Venecia, día 10

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Noomi Rapace, protagonista de Passion.

Brian de Palma, ese extraño tipo con un cine donde se asoman los homenajes hitchcockianos, las pantallas partidas, los planos-secuencia… De Palma es, como su reconocido maestro, un salidorro importante y un voyeur de categoría que no suele dejar a nadie indiferente. Ayer en Venecia de nuevo volvió a dividir al personal, pero no nos adelantemos a los resultados, porque también os tenemos que contar que junto a De Palma y su Passion competía ayer Un giorno speciale de la transalpina Francesca Comencini, siendo las dos películas que cerraban esta Sección Oficial de Venecia 2012. Vamos, ahora sí, a saber cuál fue la acogida de ambas:

 

– Lo malo es que la tensión debe exudar de dos polos a un tiempo para poder ser calificada como tal y en el filme de De Palma solo McAdams parece estar dispuesta a poner toda la carne en el asador. El estilo visual del realizador ha pasado de audaz a trasnochado e incluso sus trucos de cámara marca de la casa carecen de efectividad alguna. Y a eso sumamos su abuso del tono alucinatorio, lo ridículo del giro final y el pobre trabajo musical de su colaborador habitual Pino Donaggio, aquí transmutado en una especie de Bernard Hermann grandilocuente que subraya la trama como si estuviéramos viendo Vértigo, el resultado final es una película pobre, risible en ocasiones, inconexa y sin alma. Un filme inexplicable para un hombre que ha demostrado sobradamente gozar de un talento singular para la construcción de tramas y un ojo maravilloso para la dirección de actores.

Toni García – El País

El director continúa mezclando viejas obsesiones (la de ‘voyeur’) con nuevas manías (la realidad contemplada desde todas las pantallas posibles, tal y como hiciera en Redacted) para así completar un extraño artefacto tan convulso como errático. Quizá disparatado. De alguna forma,toda la película se antoja como un resumen demente de la filmografía onírica, mentirosa (en el buen sentido) y muy cinéfila (en sabe dios qué sentido) de De Palma. De paso, en su confusión, queremos creer que consciente, todo acaba por ser tan ridículo y procaz que no puede por menos que enamorar. Hasta la exasperación. La sensación de pérdida, de locura no controlada se apodera del espectador por culpa de una puesta en escena acartonada y con un ponzoñoso aroma a ‘euro-pudding’. Y ello, pese a la iluminada y voluptuosa fotografía de José Luis Alcaine. Ni rastro de la exuberancia visual de otros tiempos. La sensación de estar asistiendo a una comedia a su pesar produce un efecto realmente devastador en una intriga finalmente tan arbitraria como desesperada. Sin tensión y, ya se ha dicho, ridícula.

– El cupo de cine italiano en Venecia lo completó Francesca Comencini con una película sobre la desahogada clase política italiana. Un giorno speciale. Lo peor no es el didactismo torpe, ni la ambición desmesurada para la ausencia de argumentos, ni el planteamiento manido, ni la obviedad lacerante, lo peor, como siempre, es lo peor. Y ello es la trampa de ocultar una película sin ideas detrás de casi un servicio a la sociedad.

Luis Martínez – El Mundo

Passion es la otra cara del espejo de Femme Fatale, una de sus mejores y más incomprendidas obras maestras. Juega en la misma liga, explota los mismos temas: la fascinación por la duplicidad y las trampas de la mirada; la libertad de narrar entre las leyes del sueño y la vigilia; el deseo como motor del poder; la obsesión por las máscaras y los disfraces… Y, sin embargo, y a pesar del innegable placer que provocan sus desvaríos, Passion es una película fallida. El segundo tramo de Passion es tan agresivo como el de Mulholland Drive en su intento de disolver desde lo onírico la mirada del espectador. Passion sorprende por su plano acabado visual, más propio de un «europudding» mal digerido que de los disparates acrobáticos que De Palma se marcó en títulos tan memorables como Vestida para matar o Doble cuerpo. Los juegos de iluminación y angulación de cámara, que firma el español José Luis Alcaine, resultan propios de un principiante, y la fría funcionalidad de la puesta en escena congela el punto fuerte del cine de De Palma, esto es, la confianza en el poder manipulador de la imagen y la maleabilidad de la mirada del espectador. Passion divierte por su falta de sentido del ridículo, por su apego a lo absurdo, por su simpatía por el morbo ingenuo, pero nunca por su virtuosismo. Y eso es uno de los peores insultos que se le puede hacer a una película de Brian De Palma.

– Es probable que los italianos carezcan de la distancia necesaria para entender hasta qué punto Un día especial es ridícula. Francesca Comencini quiere hablar del negro futuro de los jóvenes en un país en crisis, ahogado en la herencia de Berlusconi, pero lo que cuenta, la historia de amor entre una aspirante a velina y el chófer novato que la conduce hasta el político que la corromperá, no es más que un Antes de amanecer para multisalas.

Sergi Sánchez – La Razón

Bonus Track: El tráiler de Passion.

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