Festival 4+1, día 2

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Segundo día del Festival 4+1 en el que se han proyectado las películas: Terri, Nana, Photographic Memory, La Folie Almayer y dentro del marco de la retrospectiva dedicada a Werner Herzog, Nosferatu, el vampiro.

Terri, dirigida por Azazel Jacobs, relata la historia de un chico obeso cuyo director lo incluye en el grupo de terapia de alumnos especiales de su instituto. El planteamiento de la historia y su casting recuerdan a las películas de Todd Solondz, aunque en este caso con un tratamiento mucho más edulcorado. Inexplicablemente, la película ganó el premio Fipresci de la crítica internacional en la pasada edición del Festival Internacional de Gijón estando compitiendo con otras de mayor calado como Take Shelter o Un amour de jeunesse.

Valérie Massadian presentó en la sala su película Nana, una historia absolutamente contemplativa, a caballo entre el documental y la ficción, de una niña abandonada por su madre y que será capaz de llevar la casa de forma autónoma sin la ayuda de su progenitora. La sensación de película improvisada sobrevuela toda la película, no obstante, la idea partió de un guión de quince páginas que finalmente se llevaron al libre albedrío y cuyo montaje ha sido determinante para acotar el material rodado.

A la misma hora se proyectaba Photographic Memory de Ross McElwee, una reflexión sobre la memoria y el paso del tiempo a través de la relación establecida entre el propio director y su hijo. Las diferencias generacionales son retratadas en las grabaciones caseras a través de la cámara que lleva al propio McElwee. Las imágenes recogidas suponen una vuelta a la nostalgia. El director viaja a Francia para recordar su estancia en ese país hace treinta años. Se trata de un documental agradable que en ocasiones fuerza la empatía del espectador cayendo en la manipulación mediante la ficción.

Una de las películas esperadas era la de la directora belga Chantal Akerman y su La Folie Almayer. La portentosa habilidad que la directora muestra en el arranque de la película haciendo gala de un pulso narrativo convencional y sostenido se pierde a lo largo del metraje. Eso, la dudosa interpretación de su protagonista y texto farragoso y en ocasiones demasiado explicativo, hacen que esas virtudes exhibidas previamente queden en agua de borrajas. Les advertimos que la película dura dos largas horas. Avisados están.

Para terminar uno de nuestros mimados en Cinema ad hoc: Werner Herzog y su Nosferatu, el vampiro; una puesta a punto del expresionismo alemán traído al cine moderno. Klaus Kinski e Isabelle Adjani forman la pareja protagonista cargada de romanticismo cuyas interpretaciones estilizadas llevadas al método Murnau, Weiner y Lang, están apoyadas por la magnífica fotografía de Jörg Schmidt-Reitwein. Si por algo será recordada esta película, aparte de por el pertubador Kinski, es por el juego lumínico de sombras proyectadas y la expresividad de la luz sobre el personaje.

Escrito por Mara Lupino y Dean Moriarty

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