llevar por sus imágenes extrasensoriales y por el que es uno de los montajes de sonido más absorbentes que hayamos escuchado en una sala de cine. Cuando Carruth se limita a buscar las relaciones en las texturas, en los movimientos de los personajes y de la cámara, en los sonidos… es cuando el largometraje sube muchos enteros, si bien es cierto que en ocasiones cae en una narrativa muy fragmentada, tipo tráiler y videoclip.

Aunque no sea muy habitual decirlo, se nos quedan muy cortos los noventa y seis minutos de metraje. Esos bloques de secuencias narrados de manera tan sintética y picada, nos piden un poco más de tiempo para poder detenernos en ellos y poder interiorizarlos mejor. Upstream Color alcanza en muchas ocasiones el virtuosismo en el montaje abstracto, la brillantez del cine en estado en puro, de la imagen y el sonido volando por todo lo alto, la transmisión de los sentimientos y sensaciones más primigenios que casi se convierten en físicas. No es cuestión de entender sino de sentir, de dejarse llevar por el ritmo de su sonoridad, de abrir los ojos y deleitarse con lo que la imagen te interpela.

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