Críticas: El alucinante mundo de Norman

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La animación «stop motion» está en auge, y tras esa pequeña joya titulada O Apóstolo, nos llega otra curiosa pieza con El alucinante mundo de Norman.

Dirigida por Chris Butler y Sam Fell, ambos provinientes del mundo de la animación, pero en especial el primero del de «stop motion» habiendo participado en películas como Los mundos de Coraline o La novia cadáver, ahora proponen uno de esos ejercicios nostálgicos en clave de humor, y es que El alucinante mundo de Norman no deja de ser otra de esas cintas que toman los tics del género con el que entroncan, en este caso el terror, para componer un mosaico repleto de personajes, situaciones e incluso divertidos homenajes que, pese al aspecto inofensivo e infantil de la cinta, agradarán a todos aquellos aficionados de género que durante años han recorrido el panorama en busca de cintas que incluso se podría decir que el debut de Fell y Butler auna a la perfección en el que supone el debut del segundo, pues el primero ya había dirigido películas como Ratónpolis o El valiente Desperaux.

De hecho, resulta curioso que se la esté vendiendo como una película para toda la familia (que en realidad no deja de serlo) cuando tiene todos los ingredientes necesarios para construir bajo su yugo una de esas cintas que poco más parecen necesitar ante un universo erguido con mimo en el que partimos de una particular premisa que a muchos llevará a la cinta de Peter Jackson Agárrame esos fantasmas, donde un niño puede comunicarse con todos aquellos muertos cuyo periplo en el mundo de los vivos no ha terminado todavía ya que tienen una deuda pendiente. Como no, nuestro protagonista, Norman, es un muchacho marginado por sus compañeros debido a sus desmanes en forma de visiones paranormales en las que nadie cree que se verá perseguido por Neil, un muchacho regordito al que le sucede exactamente lo mismo que a Norman: todos le han dado de lado por su condición y busca alguien con quien compartir instantes.

En ese sentido, la galería de personajes de El alucinante mundo de Norman no dice nada nuevo, pues nos encontramos ante todo estereotipo posible que van desde el matón de la escuela hasta una hermana pija y consentida que desprecia a Norman o unos padres a los que la paciencia se les agota cada día más, ello por no hablar de un estrambótico tío que será quien a la postre sirva como desencadenante de la acción (en cierto modo, ya que el suceso de la trama principal parecía inevitable de por sí). Sin embargo, la pareja de cineastas los explotan con cierta tenacidad y les saben sacar el suficiente jugo aludiendo a unos visos de comedia de terror que siempre funcionan, ya sea mediante gags sueltos que dejan una sonrisa, o de resolución de una trama que por momentos decide saltarse los elementos más característicos del género con descaro (esos pueblerinos machacando a los zombies).

Puede que El alucinante mundo de Norman no sea una de las cintas de la temporada. De hecho, quizá le hubiese venido mucho mejor un toque de sencillez a un guión que por momentos quiere dar demasiadas vueltas sobre si mismo para dejar clara su parte de moralina sobre la incomprensión y demás zarandajas, pero lo cierto es que resulta completamente disfrutable ya sea por la construcción de un universo que funciona realmente bien y que posee pasajes particularmente deliciosos, o por la llegada de un clímax que es con toda seguridad lo mejor de la película, haciendo aparición uno de los personajes clave del film, y es que el de la “bruja Aggie” es uno de esos que sorprenden tanto por su diseño como por un carácter arrollador que es lo que precisamente necesitaba el film en unos últimos compases que tanto Fell como Butler comprenden a la perfección como el colofón de una de esas pequeñas y agradables piezas de «stop motion» que no decepcionarán al aficionado a esta técnica y que además ofrecerán noventa minutos de entretenimiento bien llevado, que ya es más de lo que se le puede pedir a ciertas películas hoy en día.

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