Gijón, día 4

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Cuarto día en el FICX y al fin una gran película, resumen de la jornada.

Ya teníamos ganas de algo verdaderamente potente en el FICX, perdidos como estábamos entre tanta corrección político-cinéfila, instalados en la tibieza del ni mal ni bien (Barrachinas aparte), este Festival estaba siendo un coñazo de los buenos… hasta que ayer llegó una película de ésas que dividen radicalmente la opinión en dos bandos irreconciliables. Ésta es la línea creemos nosotros, la línea de traer films a Gijón que generen debate, lo que hicieron Play de Ruben Östlund o Meek’s Cutoff de Kelly Reichardt los dos últimos años, la controversia siempre es buena porque nos obliga a preguntarnos cosas, tengámoslo claro, ahora sólo falta encontrar algo como The Loneliest Planet (la peli a la que nos referimos) en la Sección Oficial, cruzamos los dedos. Lamentamos, cambiando de tercio, los problemas técnicos que han obligado a suspender dos proyecciones en los últimos días, algo que siempre da mala imagen pero que en este caso no creemos que se pueda poner en el debe de Carballo y su equipo, no seremos nosotros los que vayamos a hacer sangre por estas cosas, no señor. Bueno, vamos con lo del cine

Primer pase de la mañana y toca uno de los, en principio, platos fuertes del festival, el film, centrado en el conflicto norirlandés, no es otro que Shadow Dancer y lo dirige James Marsh, aquel tipo que ya nos sorprendiera en su momento con ese magnífico documental sobre el funambulista francés Philippe Petit llamado Man on Wire. Curiosamente en este nuevo trabajo Marsh sigue hablando de gente en el alambre, funambulistas de la vida, equilibristas de la supervivencia bajo la amenaza constante de ser devorados por peligrosos abismos: la fidelidad a unos ideales, los tormentos generados por los sentimientos de culpa, el afán de proteger a los nuestros, el amor… realmente la cuerda tendida por la que deben caminar los protagonistas de la peli es muy fina y es en esta descripción de ambientes opresivos, de vivir en el filo de la navaja donde el director nacido en Cornualles acierta de pleno pero (sí, casi siempre hay un pero) lamentablemente cuando removemos los hilos de la trama, cuando pasamos al territorio del suspense y la tensión descubrimos que Marsh no se mueve con la misma elegancia y la película cae en picado quizás a causa de un material de base que adivinamos un tanto endeble, falto del sustento que le otorgaba la maestría de John LeCarre a la reciente El topo, trabajo cercano en ciertos aspectos a esta Shadow Dancer. Quizás pequemos un poco de duros en nuestra valoración del film pero creemos que este tipo puede hacerlo mucho mejor y siempre hay que exigirle más a los talentosos, dicho queda.

Approved for Adoption es una muestra más de la abundante presencia del cine de animación en este FICX, contada en primera persona mediante una persistente voz en off por Jung, codirector de la película junto a Laurent Boileau, en ella se narra su infancia como niño abandonado tras la guerra de Corea, las vicisitudes en el orfanato donde engaña a la muerte y sobre todo su adopción por una familia belga que le acoge y donde se harán notar los esperables conflictos identitarios y culturales en la psique de nuestro protagonista a medida que su personalidad se va desarrollando. El problema de la película surge cuando lo mismo que la hace amable (últimamente odiamos esa palabra) también le resta profundidad, los traumas existenciales son planteados de una forma tan liviana y superficial que sólo permanece en el espectador el sustrato de lo nostálgico, no se percibe el dolor de sentirse extranjero en todas partes más que como otra anécdota, perdida casi entre juegos infantiles y primeros escarceos amorosos. Una pena porque pensamos que la cosa daba para más, que había mimbres para construir un cesto más atrayente y es que en Approved for Adoption, título internacional de Couleur de peau: Miel lo que sobra precisamente es su tono excesivamente meloso, cosas del destino, oigan.

Sedientos estábamos de una propuesta auténticamente radical en este FICX, algo que rompiera con las medianías y los productos agradables que se quedan en tierra de nadie sin atreverse a llevar hasta el final lo que proponen en su planteamiento. The Loneliest Planet, la película de Julia Loktev a la que nos referimos no es, ya lo estarán imaginando, para todos los públicos, realmente tampoco pretende serlo. No todo el mundo conectará con sus formas, escasamente explícitas (gracias Señor por los pequeños milagros) de retratar psicológicamente a sus personajes a través de la construcción de planos, de tensos silencios mantenidos, de expresiones corporales, de movimientos de cámara. Cine del tedio, sí, que no cine tedioso que diría algún amigo y colaborador de la web y que ya hemos explicado en que consiste en otras ocasiones. En realidad todos los planos aparentemente banales que conforman su metraje aportan información al espectador con espíritu inquisitivo, aquél que se preocupa acerca de por qué le están contando algo de la manera que se lo están contando. Aquí estamos presenciando como se establecen y mutan las relaciones de poder entre las personas en función del entorno en el que se encuentran, cómo un momento fugaz apenas columbrado puede derruir lo que considerábamos estable, en fin, sólo nos queda subrayar que desde que hace un par de años viéramos por estas tierras a Kelly Reichardt y su fantástica Meek’s Cutoff no asistíamos a un retrato tan lúcido, tan bien resuelto formalmente, de todas estas cuestiones que os contamos, sólo nos queda aplaudir a quien haya decidido su inclusión en este Festival, que no se diga que somos sectarios.

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