V Festival de Cine Italiano de Madrid

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El pasado jueves 29 de noviembre concluyó en Madrid la quinta edición del Festival de Cine Italiano. Durante siete días cerca de cinco mil espectadores pudieron ver en los Cines Verdi una importante selección de esta cinematografía, de la que salieron premiados los documentales La nave dolce –reseñado a continuación– y Terramatta, junto con los cortometrajes Dell’ammazzare il maiale y Terra. Además de exponer nuestra breve cobertura queremos agradecer a la organización, en especial al amigo Iván Barredo, el excelente trato dispensado y desear que puedan ser muchas más las ediciones de esta muestra. A continuación los títulos vistos.

LA NAVE DOLCE, de Daniele Vicari

Daniele Vicari –de actualidad también por el estreno de Diaz: No limpiéis esta sangre, firmada en el mismo año– cuenta en este documental la historia del desembarco a principios de los 90 de más de veinte mil albaneses en las costas italianas a bordo de un carguero secuestrado, así como del modo en que la ilusión por llegar a la tierra prometida se tornó rápidamente en pesadilla cuando fueron posteriormente confinados en un campo de fútbol. Se vale de imágenes de archivo, algunas de ellas realmente impactantes, mezcladas con otras de los bustos parlantes de los protagonistas en la actualidad, siendo lo primero mucho más estimulante que lo segundo. El resultado es una interesante crónica de aquellos días, que confirma lo ya apuntado en la otra película que Vicari ha firmado este 2012 como principal virtud de su cine, y que recuerda por la temática y algunas de sus imágenes a la inolvidable Lamerica, de la que bien podría servir como reverso o complemento.

LA CITTÀ IDEALE, de Luigi Lo Cascio

La città ideale supone el debut en la dirección del actor Luigi Lo Cascio, también protagonista. Nos sumerge en la odisea de un ecologista cuya vida se rige por unos principios que se verán puestos en tela de juicio al verse envuelto en una maraña judicial para defender su inocencia tras socorrer a un hombre en la carretera. La idea principal es interesante y cuenta con tramos en los que parece va a despegar definitivamente, pero acaba navegando a la deriva tras una saturación de elementos y personajes extraños que no parecen aportar demasiado y a menudo chirrían. Destaca especialmente el de la estudiante, cuya función aparte de alegrar la vista no termina de entenderse. Con todo, da la sensación de haber visto una película claramente fallida, pero que cuenta con suficientes puntos de apoyo para salvarse del desastre total.

L’INDUSTRIALE, de Giuliano Montaldo

El veteranísimo Giuliano Montaldo (Sacco y Vanzetti) firma L’industriale, que retrata el doble dilema de un empresario enfrentado a la imposibilidad de conseguir financiación para su fábrica a la vez que al distanciamiento y progresivo recelo de su bella mujer. Lo que en el arranque parece que va a ser un drama sobre la situación económica actual, siguiendo la estela de otros títulos recientes más o menos acertados, no tarda en tornarse un inverosímil laberinto pasional que deja lo interesante en segundo plano y no se decide por ninguno de los múltiples frentes abiertos, quedando un pastiche que culmina en un tramo final especialmente de traca. Una oportunidad perdida de la que, si hay que rescatar algo, es sin duda lo bien que comienza retratando con tonos grisáceos el agitado Turín de nuestros días.

IL GEMELLO, de Vincenzo Marra

Si de la inauguración con la notable César debe morir destacamos el hecho de poder palpar en el ambiente de la prisión y la obra de Shakespeare todo lo que llevaban tras de sí los reos sin necesidad de ahondar en sus tragedias personales, el documental de Vincenzo Marra Il gemello supone exactamente todo lo contrario. En él la cámara sigue durante 90 interminables minutos el día a día de los presos de la cárcel napolitana de Secondigliano, centrándose en la imponente figura de Raffaele Costagliola –el gemelo del título–, condenado desde hace años por los crímenes que empezó a cometer en su cruda adolescencia. Se nos muestra a Costagliola y se cuestionan sus posibilidades de reinserción en un trabajo que apenas consigue despertar interés y cuya proyección provocó no pocas deserciones en la sala. También es justo decir que al abandonar el cine invade realmente la sensación de haber pasado un tiempo dentro de una cárcel, ni más ni menos, lo cual puede tomarse como un punto a favor del director de Viento de tierra.

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