Festival 4+1, día 1

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Una ventana a los grandes festivales de cine.

Del 21 al 25 de noviembre se está celebrando en Madrid el Festival de Cine 4+1 que simultáneamente se organiza en cinco países: Argentina, Brasil, Colombia, México y España y en el que se proyectan películas que no van a tener distribución en ninguno de los países citados. Además, no solo está la ventana de las sedes oficiales donde se proyectan las películas en pantalla grande, sino que también se abre para estas producciones el espacio online de Filmin, que ofrece la posibilidad de visionar las películas incluidas en la sección oficial.

El primer día del festival daba inicio con la proyección especial de Amour de Michael Haneke en la Academia de Cine, todo un ejercicio de sencillez y depuración cinematográfica que demuestra hasta qué punto puede ser genio el mejor director europeo de nuestros días.

Tierna, humana y honesta, términos que no son incompatibles con las constantes hanekianas que llenan su filmografía y que ni siquiera la despegan del habitual territorio en el que el director austriaco se mueve: el terror, no entendido como género pero sí como la habilidad de Haneke por explorar el lado oculto de la naturaleza humana y dejar que aflore el peor de nuestros instintos. Aún se nos hace un nudo en la garganta al recordar cada plano, cada silencio, cada gesto… En las películas de Haneke su sintaxis siempre resulta precisa y nada banal, en el caso de Amour, es más certera y diáfana que nunca.

Formalmente, Amour recoge todas las claves desarrolladas a lo largo de su filmografía: destacando por encima de todas en esta última película el uso del fuera de campo y el dominio del tiempo cinematográfico en cada secuencia. Aunque por encima de todo está el trabajo que realiza con los actores. Es admirable y portentosa la interpretación de Emmanuelle Riva y de Jean-Louis Trintignant. Se confirma una vez más la capacidad del director de modelar a sus actores para llevarlos a lo esencial del naturalismo.

Otra manera de entender el realismo es la del director Rodrigo Plá y su película La demora, que lleva a la pantalla el retrato de una familia con escasos recursos y cuya hija no puede hacerse cargo de su anciano padre, abandonándolo en un barrio de periferia de ciudad. Sin embargo, la línea del relato intimista siempre termina por bordear a la del melodrama y poco o nada pueden salvarla de los esfuerzos del director por mantener la distancia cuando los personajes son un catálogo de penurias y necesidades económicas y afectivas en el que el sistema les da la espalda.

Por otros derredores muy distintos discurre Crazy Horse, la última obra del veterano documentalista Frederick Wiseman, en la que realiza un detallado retrato sobre el famoso cabaret parisino homónimo. Un film cuyo mayor interés está en los fragmentos en los que Wiseman fija su cámara ante los cuerpos de las bailarinas, y cuando decimos “fijar” nos referimos a cómo deja que el realizador que sean los propios personajes los que se lleven el ritmo de la acción y la música con sus movimientos dentro del plano, sin apenas interceder a través del montaje.

Los juegos lumínicos y colorimétricos con las figuras femeninas funcionan a la perfección, y se convierten en un gran homenaje cinematográfico de los tradicionales musicales de los años 40 y 50, en los que la elegancia y la sensualidad eran los conceptos buscados para mostrar la belleza femenina. La reflexión lanzada de esa belleza demodé en contraposición a la contemporánea es obvia y casi necesaria en el mundo audiovisual en el que nos encontramos, donde la figura de la mujer suele ser utilizada como reclamo de de índole sexual.

escrito por Mara Lupino y Dean Moriarty

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