Especial Step Up

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Una semana después del estreno de Step Up Revolution es momento de dedicar un especial a la saga de baile, besos y pasión callejera (y pellejera).

Step Up. Bailando (2006) – Anne Fletcher

Las escuelas de arte, el yo-yo y Fama hicieron mucho daño a las adolescencias de los 80, pero sobre todo el breakdance y el baile callejero entre peonzas y carreras ciclistas con chapas. Seamos sinceros: cuando algo se pone de moda… genera exclusión social. Aquellos que no queríamos hacer ejercicio nos escudábamos en lo mal que acabaron sus protagonistas aunque el predominio social, en plan invasión de los ultracuerpos, convirtieron la lambada y las coreografías populares (y petulantes) del ‘Saturday night’ de Whigfield en contornos de movimientos para masas y ausencia de las mismas si eran encefálicas. Menos mal que Madonna y su coreografía de ‘Vogue’ nos permitió emular a un pulpo loco y el bailecito que se marcaban Emma Thompson y Jonathan Pryce en Carrington nos abrió la puerta al trolleo en bodas, bautizos, comuniones y pistas de baile de toda índole.

Step Up. Bailando, recibida con pésimas críticas y el abrazo candoroso de sus fans, nos relevó que el fenómeno Channing Tatum surgió del ‘meneíto’. La película se forma sobre una coreografía y premisa sencilla y simple: usted rompe, usted paga. 200 horas de servicios comunitarios son impuestas para el personaje que interpretó Tatum con sus pantalones afanados en una tienda de ropa para obesos mórbidos, junto a conflictos metrosexuales y lucha de clases. Joven, pobre, en casas de acogida, con historial criminal, que se aísla con la música con un mono que no le conjunta y esconde sus sufridos músculos y abdominales. ¡Cuánta tragedia y verdad social! Se ponen los aprietos y objetivos sobre la mesa: ¿elecciones artísticas o universitarias? ¿Mallas o pantalones-cagones?

Mientras que en 2006 España contraatacaba con La máquina de bailar con Santiago Segura (sin comentarios), Step Up. Bailando demostraba que las películas de baile parecen cortadas por el mismo patrón: frigidez frente a fragor. Hielo y fuego… en un juego de troneras y troneros. El chico que lo deja todo a medias y la chica-doña-perfecta que no cuenta con el apoyo de su madre protagonizan una pasional e ‘hirviente’ historia de amor y baile. Se trata de combinar patrones clásicos con modernos, pero el problema es que cinematográficamente no aplica el dicho que predica. Step Up. Bailando nos habla de conocer las cosas, que bailar no es tolerado por madres burguesas ni delincuentes adictos al basket, que hay que demostrar que quieres algo, que lo quieres de verdad, de ser mejor… También sobre ‘losers’ y triunfadores y la estrecha línea que los separa: puedes acabar como Channing Tatum o como Taylor Kitsch… Depende si el meneíto lo haces en Marte o con los pies sobre la Tierra. De verdad, te lo juro por Skinny…

Street Dance (Step Up 2 the Streets) (2008) – Jon Chu

La segunda parte de la saga ‘Step Up’ nos trae la calle y la colchoneta-disco a nuestros maltrechos músculos y espaldas. Street Dance (Step Up 2 the Streets) trata de madres muertas y de gente que se quedó muerta ya con la primera parte (ya sea por imitar sus coreografías y romperse el cuello o del susto en sí). También de ser uno mismo… y nos devuelve y vomita durante los primeros compases a Channing Tatum para unir universos zapatilleros. La película se ve a sí misma como un culebrón y un reality show y el popurrí referencial es obvio y previsible. Tan previsible que es la típica-película-que-uno-ha-visto-desde-que-era-pequeño-hasta-en-el-asilo… pero aquí se añaden muchos momentos «nlo sablemos bailal».

Llega el inconformismo y las bandas callejeras de baile, pero el filme será recordado por los fans de la saga como la presentación de Robert Alexander III AKA Moose. Aunque se ríe de High School Musical el guión, con tana cursilería, parece sacado de un episodio de la serie de Disney y encima la película fue distribuida por la propia compañía en EEUU y Canadá… ¿Ironía o hipocresía? Tal vez… madurez dentro de la inmadurez: en esta película se acaba con las bragas y los mocasines mojados.

Step Up 3-D (2010) – Jon Chu

Los protagonistas y secundarios de la película se dirigen a cámara: el baile les salvó… ¿El baile nos salvó también a nosotros? ¿La ropa interior mojada también cuenta? ¿Podremos sobrevivir si imitamos una coreografía de suelo y nuestro cuello se queda clavado mientras el resto del cuerpo sigue girando? Step Up 3-D sorprende al reivindicar la filosofía-dance: todos estamos enchufados a la misma canción. Entre un anuncio de la MTV y un videojuego de baile, el camino del samurái-bailón es complicado… sobre todo si baila tecno–reggaetón.

Se resume en gente con fobia a las camisetas y momentos flashdance con ‘loros’ entre instantes trepidantes de personajes atrapados en una película de la franquicia Matrix. Dicen que si el baile es nuestra arma, las zapatillas son una armadura… pero no se entiende mucho que también afirmen que están en la quiebra y tengan un perfecto muestrario de la tienda Nike más pija de Nueva York y equipos profesionales que harían palidecer al mejor club londinense. Lo bonito de la saga Step Up es que la diferencia entre clases sociales queda empalada por una patada voladora directa a nuestra nuca. Nos presentan el maravilloso mundo de las ‘neociernagas’ mientras pelean por el ‘world jam’, pero tienen que jugar la Copa Davis del baile mientras luchan con venganzas del pasado y adicción a apostar por saber quién baila mejor. ¡Cuánta emoción!

Las presentaciones de los combates de baile son en plan videojuego y el enfrentamiento entre ‘Piratas’ y ‘Samuráis’ conlleva una gran responsabilidad (neuronal). Step Up 3-D se interesa más por explotar burbujas para el 3D que por la filmación de una película documental en paralelo. El filme está dotado de dimensiones trágicas: la traición también está presente y en la vida real uno amaña las cosas para ganar… Aquí ni amañando la nota se salvaron de ser considerada la peor parte de la franquicia. Pero, eso sí, el discurso de Robert Alexander III AKA Moose puede incitar a una revolución:

Bailo porque el baile puede cambiar las cosas. Un paso puede liberar a una generación, como con Elvis. Un paso puede hacerte creer que eres algo más. ¿Te suena este? [Imita a Michael Jackson] Y algunos pasos pueden darle a un chico flaco y con rizos, que sólo quiere bailar, una esperanza de ser alguien especial.

Si no ha mojado su ropa interior con la anterior frase y/o alguna de las películas anteriores es que no tiene ni corazón ni gusto musical: ¡váyase a su aldea a bailar ‘Paquito el chocolatero’! Si es que recuerda la coreografía, claro…

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