Críticas: De óxido y hueso

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De óxido y de hueso, de la fuerza y la debilidad, del amor y de la dependencia, de lo roto y de la reconstrucción. Con este juego de contrastes, y con una pareja viviendo situaciones extremas, Jacques Audiard presenta su nuevo largometraje: una historia de amor despojada de romanticismo, vestida de aspereza y visceralidad con el naturalismo que caracterizaba Un profeta (2009) pero sin abandonar lo emocional que representan sus personajes cuando la desgracia les une dando un giro radical a sus vidas.

Con dos nominaciones a los Globos de Oro (mejor actriz y mejor película extranjera, De óxido y hueso cuenta la historia de Ali (Matthias Schoenaerts), un boxeador que sufrió una grave lesión en una mano durante un combate y no termina de recuperarse. Stephanie (Marion Cotillard) es una bióloga marina que vuelve a la vida tras un terrible accidente en el que ha perdido las piernas.

Una película con un argumento así solo podría llevarse a cabo con unos actores suficientemente sólidos como para no dejarse llevar por la sensiblería ni la emoción sobreactuada. En este caso, Marion Cotillard y Matthias Schoenaerts (premio al mejor actor en la última Seminci de Valladolid) están a la altura en sendos papeles en un trabajo de introspección visible a través de sus miradas, de sus gestos y de la corporeidad de sus movimientos, de una relación entre ambos construida a caballo entre la dependencia, la solidaridad y el cariño. La química que hay entre actores establece una conexión inmediata que va más allá del hecho representado en escena. De cara al espectador, hay algo en ellos que los liga independientemente de sus circunstancias, ciertas conversaciones anodinas funcionan por una construcción de personajes en la que llevan hasta el final las motivaciones y los impulsos, los protagonistas se alimentan mutuamente de cada reacción. Solo por eso, ya merece la pena pisar la sala.

La audacia de este film, radica en la pericia de Audiard por mantener a raya el melodrama y elevar un guión, que él mismo firma junto a Thomas Bidegain, que podría haber dado como resultado un telefilm rodado estilosamente sin que causara mayor interés. Sin embargo, su mirada sobre las relaciones humanas y la lucha del hombre para sobrevivir en un mundo brutal, sigue latente en esta película que, sin llegar a las excelencias de su anterior largometraje, demuestra el carácter fílmico del cineasta francés aun tratándose de una película menor.

En cualquier caso, esta película demuestra la buena racha en la que se encuentra el cine francés: Holy Motors (Leos Carax), En la casa (François Ozon) y esta que se estrena, De óxido y hueso. Cada una a su manera; cada una en su estilo. En ningún caso para perdérselas.

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