Críticas: El chef, la receta de la felicidad

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Os hablamos de esta comedia francesa con interés en lo culinario… hemos dicho culinario.

Los cocineros presentados en condición de artistas de personalidad altiva y arrogante, cuya profesión para ellos está por encima de todo, y que no admiten más ideas u opiniones que no sean las suyas es una tema que, como ya sabemos, no es nuevo en el cine. Así hemos podido verlo, por ejemplo, en American Cuisine, Deliciosa Martha o Soul Kitchen, entre otras. Dentro de esta dinámica llega ahora a nuestro país El chef, del director, guionista y más habitualmente actor Daniel Cohen, una película sencilla y prototípica de la comedia francesa clásica, que no busca sorprender ni hacer reflexionar, sino que “simplemente” (aunque esto cada vez es menos simple) le ofrece al espectador pasar un rato muy agradable. Y consigue su objetivo.

Jacky Bonnot, que lleva cocinando desde que era pequeño, no encuentra su lugar. No consigue conservar ningún trabajo, ya que intenta adaptar su pasión por la alta cocina a restaurantes de mala muerte. Por un golpe del azar, un día prueba uno de sus platos Alexandre Lagarde, importe cocinero que le ofrece un puesto de prueba para ser su ayudante. Lo que Jacky no sabe es que Lagarde está en una situación crítica: estancado, sin ideas y en riesgo de perder su restaurante y su reputación ante el inminente avance de la cocina moderna. Como vemos, no se trata de un argumento en absoluto original, y es, de hecho, totalmente previsible, uno puede intuir (o saber casi con seguridad) hacia donde va a ir encaminada la historia todo el tiempo. Los protagonistas tienen una personalidad fuerte y defienden su arte culinario por encima de todo, pero realmente, apenas hay conflictos en la película. Ninguno de los protagonistas se siente intimidado ni desplazado de su territorio por el talento del otro, y el chef además acoge las ideas del ayudante con más facilidad de la que cabría esperar de su personaje, y es más, se las reconoce y nunca intenta copiarle.

Sí que nos encontramos con las típicas discusiones o malentendidos de pareja y familiares, que no aportan nada más que un impulso necesario para que la historia avance y los personajes se desarrollen. Otro lugar común de este tipo de películas que aquí también está presente es el de presentar al crítico (en este caso culinario, pero se puede aplicar a cualquier otro tipo) como una figura temible que tiene el poder ensalzar o hundir una creación con su opinión. Que hace que el cocinero viva en un estado de tensión permanente y dedique la mayor parte de su tiempo a averiguar cómo satisfacerle. Solo que en este caso, como novedad, el crítico no siente una inclinación hacia lo tradicional ni se siente intimidado ante lo moderno, como suele pasar, sino que es un defensor de la más rabiosa actualidad, un snob que se adapta a las tendencias del momento.

Sin embargo, El chef trata también algún tema más interesante, como esa mirada crítica que ofrece sobre lo ridículo de algunos aspectos de la sociedad contemporánea, por ejemplo la llamada “cocina molecular”, con la defensa de que sólo combinando tradición y modernidad se consiguen los mejores resultados. Sin embargo, la película no se arriesga más de lo necesario y deja que este tipo de asuntos se queden tan sólo en la superficie y no se desarrollen lo suficiente, a favor de algunos gags (afortunadamente pocos) más propios de la comedia surrealista, flojos e innecesarios, que rompen con el tono general. Véase toda la aparición de un prescindible Santiago Segura, o el momento en ese restaurante moderno, que sólo se salva por el buen hacer de los protagonistas. Y es que, aunque, todos los personajes son estereotipos del género, los actores consiguen hacerlos creíbles y cercanos con sus interpretaciones. Decir que Jean Reno está muy bien no es ninguna sorpresa, el que sí sorprende es Michaël Youn, uno de esos actores que parecen nacidos para hacer comedia. Ambos consiguen empatizar con el público, gracias especialmente a no resultar excesivos en ningún momento. El resto del reparto está muy correcto, pero destacaría especialmente a Julian Boisselier haciendo de ese “malo” falso e irónico.

El chef no pasará a la historia de la comedia, pero tiene algunas virtudes que la convierten en una película muy digna, la mayor de ellas, su falta de pretensiones. La película nos da exactamente lo que esperamos de ella, ni más ni menos. Se trata de una comedia fina y elegante, que busca más la sonrisa que la carcajada fácil a través de la sencillez. Totalmente recomendable para esos momentos en lo que a uno sólo le apetece evadirse, distraerse y pasarlo bien.

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