Críticas: Drácula 3D

Escrito por

Twitter icon

En Cinema ad hoc le vamos a dedicar unas líneas a la nueva película de Dario Argento, Drácula 3D. Y para ello vamos a darle la vuelta al asunto para ser más originales que nadie: hablar de lo difícil que es hacerlo todo rematadamente mal y lo bien que le ha salido a Argento hacerlo mal. Señores, siempre he pensado que presentarse a un examen y sacar un cero redondo es igual de difícil que sacar un 10. Es decir, te lo tienes que currar. Y Argento se lo ha currado. Mi admiración por ello.

Tamaña empresa sólo ha sido posible gracias al trabajo de cuatro guionistas (no uno: CUATRO) y un director que se ha rodeado de sus fieles (en la dirección de fotografía Luciano Tovoli y la música Claudio Simonetti), habiendo reunido al elenco actoral soñado por Almodóvar en sus noches de polución creadora, ejem. Yo voy nombrando y ustedes les van haciendo una ola a medida que leen: Rutger Hauer, Unax Ugalde, Asia Argento y en el papel estrella, como Conde Drácula, el rubio de King Kong de Peter Jackson.

Si alguna vez Unax trató de darlo todo como actor, si alguna vez confiamos en que además de cuerpo e “hija de”, Asia Argento, tenía alguna posibilidad remota de trabajar en Hollywood, si Rutger Hauer guardaba aún la mística del Replicante, y ya que estamos, si alguna vez Belén Rueda decidió cambiarse el tinte, veremos como nuestros mejores deseos se verán frustrados uno tras otro en un efecto dominó que se sostiene durante los más de 90 minutos que dura la película. Eso es terror y lo demás son moñerías. El director Javier ‘y ser feliz’ Rebollo dijo una vez: “No hay malos actores, solo hay que saber llevarlos a tu terreno”, pues Dario Argento debe ser terrateniente.

Dicen que con la edad y el paso de los años en la profesión, los directores van depurando su estilo, que al final van a la almendra del asunto simplificando la puesta en escena, abandonando el lastre de lo que algunos denominan ‘el adorno’. Sin embargo, hay algunas excepciones David Lynch, por ejemplo, ha depurado a la inversa: si creíamos que Cabeza borradora (1977) era rara, en Inland Empire (2006) te quieres inmolar. En el caso de Dario Argento su depuración ha sido puesta de manifiesto mediante el desarrollo de la hipótesis que desde hacía años atrás venía investigando a base de ensayo y error mediante películas como La madre del mal (2007) o Giallo (2009) de la que dicen que hasta Adrien Brody pagó para que no llegara a estrenarse (habría que ver hasta qué punto eso fue así…) Finalmente, y con la ayuda de Enrique Cerezo, por fin la tesis: ¿Qué pasaría si depuro el giallo? Una movida cinemental de Argento ha dado a luz. Y esa luz se llama Drácula 3D. Decía Buñuel que una película se proyecta por primera vez en la mente de un director. Lo que vieron Argento y Cerezo en sus mentes tuvo que ser la leche.

El uso del 3D es absolutamente entrañable por lo ingenuo que resulta. Quiero pensar que Dario imaginó una historia a modo de cuento y así lo hizo. El particular uso que hace deriva de una visionaria puesta en escena y una composición de encuadre en el que el 3D se construyó con los personajes u objetos en primer termino con frontalidad y, al fondo, todo lo demás. Como los cuentos pop up, ¿saben de esos que cuando los abres se levanta una casa de cartón recortada sin tridimensionalidad? Pues eso.

Argento ha sido el primero en experimentar el 3D “de adentros”, o sea, el uso más común es así como “tó pa’ fuera y que te vuelen cosas por la cara” pero el de Argento es “de adentros”. Me explico: aparece Unax Ugalde como Harker con un peinado imposible. Llega al pueblo y antes que meterse en el castillo del Conde a trabajar como bibliotecario…

INCISO NECESARIO: Sí, bibliotecario, si ya os digo yo que el rollo va por el tema del cuento, pero está tan y tan metido en el fondo de todo que solo podría llegarse a ello iluminados por el faro de Enrique Cerezo si hubiera dado una rueda de prensa presentando la película o hubiese hablado un poquitín más de ella en Sitges cuando recogió el premio Maria Honorífica el pasado mes de octubre de la mano del mismísimo Dario Argento. Esto último podría llevar el mismo título que la novela de David Foster Wallace, La broma infinita.

Retomo: Decía que aparecía Unax Ugalde como Harker con un peinado imposible. Llega al pueblo y antes que meterse en el castillo del Conde a trabajar como bibliotecario decide entrar en una taberna donde, haciendo un acto de fe por nuestra parte para creer que es Transilvania y no el Piamonte, se elabora un plano frontal compuesto por el muro de piedra con su puerta en medio que inunda el aspecto 2:35 y Unax Harker llamando a ella. Se vislumbra, entonces, un 3D sutil y elegante. Tan sutil y tan elegante que lo único que verán volar hacia su cara son las espontáneas moscas y mariposillas que pasaron por delante de cámara durante el rodaje. Ahora, cuando la puerta se abre vemos así de refilón todo un fondo que es lo más. Pero en su habilidad por mantener el hastío te enseña poco, consiguiendo así generar una sensación de carga dramática, no en los personajes, si no en el sufrido espectador que lleva media hora (y lo que le queda) con las gafas clavándose en el tabique de la nariz.

Ahora hablamos de la historia. Para escribir dos está bien, más es la catástrofe. Como bien dice el refrán: Muchas manos hacen un mal cocido. Escribir a ocho manos… Pues qué puedo decirles… Que si yo quiero esto, que si ese no es mi rollo, que a mí me mola así, que yo lo quiero asá, que el dire quiere esto, que el produ quiere aquello… En fin, un festival. Lo bueno de todo esto es que Drácula 3D es un catálogo magnífico para saber cómo se construye un mal guión y una peor adaptación. Atención, Syd Fields, Segers y McKees, chupad rueda porque si estos cuatro deciden escribir el manual definitivo se os acabaron las ventas. Y a todo esto: ¿A quién se le ocurrió la gloriosa idea de convertir vía after effects nivel usuario a Drácula en una Mantis Religiosa del tamaño de Godzilla? En serio, sobrecogedor.

A pesar de la tralla de la presente, confieso que me lo pasé bien, me reí. Nos reímos en el cine. Se generó esa comunión entre espectadores de saber a lo que nos enfrentábamos y que estábamos dispuestos a pasarlo lo mejor posible. Que es mala a rabiar, sí, cierto. Pero que es perfecta para reunirte con los colegas, con pizzas y cervezas y reírte lo que quieras y más, también.

Para los amantes de Argento: esto es como cuando Morrissey saca el último disco, sabes que es malo pero te lo compras. Vas hasta el fin con ello. Pues lo mismo con Argento: lo defiendes, porque sí, porque ES una gloria, porque muchos le deben. Y ya.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *