Gijón, día 6

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¡Qué chucha la 6ª jornada del FICX!

Ayer uno de esos vendavales del nordeste, tan frecuentes por estas latitudes, hacía añicos buena parte de los carteles que publicitan esta 50ª Edición del FiCX, otro incidente más en una cadena de hechos (proyectores que no funcionan, miembros del Jurado a los que hay que cambiar a última hora, directores invitados que pierden vuelos) que parecen estar gafando esta nueva etapa de nuestro evento cinematográfico anual, tanto que imaginamos que alguno estará viendo duendes, o al fantasma del rey Duncan (guiño, guiño) apareciéndose en sueños Macbethianos, sólo faltan los árboles del Parque Isabel La Católica cercando el Jovellanos para que esto se convierta en Trono de sangre, no descartemos nada.

Robert Carlyle es la estrella absoluta de California Solo, la primera película del día en la Sección Oficial del FICX, una antigua estrella del rock de origen escocés que, condicionado por un pasado traumático (¿recuerdan cuando les hablamos del sello distintivo y las características propias de los “Sundance films”?) ha decidido alejarse de la mugre y la furia en una granja en California, hasta que unos hechos que no desvelaremos obligan a que deba afrontar todo lo que ha intentado dejar atrás. Ya se imaginarán que en una película de estas circunstancias, donde un solo personaje carga con todo el peso dramático de la historia, es fundamental que se produzca una cierta empatía entre este personaje y el espectador, que al verle podamos entender los motivos que justifican los elecciones, que se produzca, en definitiva, una corriente de simpatía entre ambos, lamentablemente esto no sucede en California Solo y creemos que más por culpa de un guión que muestra sus hilos con demasiada impudicia que por un, como de costumbre, esforzado Robert Carlyle. No es éste el único fallo de un libreto que también añade una subtrama romántica que no sabemos que demonios pinta ahí ni que aporta a la película salvo el cumplir con el manual del buen guionista acerca de meter aportes románticos en este tipo de films, tampoco llega a emocionar la relación del protagonista con su hija, no queda claro en que punto este vínculo se transforma del calculador interés en amor filial en lo que se supone es el momento climático de esta película a la que podemos categorizar con un adjetivo que, por extensión, tambien sirve para la mayor parte de lo visto por esta Sección Oficial: Inocua.

Mucho más cañera que la anterior resultó ser la ecuatoriana Mejor no hablar (de ciertas cosas), un trabajo por cuyos intersticios se filtran aromas de denuncia social mientras nos habla de la alocada y caprichosa vida, a lomos de la droga y de poses de rock and roll y nihilismo existencial, de unos jóvenes de clase alta en el Ecuador de hoy en día. Apoyada por una voz en off que sustenta todo el relato y que nos va avanzando partes de la trama, la película gana enteros cuando se decanta por la acidez en su discurso y pierde algo de su fuerza cuando se refugia en ocasiones en el camino fácil del efectismo. El mayor acierto de Javier Andrade, su realizador, es ese sutil retrato de las desigualdades sociales, las relaciones clientelares y las corruptelas políticas en el país sudamericano que se muestra tan incapaz de superar sus propias contradicciones internas como sus protagonistas de encontrar un sentido a su existencia y en el que cualquier serendipia, fruto del capricho o la obsesión o de la misma nada, puede dar paso a la tragedia. Mención especial para el abundante uso de localismos cuyo significado desconocemos, pero que son usados con tal profusión que muy pronto se nos hacen familiares (chucha, mamaverga) consiguiendo además darle verosimilitud a ese relato tan irónico como la letra de la canción que se escucha varias veces a lo largo del metraje (¿Donde está Simón?) y que ya se ha convertido para nosotros en uno de los hits de la temporada.

Como ya va siendo una costumbre en este Festival  lo mejor del día llegaba con AnimaFICX, la sección dedicada a los largometrajes de animación y el mayor acierto del nuevo equipo directivo, en esta ocasión tocaba ver Le Tableau, una hermosa alegoría sobre los inacabados personajes de un cuadro que se escapan del lienzo en busca de su autor, algo así como una versión amable y arty del tema central de Blade Runner, existencialismo en acuarela. No se queda ahí la película de Jean-François Laguionie sino que aprovechando su contexto, plagado de referencias, nos habla de la tiranía sobre los débiles, el absurdo mecanicismo de las guerras, reflexiona sobre la existencia de la voluntad en los individuos e incluso se atreve a cerrar su discurso con lo que parece una puesta en escena de las dos primeras vías de Santo Tomás de Aquino para demostrar la existencia de Dios. Toda esta densidad de mensajes puede asustar al espectador que busque únicamente un rato de esparcimiento, pero lo cierto es que Le Tableau consigue que cohabiten profundidad y entretenimiento en una obra que puede ser disfrutada de muchas y diferentes maneras, incluído el público infantil, no despreciemos a los inacabados bocetos, a veces pueden sorprendernos.

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