Gijón, día 5

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Quinta jornada en el FICX, y vaya contrastes traemos. 

Parece que nos escuchan los responsables del Festival y si en nuestra última crónica pedíamos menos películas “agradables” y más riesgo en las proyecciones del FICX, en esta veréis con claridad que tocaba jornada de contrastes, de picos y valles, aunque curiosamente los picos en la pantalla fueron profundas hondonadas en nuestra valoración mientras que las vaguadas bosnias fueran en cambio montañosas cumbres de calidad en esta cordillera de la Sección Oficial. En fin, no voy a seguir con las metáforas alpinistas, no vaya a ser que terminen opinando que lo mejor es arrojarme por un acantilado para que me calle de una vez… Cielos, creo que lo he vuelto a hacer, ea, vamos al lío.

Alguien podría llevarse a engaño si decimos que Viaje a Surtsey, una de las tres propuestas españolas presentes en la Sección Oficial de este FICX, es indigna de estar donde está. En realidad no es un ataque directo a la película y consideramos que sus directores, Javier Asenjo y Miguel Ángel Pérez, tienen todo el derecho del mundo a contar, utilizando el medio que ellos elijan, sus aventuras de amigos en la crisis de los cuarenta con síndrome de Peter Pan. El problema no es ése, más bien lo es que alguien haya decidido que esta película, con el trabajo de planificación peor rematado y torpe que hemos visto en los últimos años, con unas interpretaciones que provocaron las temidas risas nerviosas durante su pase de prensa, con unos diálogos tan absolutamente banales y, en fin, sin una sola idea ya no brillante sino llamativa a lo largo de sus 98 minutos de metraje pueda ser bandera del cine patrio en la 50ª edición de un festival como el de Gijón. Nos da pena no haber podido encontrar nada positivo más allá de las obvias buenas intenciones de sus autores y alguna imagen del Pirineo aragonés en donde está rodada, realmente nos parece que en su empeño por escalar la cumbre que siempre supone el rodaje de una película aquí la cuerda de seguridad se ha roto y todo ha caído por un abismo tan oscuro como insondable, lo que viene siendo un despropósito, un viaje a ninguna parte.

Llegaba bien avalada tras sus reconocimientos en los festivales de Cannes y Sarajevo la nueva cinta de la directora bosnia Aida Begic Children of Sarajevo y nos ha parecido que, efectivamente, la película está sobrada de méritos para haber conseguido dichos galardones. El film trata de ofrecer un retrato hiperrealista de la situación de una ciudad que aún presenta en su geografía, la física y la humana, heridas no cerradas por el sitio a la que fue sometida, de hecho el más largo de la historia moderna, entre el 5 de abril de 1992 y el 29 de febrero de 1996, casi cuatro años de un infierno que provocó más de 12.000 muertes y una psicosis muy presente y explicitada por Begic en aquéllos que lo sufrieron, cicatrices como decíamos aún abiertas que se entremezclan con la realidad de hoy, y que la autora bosnia muestra superponiendo imágenes de archivo a lo largo de su metraje, petardos infantiles con ecos de disparos de francotirador. Esta especie de foto polaroid de la capital bosnia a día de hoy que es Children of Sarajevo nos es ofrecida siempre desde el punto de vista de su protagonista, estupenda y contenida Marija Pikic, que aporta un aspecto de falsa fragilidad muy a tono con el conjunto del film y mediante el uso de la cámara en mano y engarzando diversos planos secuencia con los que Begic demuestra unas aspiraciones que a nuestro juicio deberían tener algún tipo de reconocimiento en el Palmarés del Festival, además Begic siempre renuncia a explicitar lo evidente, la película dice más por lo que calla que por lo que cuenta. En definitiva, Children of Sarajevo es un trabajo tan gratificante como desolador y que nos recuerda que las guerras nunca acaban cuando se firma la paz, que las heridas permanecen y condicionan para siempre el futuro de quien las soporta, tanto exterior como interiormente.

Sin duda la sensación más fuerte del día se reservaba para la última sesión, ya nos quedamos con muchas ganas en este Festival de Sitges de poder ver God Bless America y es que ya su trailer e imágenes promocionales prometían una de esas comedias corrosivas y que nos ofrecen un relato preñado de ironía y de mala leche sobre algunos temas de esta sociedad que nos ha tocado vivir. Aunque la crítica de la película se centra en la sociedad estadounidense nos sentimos muy reconocidos por esa rabia que explota ante tanto hacer show de la nada, ante tanta gilipollez y tanto hastío y debemos reconocer que en algún momento de la proyección nos sentimos tentados de imitar al protagonista e ir a hacerle una visita al tipo ése del parche de Intereconomía, a todos los sets de grabación de programas de Telecinco, a esa gentuza que opina que los inmigrantes sin papeles deben quedarse fuera de nuestro sistema sanitario, en fin, muchos a los que comentarles de una manera llamémosle explícita nuestra opinión acerca de sus aportaciones. No sé si God Bless America es una buena película y realmente me importa un higo que lo sea, sí sé que va mucho más allá de lo que jamás soñó Un día de furia, sé que como alegoría funciona perfectamente y sé que disfruté intensamente poniéndome, por unos maravillosos minutos, en el lugar del protagonista, a ver quien supera eso.

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