Especial Críticas: The Master (I)

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CAH The master

Lo nuevo de Paul Thomas Anderson se merecía algo más que una simple reseña en nuestra web.

Más allá de su argumento inspirado sobre el fundador de la Iglesia de la Cienciología, L. Ron Hubbard, The Master cuenta la amistad y dependencia entre dos hombres: Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un ex soldado que ha participado en el Segunda Guerra Mundial que vive de manera errática, alcoholizado y traumatizado, aferrado al recuerdo de un amor de juventud, y el Doctor Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), cuyas nuevas terapias en el campo de la psicología, además de su carisma y completa convicción, lo convertirán en el líder al frente de La Causa, una nueva corriente espiritual. El Doctor Dodd vive en su propia mística convencido de que la salvación es posible; Freddie espera una redención que no llega. El primero cree poder curarlo todo. El segundo no cree en nada. Y sin embargo, Dodd necesita reafirmar su propia creencia y Freddie, creer.

No es un película fácil, ni complaciente, ni mucho menos cómoda para con el espectador. Hosca, fría, compleja en el estudio de unos personajes llevados al extremo, arriesgada en cuanto a su falta de empatía, expresiva y a vueltas hiperrealista. Paul Thomas Anderson ejerce de director con carácter cuyo abanico temático se va definiendo más y mejor con cada película: la búsqueda del hogar, el refugio familiar, la lucha del individuo por encontrar su lugar o las carencias del hombre a nivel social y emocional son las directrices sobre las que viene apuntando su filmografía en un in crescendo desde su espléndida Boogie Nights (1998). The Master es una película de rabiosa actualidad por mostrar la deriva de una sociedad que necesita por encima de todo creer ya que, como diría Rimbaud, la verdadera vida está ausente.

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Este nuevo trabajo confirma la narrativa y el estilo de un cineasta que empezó a buscar su camino cuando aún las referencias al cine de Martin Scorsese eran más que evidentes. Película tras película, ha demostrado ir despegándose del maestro para asimilar su lenguaje, su cinefilia y su visión artística, y cada vez más anárquica dentro del sistema industrial hollywoodiense, y aunarlo en uno propio cuyos primeros frutos pudieron verse en Punch-Drunk Love (2007), madurar en Pozos de ambición (There Will Be Blood, 2007) y ser recogidos con esta última que, posiblemente, se trate de la mejor película del año con el permiso de Holy Motors (Leos Carax, 2012) y Amour (Michael Haneke, 2012) cuyo estreno también se encuentra a la vuelta de la esquina.

El retrato es el concepto sobre el que el director desarrolla una película psicologista, fragmentada y a ratos onírica manteniendo un punto de vista aberrante en lo cinematográfico y acertado en lo social que lejos queda del lifestyle norteamericano. Su marcada intención de poner al espectador en el estado mental en el que Freddie Quell (Joaquin Phoenix) se encuentra, se lleva a cabo a golpe de primeros planos y el uso expresivo y narrativo de las lentes reproduciendo la distorsión de la realidad del protagonista para entrar en él y ver el mundo a través de sus ojos. A su vez, esta recreación de la época mediante el retrato, tanto artística como simbólica, le ha permitido al director poder filmar con película de gran formato (65mm combinado en ocasiones con el tradicional 35mm) del mismo modo que en aquella época también se utilizaba el mismo formato para retratar en foto fija. Asimismo, tanto Anderson como su director de fotografía, Mihai Malaimare Jr., han aprovechado su calidad para evocar la textura visual característica del cine rodado en aquellos años, en este caso en VistaVisión, cuidando hasta el último detalle el trabajo de fotografía, arte y vestuario sobre todo en lo que a la paleta de color se refiere.

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Si el primer plano gobierna la película, el plano general utilizado de forma convencional como descripción de lugar, de situación espacial, casi resulta imposible de encontrar utilizándose para mostrar simbólicamente el estado emocional de los personajes. Así, en la escena en la que Freddie Quell regresa a la comunidad, la casa cobra una dimensión monumental representando de la manera más absoluta la acogida, la familia y el hogar. El plano general también describe la opulencia del Doctor Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) en su despacho en Inglaterra del mismo modo que ya hizo con Daniel Plainview (interpretado por Daniel Day-Lewis) en el último tramo de la película Pozos de ambición (There Will Be Blood, 2007). El desierto, es otro de los pocos espacios que retrata abstrayéndolo de la naturaleza para proponer el universo árido en el que tanto Dodd como Quell cohabitan en un planeta ajeno al del resto de los mortales. En su conjunto, hay una voluntad por moverse en grandes decorados para acceder a una profundidad de campo que permita romper el fondo con cierto naturalismo y focalizar el centro de atención en los protagonistas dando una mayor coherencia narrativa y cohesión a la película en su empeño por no salir de las mentes de los personajes.

Paul Thomas Anderson ha declarado que una de las referencias absolutas que se tomó para la planificación de la película fue Let There Be Light (John Huston, 1946), un documental sobre la Segunda Guerra Mundial que retrata los estragos y las secuelas de los soldados de vuelta a sus casas. Su influencia puede observarse sobre todo en la primera parte del film describiendo la vida de Quell en el buque de guerra y posteriormente en el hospital. Aún así, hay en la película algo de Hopper por sus composiciones limpias y diáfanas, de Rockwell en la estampa americana de los cincuenta y de Nicholas Ray en la amargura y la rebeldía de Quell.

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Con este panorama es lógico que haya seducido a muchos y que ya esté cosechando una buena lista de nominaciones en los diferentes premios de cine que empezarán a otorgarse en breve. Y es que el tandem Phoenix-Hoffman ofrece un tour de force de dos actores inconmensurables que son dinamita en pantalla, un duelo interpretativo de quitar el hipo.

Pasen, vean y disfruten; The Master es la penúltima de las grandes películas de 2012. Indispensable.

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