Críticas: Un buen partido

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Gabriele Muccino vuelve a la comedia-dramática-romántica.

George Dryer en su día fue una estrella del fútbol, pero su carrera acabó debido a una lesión. Años después, no le queda nada, ni trabajo, ni dinero, por lo que intenta ganarse y recuperar su ex-mujer y a su hijo, pero será una tarea mucho más complicada de lo que pensaba. El director Gabriele Muccino sabe mucho de perdedores que buscan rehacer su vida (En busca de la felicidad) y del miedo al compromiso y la inmadurez patológica (El último beso), y en su último trabajo, Un buen partido, aúna los dos temas en una película tan absolutamente convencional como agradable de ver.

Aunque a simple vista parezca la típica comedia dramática familiar mil veces vista (que también), hay que decir que se nota que detrás de Un buen partido no está un cualquiera con el piloto automático puesto, sino un director que sabe hacer las cosas bien y conoce el terreno en el que se mueve. Muccino es un director solvente, aunque parece sentirse muy cómodo con la fórmula hollywoodiense, y aunque la película tiene momentos francamente interesantes (ese principio bastante desolador y patético frente a la cámara de vídeo), la mayor parte se dedica a repetir patrones ya establecidos y no se luce como sabemos que podría hacer, e impide que el proyecto acabe de tener personalidad.

Se trata, en fin, de una película más sobre las segundas oportunidades, y cómo superar los obstáculos emocionales. El personaje de Gerard Butler no es malo, ni es un dejado, de hecho se pasa todo el tiempo tratando de hacer bien las cosas, pero no sabe cómo. Es un inexperto en lo que se refiere a comportarse como un adulto, y por ello se mueve por impulsos y pasiones, no por pensamientos racionales. Es interesante ver su evolución a lo largo de la historia, con algunos giros de guión que parece que quieren ofrecer algo distinto, pero que al final acaban llevando a la misma conclusión ñoña y tópica de siempre: el amor y la familia son la clave de la auténtica felicidad, están por encima de todos los valores superficiales, y la mayor muestra de crecimiento personal es darse cuenta de ello. No seré yo quien critique esa teoría, que sí, que es muy bonita, pero también muy manida, y por ello nos la esperamos.

La película se sostiene sobre todo por el carisma de su protagonista, Gerard Butler, actor casi siempre infravalorado (en gran parte por lo poco acertado que suele estar en la elección de sus proyectos). Gracias a él, la película consigue no tener la necesidad de ser manipuladora, ya que con su interpretación te crees la historia sin que hagan falta otros añadidos. Junto a él, nos encontramos con un reparto muy digno, pero irregular en sus actuaciones. Mientras que Jessica Biel está muy bien, aunque corre el riesgo de encasillarse en papeles de madre sufridora y algo rancia, y Dennis Quaid, si bien un poco histriónico, hace la mejor interpretación que le he visto en años, Uma Thurman y Judy Greer están francamente ridículas, y de hecho los momentos de sus intervenciones son los más flojos y prescindibles de la película. En cuanto a Catherine Zeta-Jones, poco podemos decir de ella ya que básicamente hace de sí misma, con un personaje que es una mezcla de todos los que ha hecho a lo largo de su carrera, y no sirve más que como catalizador para que la historia del protagonista avance, sin ningún tipo de profundidad propia.

Un buen partido es por tanto otra película más, del montón, pero que dentro de su género tiene algunos aspectos que la hacen destacable, y se salva sobre todo porque se toma en serio de una manera bastante digna. Amable y simpática, si uno la ve sin pensar muchísimo ni con las expectativas demasiado altas, se puede disfrutar.

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