Críticas: El último desafío

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Doble reseña para festejar el retorno a la pantalla de Governator, el Grande.

El desafío del último gran héroe por lady_daena

Schwarzenegger cumple sus promesas, ha vuelto tal y como nos amenazaba. Arnold sigue ahí y si Indiana Jones podía volver pasada la edad de jubilación, hijo incluido, Terminator también. The Governator (serie de animación incluida) vuelve de su retiro, tras casi una década (sin contar los mercenarios y secuela donde no era protagonista) dedicada a sus “quereseres” políticos, para el debut del surcoreano Kim Ji-woon (Encontré al diablo, Dos hermanas) en Hollywood.

En esta aventura nos muestra una repetición de los tópicos vistos una y otra vez (sabes exactamente que pardillo va a morir y con quien acabará la chica, quien es el malo maloso y quien el policía torturado por su pasado, nos hubiera faltado una bomba en el retrete y el cuadro habría sido completo) pero en esta ocasión los fans de esa época dorada allá por los 80, y los films de acción de los 90, lo agradecen. Arnie nos da un festival de acción desde su inicio, hasta el lienzo de los créditos finales, de chascarrillos, humor negro y situaciones rocambolescas, que funcionan, unido a unos secundarios de lujo y se autoparodia en lo que podría ser un telefilm de Antena 3 (o lo que ellos llaman “El peliculón”) demostrando que sabe reírse de sí mismo y del género sin caer en el completo ridículo.

Ray Owens (Tito Chuache), tras retirarse del departamento de policía de L.A, vuelve a su pueblo natal, Sommerton Junction, hasta entonces un pueblecito tranquilo, para convertirse en un sheriff venido a menos. Esta será también la última parada de Gabriel Cortez (Noriega) tras escapar del FBI a bordo de un Corvette ZR1 a 400 km/h poniendo en jaque a  Forest Whitaker (como un estirado agente de la ley) en su huida contrarreloj por cruzar la frontera.

Noriega entra al trapo en esta americanada, tras su incursión en En el punto de mira, incluyendo un cuerpo a cuerpo con Chuarche donde este último se come con patatas al de Santander, al estamos tan acostumbrados que se nos hace raro y poco (muy poco) creíble verle como miembro de tercera generación de un cártel de la droga mexicano, sobre todo porque en el momento de enfrentarse a puño limpio, como en un combate de wrestling, el patrio tiene todas las de perder, de lejos, y es que les hemos conseguido (bien!!) colar a otro malvado a los americanos como Jordi Mollá y Luis Tosar, esos narcotraficantes en Blow y Corrupción en Miami, Álex González y su pelo al viento en X-Men o el último villano nacional, Javier Bardem en No es país para viejos y Skyfall.

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Así llega el crepúsculo del último gran héroe  americano, viejo, pasado de moda, como el Clint Eastwood de Sin perdón, un western moderno en definitiva, que incluye el tiroteo final en esa cafetería que hace las veces de Saloon y con un código de honor presente. Sin duda Arnold no es el que solía ser y es que los años no perdonan, pero aún es capaz de dar un buen gancho de derecha, aunque sea a la taquilla.

Why so serious? por Sofia Perez Delgado

El último desafío, una película sobre un sheriff de un pequeño y tranquilo pueblo que tendrá que enfrentarse a un importante narcotraficante fugado, supone la vuelta del “actor” Arnold Schwarzenegger al cine de acción al estilo ochentero que le hizo famoso. Arnie, con su particular carisma, sabe hacer una auto parodia de sí mismo y reflejar en su personaje su propia fatiga de los años que ya le pesan. Pero quien tuvo retuvo, y cuando se trata de hacer justicia, no hay nadie que se le pueda enfrentar. El director coreano Kim Ji-woon (I Saw the Devil) se pasa al cine estadounidense con una revisión moderna del western, en la que su mayor virtud es saber adaptarse y hacer una película “de Schwarzenegger” con carreras de coches, tiros, sangre, topicazos y frases lapidarias que arrancan las carcajadas y los aplausos de los espectadores. Y es que El último desafío, como demuestra toda su parte final, sólo se puede tomar a cachondeo, entendida como un divertimento para fans del género sin más pretensiones. Cuando la película intenta tomarse más en serio, es decir, cada vez que Arnie no sale en pantalla, con toda la trama del narcotraficante (un Eduardo Noriega que consigue la combinación perfecta entre sobreactuación y sosería, es decir, el horror) y demás, es cuando no funciona, aunque técnicamente tiene momentos espectaculares. No hay que dejar, además, de prestar atención al resto de reparto, que además de Arnie y el lamentable Noriega, también andan por ahí Forest Whitaker, Peter Stormare, Luis Guzmán o Rodrigo Santoro, entre otros. En conclusión, El último desafío es una flipada de proporciones épicas, una lucha de egos de tipos duros por ver quién la tiene más grande (el arma, se sobreentiende).

CAH El último desafío 3

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