Críticas: Amor y letras

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CAH Amor y letras

Elizabeth Olsen sigue siendo la hermana buena, repasamos la nueva película de Josh Radnor, Amor y letras.

Amor y letras es la segunda película como guionista-productor-director de Ted Mosby….perdón, de Josh Radnor, ¿o no? Y es que, por mucho que lo intente, Radnor no es capaz de liberarse de su personaje entre otras cosas porque tiene demasiados puntos en común con Mosby y que, además, traslada a los protagonistas de sus películas, como por ejemplo su origen. ¡Nadie tiene tanto amor a Ohio como Josh Radnor!

Una vez que asumimos que vamos a ver al mismo personaje al que llevamos siguiendo durante varias temporadas en su periplo en busca de la madre de sus hijos, Amor y letras se convierte en una película de ésas que hay que ver de vez en cuando para que nos ayude a saber quiénes somos. La premisa de la misma es el afrontar el paso del tiempo, asumir que todos envejecemos y que cada edad tiene su razón de ser. El rechazo de los personajes de Amor y letras a crecer les hace comportarse y querer volver a ser jóvenes, lo que precisamente les lleva a crecer interiormente y descubrir que los días universitarios, los amores adolescentes, los trabajos… son cosa del pasado, cosa de universitarios, adolescentes y trabajadores en activo.

El problema de esta película reside en la forma de contarnos esta superación de las crisis de edad que tienen los protagonistas. La historia es tratada como una comedia romántica en la que Jesse (Radnor), un asesor estudiantil cansado de su trabajo, acepta la invitación de un viejo profesor para hablar en su fiesta de jubilación. Jesse vuelve a su antigua universidad, en Ohio obviamente, y allí conoce a Zibby (Elisabeth Olsen), una adolescente con unas inquietudes intelectuales que pronto deslumbran a Jesse, al mismo tiempo que ella se siente atraída por ese treintañero al que poder engatusar con sus encantos. Pronto Zibby pretende que su relación de amistad pase a mayores con la consiguiente inquietud de Jesse que, a partir de ese momento, se replantea su vida en base a lo que ha vivido y lo que le queda por vivir al lado de “una chica con la edad adecuada”.

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La película podría quedarse en una interesante (no)-historia de amor con trasfondo psicológico, como en la notable El lado bueno de las cosas, de no ser por el tono pedante y pretencioso que utiliza Radnor en todo el metraje. La mayor parte de la historia se desarrolla en el ámbito universitario y, a excepción del personaje de Zac Efron, todo el elenco juvenil utiliza un lenguaje snob impropio de adolescentes universitarios de 2012. Es curioso que en toda la película no aparezca ninguna mención a Internet, redes sociales o smartphones, por muy romántico que pueda resultar hablar de música clásica, libros o escribirse cartas manuscritas.

Sin embargo, hay en Amor y letras varias interpretaciones dignas de mención como la de Elisabeth Olsen que, aunque no consigue que empaticemos del todo con su personaje, le da un toque dramático en algunos momentos que se agradece. Pero sin duda las mejores actuaciones se las reservan los secundarios Richard Jenkins, como el antiguo profesor de Jesse que se resiste a aceptar su jubilación, John Magaro en un interesante papel de adolescente depresivo, y la sorpresa de la película, Zac Efron interpretando a un “colgado” que precisamente es quien nos da la clave para aceptar el cambio que supone el tiempo en la vida de las personas. Es una pena que Radnor no desarrolle más a estos tres personajes, que se quedan en meros espectadores de la historia principal, aunque su dirección de actores está bastante bien conseguida.

Como digo, Amor y letras merece la pena más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. El tema del miedo a hacerse mayor en cualquiera de las etapas de la vida, y cómo esas crisis de edad pueden desembocar en el ridículo más absoluto, es lo suficientemente interesante como para banalizarlo calculando diferencias de edad (la escena en cuestión es de vergüenza ajena). El mejor resumen del paso del tiempo se hace en una escena entre Josh Radnor y Allison Janney: “- ¿Qué le pasó? – La vida me pasó.”

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Si Radnor consigue mantener alejado a Mosby y su pedantería, puede tener un gran futuro como director, pero ese “gafapastismo” choca con las historias que pretende contar. Esperaremos a su siguiente película para ver si logra emocionarnos de verdad.

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