Sitges, día 7

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Brandon Cronenberg, Pascal Laugier y Quentin Dupieux en la 7ª jornada de Sitges.

Existen películas que consiguen que uno se enfade por su torpeza a la hora de ser rodadas, por su incapacidad para transmitir sentimientos, por servirse de trampas para atrapar al espectador incauto, por provocar avalanchas de emociones utilizando el sentimentalismo facilón o por fijarse unas metas que luego le resulta imposible alcanzar, rajándose a mitad de camino. Hoy en Sitges nos ha cabreado mucho una película y, curiosamente, no ha sido por ninguno de estos motivos sino por un mensaje fascista o provocador, aún no nos hemos decidido. Ya mismo os lo contamos.

Nueva carne (y sangre)

Después del tema de ayer con la Jennifer Lynch había cierto miedo a que Brandon Cronenberg repitiera trospidez filial con Antiviral, su debut en la dirección de largometrajes, pero afortunadamente no hay términos focoforeros por aquí. La ópera prima del joven director canadiense se entronca directamente (en forma de homenaje, de inquietudes compartidas o como quieran llamarlo) con buena parte de la filmografía paterna, una fría crónica de un futuro cercano donde la idolatría por los famosetes casposos ha alcanzado categoría de culto. Carne y metal, sangre contaminada y deformidades de pago, la enfermedad como comunión deseada con la fama. Aunque Antiviral no tenga el peso artístico de Videodrome o Existen-Z, sí resulta una interesante vuelta de tuerca a las obsesiones de nuestro tiempo, una visión extrema (o no) de la necesidad de llenar el vacío existencial del ciudadano medio deglutiendo (literalmente) a sus nuevos mesías. Tomad y comed todos de Belén Esteban y vuestro será el Reino de los cielos, Cordero de Paquirrín que quitas el pecado del mundo, danos la paz. Dicho todo esto ya os imaginaréis que seguiremos la carrera de Cronie Jr. con gran interés.

Sieg Pascal!!!

Creo que ya he pillado a Pascal Laugier y es que sólo hay tres opciones posibles: 1) El tipo es uno de esos que identifica su obra con su propia persona. Al igual que su película The Tall Man habla de mártires y sacrificios en función de un presunto bien mayor, parece que él mismo se hubiera construido su propia pira funeraria con esta cinta y estuviera dispuesto a arrojarse a ella ante la plausible y lógica indignación de la plebe, el típico rasgo de repelente mesianismo de todos aquellos demasiado pagados de sí mismos. Lo que viene siendo un ególatra convencido, vaya. 2) También puede que sea un nazi verdadero, después de todo su cinta podría haberla firmado sin muchos problemas el mismísimo Goebbels redivivo, que seguro que si hubiera ocasión de preguntarle nos daría excelentes argumentos para justificar el Holocausto. 3) Es un mero provocador de tres al cuarto, lanza historias al aire a sabiendas de lo que va a originar porque piensa que así conseguirá que se hable más de su película, una especie de Lars Von Trier con menos talento y menos cojones también, un “tipet” en definitiva que diría una buena amiga. Y lo cierto es que todo esto molesta más cuando The Tall Man tiene una factura más que notable, unos giros de guión bien insertados, de los que no se ven venir y una tensión mantenida durante buena parte de su metraje. Lástima lo de Laugier el Mesías, lo de Laugier el nazi, lo de Laugier el triste provocador.

El cine del absurdo

El año pasado nos sorprendió una película que narraba las metacinéfilas aventuras de un neumático telequinético (sic) con ciertos afanes de venganza contra la humanidad por ofensas no mencionadas explícitamente pero seguramente imperdonables. La peli se llamaba Rubber y su director Quentin Dupieux que repite ahora en Sitges con Wrong, una nueva y desquiciada muestra del lisérgico humor del autor parisino, una traslación al cine del teatro del absurdo de Ionesco y Samuel Beckett.

Un tipo bastante ridículo en busca de su perro secuestrado, un jardinero con serios problemas de muerte súbita, una oficina donde siempre llueve, una enamoradiza empleada de pizzería y un detective privado analizador de zurullos conforman el enloquecido elenco de Wrong y la cosa funciona bastante bien a la hora de proporcionar risas al personal aunque no tanto cuando intentamos que su estructura a base de sketches conforme un edificio cinéfilo compacto o que junto a momentos auténticamente hilarantes convivan sin estridencias otros no tan logrados. Lo que tenemos claro es que Dupieux ha conseguido establecer su parcela autoral, definir unas señas de identidad propias y que estemos pendientes de cuándo podremos ver su próximo ejemplar de cine del absurdo.

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