Hora de aventuras

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¿Qué hora es? Es la hora de hacer la crítica a la serie del momento, con permiso de Sorkin.

Hace poco estaba tomando una copa con un grupo de gente al que fui introducido por un amigo común. Conversábamos de todo en general, pasando de la guerra del Peloponeso (¡Atenas resurgirá!) a la supuesta incidencia del cine porno en la victoria del VHS sobre el video Beta (estos últimos se negaron a poner en su catálogo cualquier cinta de contenido para adultos, lo que se supone que fue una de las causas del hundimiento sobre la guerra que mantenía con el VHS, con peor calidad pero con tetas) cuando salió a relucir el tema del cine de animación. Yo proclamé mi amor a los cuatro vientos por el cine y las series de “dibujitos animados”, cuando la chica más guapa del grupo exclamó con extrañeza: <<¿Pero eso no es para niños?>>

Hora de aventuras es una serie de animación donde se suelen echar dos capítulos seguidos de unos 10 minutos cada uno. Es una de las muchas series actuales de “dibujitos” que va más al mercado juvenil o adulto que al infantil, caso de su primo hermano El mundo de Gumboll. Y es una puta maravilla, la verdad. Y todo gracias a Pendleton Ward, su creador, un joven de 30 años proveniente del mundo del cómic underground influido tanto por los videojuegos, el universo de Miyazaki o su infancia.

Con un humor loco, salvaje e incluso autoreferencial y postmoderno, Hora de aventuras se ha convertido en un pequeño fenómeno, una serie de culto para los que nos acercamos peligrosamente a los treinta y crecimos con una gameboy en el bolsillo, pasando tardes enteras jugando con nuestros amigos y soñando mientras crecíamos y descubríamos a esa raza llamada “las chicas”.

Finn es un niño de 12 años que junto con su mejor amigo Jake, un perro de 28 años que habla y tiene super poderes, salen todos los días en busca de aventuras, entre las que destacan entrar en mazmorras salidas del Dungeons & Dragons o rescatar princesas secuestradas por Rey Hielo cuales Mario y Luigi. Ya vais viendo por donde van los tiros. Viven en el mágico, fascinante y maravilloso mundo de Ooo, que poco a poco se va explicando que es nuestra tierra 1.000 años después de algún momento entre finales de los 80 y los 90 del siglo pasado y que básicamente todo se ha ido al carajo por una guerra nuclear que hizo desaparecer a la raza humana (salvo Finn y otro personaje), pero que consiguió que el resto de animales o incluso objetos cobraran/mantuvieran la vida y ahora viven en reinos gobernados por sus respectivas princesas.

Y es que, bajo su capa de humor irreverente, consistente en contar las mismas historias con moralina barata para los peques pero dándole la vuelta a la tortilla (después de todo, Finn y Jake nunca aprenden nada, que no así el espectador infantil) con toneladas de situaciones disparatadas, absurdas y surrealistas, y teniendo en cuenta que el mundo de Ooo es lo suficientemente fascinante y enorme como para tenernos enganchados descubriendo sus secretos, Hora de aventuras gana enteros cuando no rehuye intentar ser una serie juvenil llena de romance con fuertes lazos afectivos entre los personajes, lo que la aleja aún más de los niños, o cuando nos sirve un puñado de capítulos más enfocados al drama. Todo esto, cargado con pequeños detalles para entender el mundo de Ooo, donde cada personaje que aparece tiene su historia y no es tan sólo un monigote cuya función es entretenernos un capítulo más y donde en cada episodio los principales arcos argumentales de la serie van evolucionando. Los capítulos terminan hablando entre sí, y algo que hizo Finn al inicio de la primera temporada puede tener sus consecuencias hacía el final de la cuarta. Es un mundo vivo y en constante movimiento, plenamente pensado y con la sensación de que todo está orquestado a la perfección, cosa bastante inusual en la animación televisiva.

Todo esto se capitaliza en unos personajes alocados y que se dejan querer fácilmente. Esta es una de las claves de la serie. Finn, Jake, La princesa Chicle, Marceline, BMO, La princesa del espacio brumoso, Lady Arcoiris, la princesa Flama o sobre todo el Rey Hielo, el antagonista de la serie por mucho que su único crimen sea secuestrar princesas para casarse con ellas y ser feliz, son personajes que respiran autenticidad y que terminan por parecernos mucho más cercanos que la inmensa masa de gente con la que chocamos diariamente camino del curro.

La serie es una de las más sinceras y cálidas odas a la amistad vista por un servidor en mucho tiempo, hecha con mucha nostalgia por ese periodo cuando se dejaba atrás la infancia para entrar en un mundo desconocido, excitante y falto de inocencia.

Es hora de que le déis una oportunidad.

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